especimenes de raza aria. Sin embargo, aquella era la incongruencia de la fama en Europa: yo era mas conocida -y mas venerada- que cualquiera de ellos.

Antes de la actuacion de aquella noche me sente en el camerino para escuchar el crujido de los suelos de la oficina de monsieur Dargent, que se encontraba en la planta de arriba, y el ruido de la orquesta, que estaba afinando abajo. No habia ninguna Kira para hacer las veces de mi amuleto de buena suerte, ni tampoco habia ningun Minot para enviarme una botella de champan. Estaba sola. Sentarme en el camerino de la estrella protagonista me trajo recuerdos de Bonjour, Paris! C'est moi! Habia sido el espectaculo mas deslumbrante jamas visto en Paris. Los escenarios y el vestuario eran suntuosos y todas las coristas eran rubias, para que yo, tal y como Minot lo habia formulado, «destacara entre ellas como una magnifica perla negra». Ahora, la perla negra actuaria delante de la bandera nazi. Apoye la cabeza entre los brazos y me pregunte donde estarian Odette y la pequena Simone. ?Sabrian que manana iban a ser libres? Guardaria para siempre el recuerdo de los ojos verdes de Roger y de su determinacion inquebrantable en lo mas hondo de mi corazon. Pero esta noche tenia que procurar mantener su recuerdo en la esquina mas recondita de mi mente para poder pasar por lo que estaba a punto de hacer.

Sono un golpe en mi puerta. Sabia que no se trataba de la ayudante de vestuario: solo iba a ponerme un vestido negro, asi que no me hacia falta ayuda.

– ?Quien es?

– Soy yo, Gaveau -respondio monsieur Dargent-. Necesito hablar con usted.

Todavia no me habia puesto el vestido ni me habia peinado. Me envolvi un kimono sobre la ropa interior y abri la puerta. Monsieur Dargent me empujo para abrirse paso y se sento en el taburete de mi mesa de maquillaje. Le temblaban las manos y tenia el semblante palido. Me pregunte por que estaria tan agitado. No podia ser porque hubiera algo incorrecto en mi actuacion, excepto porque a los alemanes pudiera no gustarles. Solamente habia unas pocas canciones nuevas, no iba a bailar, no habria cambios de escenario, de atrezo o de vestuario. Ni siquiera iba a hacer mi entrada como de costumbre, descendiendo una escalinata, ni tendria que mantener el equilibrio sosteniendo sobre el cuello un complejo tocado. Y si la grabacion de Radio France salia mal, aquello no era responsabilidad ni mia ni suya.

– ?Que sucede? -le pregunte, sirviendole un vaso de agua de una jarra que tenia sobre mi mesa.

?Quiza monsieur Dargent sentia que aquello le venia grande? Esa era su primera gran produccion en el teatro desde hacia anos y, por mucho que le tuviera carino, sabia que no era ningun Minot.

– El otro dia no tenia permiso para explicarle la situacion -me dijo, bebiendo un sorbo de agua-. Pero ahora si. Canto usted las canciones perfectamente durante el ensayo, pero estoy preocupado por que se le ocurra cambiar algo durante la representacion. Tengo que repetirle que debe cantar la cancion de Africa tal y como esta escrita.

Me incline sobre el tocador. Estaba dandole demasiada importancia a la precision de la letra, que en mi opinion no era tan importante como la musica para cualquiera salvo para el letrista. Ademas, iba a cantar yo sola, asi que tampoco corria el riesgo de retrasar a los cantantes que me acompanaran si cambiaba alguna palabra aqui o alla.

Monsieur Dargent se percato de que yo habia fruncido el ceno y dejo escapar un suspiro.

– Podria usted arruinarlo todo -continuo-. Por eso, hemos decidido que es mejor contarle que sucede. Las letras de esa cancion son de vital importancia para el esfuerzo belico.

