Se empezo a sospechar de Andre y de su esposa y, para evitar comprometer la seguridad de la red, Andre tuvo que cortar lazos con la organizacion, aunque todavia realizaba muchos pagos mediante su hermana Veronique, que vivia en Marsella. Puesto que Andre ya no podia actuar como informante intermediario, deje de recibir noticias de Pays de Sault. Sin embargo, Andre si tenia acceso a una radio en una de sus fabricas, y por la BBC supimos que los rusos habian avanzado, obligando a los alemanes a replegarse hacia Berlin. Puesto que la gente dentro de los paises que conquistaban se habia mostrado dispuesta a cooperar con ellos, los nazis esperaban que sus paises satelites se organizaran en gran parte de manera autonoma. Aunque no se habian equivocado en muchos aspectos, no habian contado con la pasion de la Resistencia no solo en Francia, sino en Austria, en Dinamarca, en Polonia, en Belgica, en Holanda, en Checoslovaquia, en Italia, en Noruega e incluso en la propia Alemania. El conde Kessler se habria sentido orgulloso de los jovenes alemanes y alemanas que estaban luchando con valentia en el mismisimo ojo del huracan. Incluso aunque desgraciadamente fueran pocos, los rebeldes clandestinos estaban listos para luchar hasta la muerte, una prueba de que a veces la pasion podia tener mas peso que el poder.

Durante el ultimo ano de la guerra, me despertaba cada manana por el chisporroteo escalofriante de los tiroteos. Por cada soldado aleman al que mataba la Resistencia en Paris, se llevaban a diez prisioneros franceses, muchos de ellos de la Resistencia tambien, al Bois de Boulogne y se les fusilaba alli. Aunque los miembros de la Resistencia siempre habian sabido que podian pagar su patriotismo con sus propias vidas, el terror se apodero de Paris cuando los alemanes comenzaron a quedarse sin miembros de la Resistencia encarcelados y empezaron a detener a civiles.

Todos los dias, cuando madame Goux iba a comprar nuestras raciones de comida acompanada por un agente de la Gestapo, leia las notificaciones de los fallecidos pegadas en la pared de la panaderia. Asi fue como nos enteramos de la ejecucion de madame Baquet, la propietaria del Cafe des Singes. Madame Baquet estaba esperando en el Hotel de Ville para renovar sus papeles de trabajo cuando los agentes de la Gestapo entraron a la carrera, empenados en vengarse por un acto de sabotaje llevado a cabo por la Resistencia. Ya habian vaciado la comisaria local de prostitutas, ancianos indigentes y maridos borrachos, pero aun asi no tenian suficientes personas para llenar su cupo de fusilamientos. Por eso, detuvieron a los civiles que estaban en el vestibulo: un estudiante, dos amas de casa, un medico, una bibliotecaria, un abogado y madame Baquet. A la manana siguiente, aquel corrillo de gentes aterrorizadas fue conducido entre la moteada luz de los arboles del bosque. Nunca volvi a poner el pie en el Bois de Boulogne despues de enterarme de aquel incidente, pero se rumoreaba que las marcas de los balazos todavia se veian en los troncos de los arboles circundantes muchos anos despues.

En verano de 1944 la marea ya no pudo contenerse durante mas tiempo. Andre logro traerme a escondidas un transmisor de radio desmontado, burlando a los guardias apostados en el exterior de mi apartamento, y juntos escuchamos la voz bronca de De Gaulle anunciando: «Este sera el ano de su liberacion». Por fin algo estaba sucediendo.

Paris comenzo a tener el aspecto de una ciudad en guerra. Los camiones alemanes salieron a toda prisa de la ciudad y pocos dias mas tarde regresaron cargados de soldados heridos. Andre y yo nos encontramos de nuevo para escuchar la BBC, pero esta vez la senal estaba bloqueada. La comida empezo a escasear, no habia leche ni carne en ninguna tienda. El abastecimiento de gas y electricidad estaba restringido a ciertos momentos del dia. El metro dejo de funcionar. Fue monsieur Dargent quien nos comunico la emocionante noticia de que los Aliados habian desembarcado en Normandia y de que estaban haciendo retroceder al ejercito aleman.

Hacia agosto quedo claro que los alemanes estaban perdiendo la guerra. Dejaron de ser la orgullosa fuerza militar que habia entrado en Paris. Como la mayoria de los soldados estaban siendo evacuados, los que se quedaron atras para proteger la retaguardia se movian de aqui para alla en grupos, aterrorizados por lo que pudiera sucederles si se separaban de su unidad. Sus funcionarios y sus organizaciones auxiliares formadas por mujeres fueron evacuados en autobuses. Madame Goux me relato la historia de un autobus cargado de alemanas, esposas de militares, que decian adios con la mano, con lagrimas en los ojos, a los parisinos que pasaban por la acera, que a su vez se preguntaban que sucedia. El gesto de despedida de madame Goux fue llenarse la boca con toda la saliva que pudo y proyectarla hacia el parabrisas del autobus. No obstante, el detalle mas significativo de aquella historia era que el soldado aleman que la acompanaba no le habia dicho ni una palabra.

