desmoralice».

Me senti muy satisfecha de mi actuacion y, tras una hora, me marche para acudir al ensayo del coro con Gilies, convencida de que lograria impresionar a monsieur Dargent con mi audicion. Trate de no desconcentrarme mientras Gilies nos indicaba los pasos del numero del haren, hasta que se quedo contento con la facilidad con la que contoneabamos las caderas y ondulabamos el vientre.

– ?Estas tan rigida como un cadaver! -le espeto a Claire, que arrugo la nariz y le hizo una mueca tan pronto como Gilies le dio la espalda.

A las cuatro en punto termino el ensayo del baile y monsieur Dargent se aproximo por la sala con monsieur Vaimber. Ambos se sentaron en unas butacas de la segunda fila. Madame Dauphin se giro y les saludo con la cabeza. Hojeo su cuaderno de partituras que estaba sobre la tapa del piano y lo abrio por la primera cancion que habiamos ensayado aquella tarde. Monsieur Dargent saco el reloj del bolsillo y se lo coloco sobre la rodilla. Mire a mi alrededor. Para mi desgracia, las demas chicas no dieron muestras de marcharse. Madeleine, Ginette y Paulette tomaron asiento unas filas mas atras de monsieur Dargent y se pusieron a cuchichear, tapandose la boca con la mano. Me pregunte por que monsieur Dargent no las echaba. Quiza queria ver como actuaba con publico.

– Cuando estes lista, Simone -me dijo.

Ni siquiera aquella primera noche en la que me habian empujado a salir al escenario para hacer el numero hawaiano me habia sentido tan nerviosa como en ese momento. Entonces no tenia nada que perder. Ahora habia mas cosas en juego: si fracasaba en la audicion, probablemente no me dejarian volver a intentarlo.

Madame Dauphin arranco con la introduccion de la cancion sin esperar a ver si yo estaba lista. Comenzo a tocarla una octava mas alta de como la habiamos practicado y no tuve mas opcion que comenzar a cantar:

Depende de mi: no tengo miedo, depende de mi: lo cautivare, depende de mi: puedo hacerlo…

En aquella clave inadecuada, mi voz sonaba tirante. Trate de subir el tono. Habia planeado darle a la cancion un toque calido y dulce. En su lugar, estaba cantando como un pajarillo chillon. Pero a monsieur Dargent no parecio desagradarle. Se inclino hacia delante, estudiandome. «Si logro superar esto -pense-, puede que me deje cantarla en el tono adecuado».

Madeleine y Paulette se hundieron aun mas en sus asientos y se echaron a reir. Trate por todos los medios de no dejar que me intimidaran. Monsieur Vaimber estaba mirando al techo. Pero aquella no era una mala senal: si no le estuviese gustando, me habria hecho parar antes. Mi cuerpo se relajo y senti que aumentaba mi confianza.

Otras muchachas han perdido la cabeza: pero yo no, yo soy mas lista.

Puede que el sea el gobernante, pero yo soy una mujer.

De repente, revoloteo la cortina del bastidor que se encontraba mas cerca de mi. Pense que habia sido una corriente de aire y perdi la concentracion durante un momento, cuando vi a Claire merodeando por un hueco del telon. Yo podia verla perfectamente, pero estaba oculta para los que se encontraban en el patio de butacas.

– No lo conseguiras -murmuro, lo bastante alto como para que yo pudiera escucharla-. Eres horrible y estas tan delgaducha como una raspa de pescado.

La irritacion me invadio, pero decidi continuar. Si me detenia, Claire podria meterse en apuros, pero tambien acabaria con mi audicion. Monsieur Vaimber era un purista en lo relacionado a continuar cantando pasara lo que pasara. «Los artistas tienen que saber mantener la concentracion tanto con un publico hostil como con uno amable», solia decir. En Le Chat Espiegle sin duda habia experiencia con los publicos hostiles. Hacia el final de la temporada, cuando En el mar conseguia llenos absolutos, el exito del espectaculo no impedia que los alborotadores lanzaran a las coristas colillas y programas enrollados a modo de armas arrojadizas. Pero monsieur Vaimber siempre dejaba claro que teniamos que continuar, independientemente de las pitadas y los abucheos.