Me puse rigida. Ahora todo tenia sentido. Recorde la letra, tratando de descifrar que querria decir. No era lo suficientemente especifica para ser ningun tipo de propaganda. Cuando me concentre en ella, me sono a algo parecido a una descripcion de ubicaciones estrategicas. O quiza un codigo.

– ?El esfuerzo belico de quien? -le pregunte-. No tengo intencion de ayudar a los alemanes de ningun modo.

A monsieur Dargent le brillaron los ojos.

– ?De que habla? -susurro-. Usted y yo estamos en el mismo bando. Cuando cante la letra de la cancion de Africa, estara informando a la Resistencia de que los Aliados y la Francia Libre de De Gaulle estan a punto de atacar. La Resistencia debe estar preparada, porque cuando los Aliados ataquen, los alemanes ocuparan tambien el sur de Francia. A traves de Radio France, se transmitira el mensaje mediante los operadores de radio a los maquis.

Le contemple con recelo. El era un colaboracionista. Me resultaba mas facil creer que cualquier mensaje que la cancion contuviera lo hubieran introducido en ella los alemanes para confundir a la Resistencia, no para ayudarla.

– Me esta usted utilizando -le espete.

– Mon Dieu! ?Por quien me toma? -maldijo monsieur Dargent, poniendose en pie-. Usted y yo trabajamos para la misma red. -Se termino el agua de un trago y nego con la cabeza con expresion de indignacion-. Clifton ya me advirtio que me lo pondria usted dificil.

Me recorrio un escalofrio por la espalda. Al principio, no estaba segura de haberle oido correctamente.

– ?Quien? ?Quien ha dicho eso? -le pregunte ansiosamente.

Trate de mantenerme tranquila, pero no funciono. Me temblaron las manos. Quiza Clifton era un apellido britanico muy comun.

Monsieur Dargent trago saliva tan bruscamente que su nuez de Adan se le deslizo abajo y arriba.

– Se suponia que no debia decirselo. Se me ha escapado.

Corri hacia monsieur Dargent y lo agarre por los brazos.

– ?El capitan Roger Clifton? ?Nombre codigo: Delpierre?

Monsieur Dargent cerro los ojos con fuerza. Yo le clave los dedos en la piel.

– ?El capitan Roger Clifton? ?Nombre codigo: Delpierre? -repeti con voz aguda.

Monsieur Dargent me aparto de un empujon.

– El me dijo que seria usted muy terca, mademoiselle Fleurier. Y tenia razon. Pero tanto para su propia seguridad como para la de el, sera mejor que no le diga nada mas.

Senti una comezon bajo la piel. Durante toda mi vida no habia habido mas que una sola persona que se habia referido a mi como «terca». Repentinamente, sali de un golpe de las tinieblas a la luz del sol. Me eche sobre monsieur Dargent de nuevo.

– ?Roger esta vivo! -exclame-. ?Como? ?Donde? ?Como logro escapar de los nazis?

– Nunca le llegaron a atrapar -concedio monsieur Dargent-. Se entero de que la habian capturado y volvio a Paris a por usted. El agente doble difundio el rumor de su detencion y ejecucion para confundir a la red.

– ?Todavia esta en Paris?

Monsieur Dargent nego con la cabeza.

– Se marcha esta noche a Londres en avion.

El director de escena aleman llamo a la puerta.

– ?Diez minutos para la llamada a escena!

?Solo diez minutos? No me habia puesto el vestido ni me habia peinado. Pero Roger era mas importante que la actuacion en ese momento. Estaba a punto de preguntarle a monsieur Dargent si podia hacerle llegar un mensaje a Roger antes de que se marchara de Paris, pero el levanto una mano.

– Ya esta bien, mademoiselle Fleurier. Dese prisa y vistase. Que disguste usted a los alemanes no nos llevara a ninguna parte.

Me volvi hacia el espejo. La felicidad bullo en mi interior. ?Roger estaba

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