En mitad del mes de agosto, surgieron rumores de que los Aliados habian desembarcado en el sur y que, con la ayuda de los maquis, estaban persiguiendo a los alemanes y a la Milicia para que salieran de sus reductos. Los policias parisinos, aprovechando la ocasion para limpiar cuatro anos de verguenza, se quitaron los uniformes, pero se quedaron con sus armas. El numero de integrantes de la Resistencia activa aumento enormemente. Puede que a los policias les hubieran encargado la tarea de entregar Paris al ejercito aleman en 1940, pero ahora estaban ansiosos por mostrarle la puerta de salida al enemigo.

Madame Goux y yo nos abrazamos con fuerza en mi apartamento mientras escuchabamos el intercambio de tiroteos entre los alemanes y la Resistencia. Mantuvimos una vela encendida, aunque no era facil conseguirlas, y rezamos por Paris y por los hombres y mujeres que estaban muriendo. Los franceses tomaron las calles, no solo en nuestro vecindario, sino tambien en la orilla izquierda y en los suburbios. Construyeron barricadas para detener a los alemanes que escapaban o que patrullaban la ciudad en tanques. Madame Goux y yo rasgamos unas sabanas para hacer vendas para la Cruz Roja y los soldados alemanes que nos vigilaban ahora que la Gestapo habia huido nos permitieron llevarlas al hospital. Obligadas por la Convencion de Ginebra, las enfermeras de la Cruz Roja estaban atendiendo tanto a los miembros de la Resistencia como a los alemanes.

Entonces, una calurosa noche de agosto mientras yo estaba tomando un bano, ceso el fragor de la batalla. El silencio tras tanta violencia resultaba desconcertante. Un momento despues, comenzaron a sonar las campanas de Notre Dame. Me seque y me envolvi en un kimono. Corri a la ventana y abri los postigos de un golpe. Las campanas de Saint Severin se unieron a las de Notre Dame y yo me asome a la noche, preguntandome que habria sucedido. Las luces de los edificios cercanos al Sena se encendieron, parpadearon y volvieron a apagarse. De repente, las campanas de Saint Jacques, de Saint Eustache y de Saint Gervais comenzaron a resonar en mitad de la noche.

Corri escaleras abajo para encontrar a madame Goux de pie en el portal, con el rostro demacrado y los ojos abiertos como platos.

– ?Que significan esas campanas? -me pregunto.

Fue entonces cuando me percate de que los dos soldados alemanes que nos vigilaban habian desaparecido. Baje corriendo el tramo de escaleras que me faltaba para llegar abajo y rodee entre mis brazos a madame Goux. Sabia que nunca jamas olvidaria aquel momento. El abrazo que intercambiamos me hizo dano en las costillas, pero me inflamo el corazon.

– ?Significa que los Aliados han ganado la guerra! -exclame-. ?Paris es libre!

Durante la primera ola de euforia parecia que nuestra alegria duraria eternamente. Las banderas tricolor ondeaban en las ventanas y las puertas, algunas de ellas habian sido elaboradas precipitadamente con cualquier cosa que estuviera a mano: un mantel blanco, una chaqueta roja, una camisa azul… A pesar de los restos de cristales que se amontonaban en las calles y de las balas perdidas disparadas por los soldados alemanes que aun no habian recibido aviso de su capitulacion, no podiamos quedarnos en casa durante mas tiempo. El aire estival se lleno de la conmovedora melodia de la Marsellesa, que en su momento se habia prohibido, pero que ahora se cantaba en cada esquina.

Camine por todas las calles de Paris, igual que cuando llegue por primera vez en los anos veinte, pero a medida que pasaba por delante de los cafes y de los grupos de gente que se arremolinaba alrededor de los monumentos o de los tanques aliados plagados de flores, fui cayendo en la cuenta de que nuestra felicidad era una especie de farsa. ?Como podria Paris ser la misma? Habia agujeros de bala en muchas de las fachadas de los edificios y las flores colocadas en las calles y en las aceras estaban alli para conmemorar el lugar en el que algun miembro de la Resistencia habia dado su vida por Francia. «Aqui murio Jean Sauvaire, que lucho con valentia por su pais.»

Sin embargo, lamentablemente habia habido muy pocas personas que

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