de trafico. ?Que es exactamente lo que haciais los de tu clase antes de que se inventaran los automoviles? La verdad es que cerre el libro haciendome esa pregunta.

Se echo a reir.

Detras de mi sono un bocinazo. El trafico se movia, y lo mismo hicimos nosotros.

– Es una pregunta perfectamente legitima -dijo-, sobre todo despues de haber leido ese libro en particular. No importa lo que haciamos en el pasado. Lo que importa ahora es lo que podemos hacer tu y yo juntos.

– Y no tienes ningun nombre.

De nuevo ibamos deprisa, pero no corri mas que los otros coches situados como yo en el carril izquierdo.

– Puedes llamarme Malaquias -dijo con amabilidad-, pero te aseguro que ningun serafin del cielo te dira nunca cual es su verdadero nombre.

– ?Un serafin? ?Me estas diciendo que eres un serafin?

– Te quiero para un encargo especial, y te ofrezco una oportunidad de emplear todas las habilidades que posees para ayudarme, y para ayudar a las personas que justo en este momento estan rezando para que intervengamos.

Me quede estupefacto. Senti el impacto de sus palabras como el escalofrio de la brisa en el momento en que, cerca ya de Los Angeles, nos aproximamos a la costa.

«Es un invento tuyo. Choca con el terraplen. No hagas el bobo por algo que ha surgido de tu propia mente enferma.»

– No soy un invento tuyo -dijo-. ?No ves lo que ocurre?

La desesperacion amenazaba ahogar mis propias palabras.

«Es un engano. Tu has matado a un hombre. Mereces la muerte y el olvido que te aguarda.»

– ?Olvido? -murmuro el extrano. Alzo la voz contra el viento-. ?Crees que te aguarda el olvido? ?Crees que no vas a volver a ver a Emily y Jacob?

«?Emily y Jacob?»

– ?No me hables mas de ellos! -dije-. Como te atreves a mencionarlos. No se quien eres, o lo que eres, pero no me los menciones. Si solo eres producto de mi imaginacion ?desaparece!

Esta vez su risa tuvo un temblor de inocencia.

– ?Por que no he sabido que las cosas irian de este modo contigo? -dijo. Extendio una de sus manos suaves y la coloco blandamente en mi hombro. Parecia melancolico, triste y como perdido en sus pensamientos.

Yo fije la vista en la carretera.

– Estoy perdido -dije. Nos dirigiamos al centro de Los Angeles, y en pocos minutos tomariamos la salida que me llevaria al garaje en el que guardaba la camioneta.

– Perdido -dijo, como si reflexionara. Parecia observar lo que nos rodeaba, los terraplenes cubiertos de enredaderas y los rascacielos de cristal-. Esa es precisamente la cuestion, mi querido Lucky. Si me crees, ?que sales perdiendo?

– ?Como has averiguado lo de mi hermano y mi hermana? -le pregunte-. ?Como has sabido sus nombres? Has encontrado algunas conexiones, y quiero saber como lo has hecho.

– ?Lo que sea salvo la explicacion mas simple? Soy lo que he dicho que soy. -Suspiro. Fue exactamente el mismo suspiro que oi en la suite Amistad, junto a mi oido. Cuando volvio a hablar, su voz era acariciadora-. Conozco tu vida entera desde la epoca en que estabas en el seno de tu madre.

Eso era mas de lo que podia haber previsto nunca, y de pronto vi con toda claridad, con una claridad sobrenatural, que me encontraba mas alla de lo que nunca pude imaginar.

– ?Estas aqui en realidad?

– Estoy aqui para decirte que todo puede cambiar para ti. Estoy aqui para decirte que puedes dejar de ser Lucky el Zorro. Estoy aqui para conducirte a un lugar donde podras empezar a ser la persona que podias haber sido… de no haber ocurrido ciertas cosas. Estoy aqui para decirte…

Se interrumpio. Habiamos llegado al garaje, y despues de pulsar el mando remoto para abrir la puerta, deje la camioneta en la seguridad y el silencio del interior.

– ?Que…, decirme que? -dije. Estabamos frente a frente, y el se envolvia en una calma que mi miedo no podia penetrar.

