Senti que temblaba de nuevo. No estaba asustado, pero si lo estaba mi cuerpo. Me mantenia tranquilo, pero las piernas no me sostenian. Mi mente ya no estaba sobrecogida por el miedo, pero mi cuerpo acusaba el impacto y no conseguia superarlo.

Mi automovil estaba alli, un pequeno Bentley descapotable que no me habia molestado en cambiar en varios anos.

Abri la portezuela y entre. Cerre los ojos. Cuando los abri, el estaba a mi lado, tal como esperaba. Puse en marcha el motor y sali del garaje en marcha atras.

Nunca antes habia cruzado la ciudad tan deprisa. Era como si la corriente del trafico fueran las aguas de un rio que me llevaran con rapidez hacia el valle.

Pocos minutos despues ascendiamos por las calles de Beverly Hills y entrabamos en la mia, flanqueada a ambos lados por jacarandaes en flor. En aquel momento habian perdido ya casi todas las hojas verdes y las ramas aparecian cargadas de capullos azules, y los petalos alfombraban las aceras y el asfalto de la calle.

No lo mire. No pense en nada relacionado con el. Pensaba en mi propia vida, y luchaba con mi desesperacion en aumento como se lucha con un mareo, y me preguntaba: «?Y si es verdad, y si es lo que dice ser? ?Y si de alguna manera yo, el hombre que ha hecho todas esas cosas, puedo realmente ser redimido?»

Habiamos entrado en el garaje de mi bloque de pisos antes de que dijera nada, y tal como esperaba, salio del coche tan pronto como lo hice yo y me acompano al interior del ascensor y hasta la quinta planta.

Nunca cierro los balcones de mi apartamento, y ahora sali a la terraza, me apoye en el pretil de cemento y mire abajo hacia los jacarandaes.

Respiraba apresuradamente y mi cuerpo soportaba el peso de todo aquello, pero en mi mente habia una claridad notable.

Cuando me di la vuelta para mirarlo, lo vi tan vivo y solido como los jacarandaes y sus petalos azules caidos. Estaba de pie en el umbral y se limitaba a mirarme, y de nuevo en su cara habia una promesa, la promesa de comprension y de amor.

Senti la necesidad de gritar, de ceder a la debilidad, de dejarme seducir.

– ?Por que? ?Por que has venido a buscarme? -pregunte-. Se que te lo he preguntado antes, pero tienes que decirmelo, has de contarmelo todo, ?por que yo y no algun otro? No se si eres real. Me inclino ahora a pensar que si lo eres, pero ?como puede ser redimido alguien como yo?

Salio y se coloco junto al pretil, a mi lado. Miro abajo a los arboles cuajados de capullos azules. Susurro.

– Tan perfectos, tan hermosos.

– Son la razon por la que vivo aqui -respondi-, porque todos los anos vuelven a florecer… -Mi voz se quebro. Volvi la espalda a los arboles porque me habria echado a llorar si seguia mirandolos. Mire hacia el cuarto de estar y vi las tres paredes tapizadas de libros del suelo al techo. Se alcanzaba a ver una pequena porcion del vestibulo, tambien con estanterias de libros hasta el techo.

– La redencion es algo que uno ha de pedir -dijo a mi oido-. Ya lo sabes.

– ?No puedo pedirla! -dije-. No puedo.

– ?Por que? ?Sencillamente porque no crees?

– Es un excelente motivo -dije.

– Dame una oportunidad para hacer que creas.

– En ese caso tendras que empezar por explicarme por que yo.

– He venido a ti porque he sido enviado -dijo sin alterar el tono de voz-, y por ser tu quien eres y por lo que has hecho y lo que puedes hacer. No he venido a buscarte por una eleccion al azar. He venido por ti, y solo por ti. Todas las decisiones que se toman en el cielo son asi. Asi de grande es el cielo, y ya sabes lo grande que es la tierra, has de pensar en ello por un momento, un lugar que existe a traves de los siglos, de todas las epocas, de todos los tiempos.

»No hay una sola alma en el mundo que el cielo no contemple de una manera particular. No hay un solo suspiro ni una palabra que deje de escucharse en el cielo.

Lo escuche. Supe lo que queria decir. Mire abajo, el espectaculo de los arboles. Me pregunte como debe de ser para un arbol perder sus flores por el viento, cuando las flores son todo lo que tiene. Lo extrano de aquel pensamiento hizo que me sobresaltara. Me estremeci. Las ganas de echarme a llorar se hicieron casi abrumadoras. Pero las reprimi, y consegui mirarlo de nuevo de frente.

– Conozco tu vida entera -dijo-. Si quieres, te la enseno. De hecho, es precisamente lo que habre de hacer para que creas realmente en mi. No me importa. Tienes que comprender. No puedes decidir si no lo entiendes.

– ?Decidir, que? ?De que estas hablando?

– Hablo de un encargo, ya te lo he dicho. -Hizo una pausa, y siguio hablando con mucha amabilidad-. Es una forma de utilizarte a ti y lo que eres. Una forma de aprovechar hasta el ultimo detalle lo que eres. Es un encargo para salvar vidas en lugar de tomarlas, para atender las suplicas en lugar de acallarlas. Es una oportunidad de hacer algo importantisimo para otras personas y que solo puede ser bueno para ti. Asi ocurre cuando se hace el bien, ?sabes? Es como trabajar para el Hombre Justo, salvo que crees en ello con todo tu corazon y toda tu alma, hasta el punto de que deseas hacerlo y cumples tu proposito con amor.

– Tengo un alma, ?es eso lo que quieres que crea? -pregunte.

– Claro que la tienes. Tienes un alma inmortal. Lo sabes muy bien. Tienes veintiocho anos y eso significa que eres muy joven desde cualquier punto de vista, y te sientes inmortal, a pesar de todos tus pensamientos negros y de tus deseos de acabar con la vida, pero no has captado que la parte inmortal que hay en ti es la verdadera, y todo el resto desaparecera con el tiempo.

– Se esas cosas -susurre-. Las se.

No quise parecer impaciente. Estaba diciendo la verdad, y me sentia aturdido.

Me volvi, dandome cuenta solo a medias de donde me encontraba, y entre en la sala de estar de mi pequeno apartamento. Mire de nuevo las paredes tapizadas de libros. Mire el escritorio en el que suelo leer. Mire el libro abierto sobre el papel secante verde. Alcance a percibir algo oscuro, algo teologico, y me desconcerto la rotunda ironia de todo aquello.

– Oh, si, estas bien preparado -dijo a mi lado. Parecia que nunca ibamos a separarnos el uno del otro.

– Y se supone que he de creer que tu eres el Hombre Justo ahora -dije.

Sonrio al oirme. Pude verlo con el rabillo del ojo.

– El Hombre Justo -repitio en tono suave-. No. No soy el Hombre Justo. Soy Malaquias, un serafin, ya te lo he dicho, y estoy aqui para ofrecerte una oportunidad. Soy la respuesta a tu plegaria, Lucky, pero si no quieres admitirlo, digamos que soy la respuesta a tus suenos mas locos.

– ?Que suenos?

– Durante todos estos anos siempre has rezado por que el Hombre Justo fuera de la Interpol. Porque formara parte del FBI. Porque estuviera del lado de los chicos buenos y todo lo que te pedia que hicieras fuera para bien. Es lo que siempre has sonado.

– Eso no importa, y lo sabes muy bien. Yo los mate. Hice un juego de todo ese asunto.

– Se que lo hiciste, pero aun asi era tu sueno. Ven conmigo y no tendras dudas, Lucky. Estaras del lado de los angeles, de mi lado.

Nos miramos el uno al otro. Yo temblaba. Mi voz no era firme.

– Si eso fuera cierto -dije-, yo haria cualquier cosa, todo lo que me pidieras, por ti y por el Dios del cielo. Aceptaria todo lo que exigieras.

Sonrio, pero muy despacio, como si mirara muy dentro de mi en busca de alguna reserva mental, y tal vez descubrio que no habia ninguna. Tal vez fui yo quien se dio cuenta de que no tenia ninguna.

Me deje caer en el sillon de cuero, al lado del sofa. El se sento frente a mi.

– Voy a mostrarte tu vida ahora -dijo-, no porque yo necesite hacerlo, sino porque tu tienes que verla. Y solo despues de haberla visto creeras en mi.

Asenti.

– Si puedes hacer eso -dije, tristemente-, bueno, creere en todo lo que me digas.

– Preparate -dijo-. Escucharas mi voz y veras lo que yo te voy a describir, tal vez de una forma mas vivida que como nunca has visto nada, pero el orden y la organizacion seran cosa mia, y puede que sean mas dificiles de soportar para ti que una simple sucesion cronologica. Es el alma de Toby O’Dare lo que vamos a examinar, no simplemente la historia de un joven. Y recuerda que a pesar de todo lo que veas y lo que sientas, yo estoy

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