El garaje estaba a oscuras, iluminado solo por una claraboya sucia y por la luz que entraba por la puerta abierta que habiamos cruzado. Era un espacio amplio y oscuro lleno de refrigeradores y armarios y pilas de ropa que podria utilizar en futuros trabajos.

De pronto me parecio un lugar sin sentido, un lugar que podria dejar atras con alegria y sin titubeos.

Conocia esa clase de euforia. Era parecida a lo que sientes despues de haber pasado mucho tiempo enfermo, y de pronto sientes la cabeza despejada y el cuerpo lleno de buenas sensaciones, y la vida vuelve a parecerte digna de ser vivida.

Estaba sentado a mi lado, muy quieto, y yo podia ver el reflejo de la luz en forma de pequenas chispas en sus ojos.

– El Creador te ama -dijo en voz baja, casi como en suenos-. Estoy aqui para ofrecerte otro camino, un camino que si lo tomas te conducira al amor.

Me quede callado. Tenia que callar. No es que me sintiera agotado por la sensacion aguda de alarma que se habia apoderado de mi. Era mas bien como si esa alarma se hubiera desvanecido. Y la simple belleza de aquella posibilidad me paralizaba, como podia haberme paralizado la vista de los geranios de pensamiento, o la de la hiedra que trepaba por el campanario, o la ondulacion de los arboles movidos por la brisa.

Vi todas esas cosas de pronto, agolpandose en mi mente en un torbellino frenetico en aquel lugar oscuro y sombrio, que apestaba a gasolina, y no vi la penumbra que nos rodeaba. De hecho, me parecio que el garaje estaba ahora banado en una luz palida.

Sali despacio de la camioneta. Camine hacia el fondo del garaje. Saque del bolsillo la segunda jeringuilla y la deje en el estante de las herramientas.

Me quite la fea chaquetilla verde y los pantalones, y los arroje al enorme cubo de la basura, que estaba lleno de queroseno. Vacie el contenido de la jeringuilla en el bulto de la ropa, que empezaba a empaparse de combustible. Me quite los guantes. Encendi una cerilla y la tire dentro del cubo.

Hubo un peligroso estallido de fuego. Arroje tambien a las llamas las zapatillas de trabajo, y vi como se fundia el material sintetico. Tambien tire la peluca, y me pase las manos por mi propio cabello corto, aliviado. Las gafas. Seguia mirando por las gafas puestas. Me las quite, las rompi y las tire tambien al fuego, que despedia un calor intenso. Todos los objetos eran de materiales sinteticos y se fundian hasta desaparecer entre las llamas. Pude olerlos. Al cabo de muy poco tiempo, todo habia desaparecido. Sin duda, el veneno se habia evaporado por completo.

El hedor no duro mucho. Cuando el fuego se extinguio, verti sobre los restos otra cantidad de queroseno y volvi a encender el fuego.

Al parpadeo intermitente del fuego, examine mis ropas de cada dia, que colgaban en perfecto orden de una percha sujeta a la pared.

Me las puse despacio, la camisa blanca, los pantalones grises, los calcetines negros y los zapatos marrones lisos, y finalmente la corbata roja.

El fuego se extinguio de nuevo.

Me puse la americana, me di la vuelta y lo vi alli de pie, recostado en la camioneta. Tenia una pierna sobre la otra y los brazos cruzados, y a la luz tenue parecia tan atractivo como lo habia visto antes, y en su cara seguia presente la misma expresion de afecto.

De nuevo se apodero de mi la profunda, horrible desesperacion, muda e insondable, y a punto estuve de huir de el y jurarme a mi mismo que no volveria a mirarlo, sin importar donde o como se me apareciera.

– Esta peleando duro por ti -dijo-. Te ha estado hablando en susurros todos estos anos, pero ahora alza la voz. Piensa que podra arrancarte de mis manos. Piensa que te creeras sus mentiras, incluso estando yo delante.

– ?Quien es? -pregunte.

– Sabes quien es. Lleva hablandote mucho, mucho tiempo. Y tu lo has escuchado cada vez con mas atencion. No lo escuches mas. Ven conmigo.

– ?Me estas diciendo que hay una pelea por mi alma?

– Si, eso es lo que estoy diciendo.

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