Una sensacion de quemazon me abraso la garganta y me empezaron a llorar los ojos. Trate de parpadear para ver que me los estaba irritando. Un vapor picante inundo el ambiente. Percibi una imagen borrosa de Claire vertiendo el contenido de una botella en el suelo. Fluyo hasta mis pies formando un reguero aceitoso. En medio de aquel calor, ese olor resultaba pestilente: era amoniaco. Me lleve la mano a la garganta y perdi el compas. Trate de exhalar suficiente aire como para terminar el estribillo, pero no podia respirar. Mi voz sono desafinada. Monsieur Vaimber sacudio la cabeza de un lado a otro y monsieur Dargent fruncio el ceno. Intente no rendirme, pero fue inutil. La sangre me latia tan fuerte en los oidos que apenas podia escuchar la musica.

Estaba a punto de echarme a llorar cuando alcance el ultimo acorde. Pero antes de que pudiera recuperar el aliento, madame Dauphin ya habia empezado la siguiente cancion. Monsieur Dargent levanto la mano.

– Creo que ya es suficiente por hoy -sentencio.

– Pero monsieur Dargent -tartamudee, tragando saliva-. No es justo… Puedo hacerlo mejor. Es solo que…

– Una cosa es empezar bien, pero tambien tienes que ser capaz de terminar la cancion correctamente -me interrumpio-. Si no, ?como ibas a cantar todas las canciones del espectaculo?

No habia crueldad en su tono, pero no le hizo falta anadir nada mas.

A la manana siguiente, me levante y descubri que el cielo se habia encapotado. El agua gorgoteaba por las alcantarillas. La lluvia, que alternaba entre chaparrones y lloviznas, salpicaba las casas y convertia las calles en canales embarrados que olian a humedad. Las lluvias primaverales fueron tan breves que apenas se habian hecho notar y el verano habia sido seco. No habia visto una lluvia como aquella desde el dia de la muerte de mi padre y durante un momento pense que estaba en la finca, de nuevo en casa. Un rayo de luz tenue cayo sobre Bonbon, que todavia dormia sobre mi pierna. Pase la mano por su pelaje aterciopelado. A causa de los largos ensayos y veladas, me habia acostumbrado a levantarme tarde, pero aquel dia no podia dormir mas. Aparte las sabanas y las mantas y escuche el agua goteando por las tejas del tejado. Pense en la carta que habia recibido de tia Yvette cuando regrese del teatro tras mi desastrosa audicion.

Querida Simone:

Me he inquietado mucho al saber que ahora trabajas en un teatro… Se que eres una muchacha de buen corazon, pero he oido cosas malas sobre ese tipo de sitios y estoy preocupada por ti… Bernard ira a verte lo antes posible. Cree que puede encontrarte trabajo en una fabrica de Grasse.

PD: Ademas, adjunto a esta carta un mensaje de tu madre.

Estaba convencida de que el trabajo que Bernard habia sugerido se trataba de una ocupacion facil y limpia -probablemente relacionada con la industria del perfume-, pero la carta de tia Yvette no podria haber llegado en peor momento. Necesitaba que tuviera confianza en mi, porque yo misma la habia perdido.

El mensaje adjunto de mi madre era un dibujo que ella misma habia realizado de un gato negro. Sonrei ante aquella imagen y los ojos me escocieron por las lagrimas. Era su manera de decirme: «Buena suerte». Siempre me habia sentido mas unida a mi padre que a mi madre, aunque los queria a los dos. Pero ahora que mi padre ya no estaba, los misteriosos mensajes de mi madre eran para mi mas importantes que nunca.

– No has heredado mis dones, Simone -me habia dicho una vez mi madre mientras contemplaba el fuego-. Eres demasiado logica. Pero, ?Dios mio!, ?que cualidades tan maravillosas posees! ?Y que llama tan magnifica ardera cuando estes lista para hacer uso de ellas!

Aprete los ojos con fuerza y me pregunte que estratagema tendria que utilizar para mantener el tipo en Le Chat Espiegle y continuar con el resto del espectaculo. ?Que esperanza tenia de conseguir una vida mejor si nunca iba a ser nada mas que una corista, levantando la pierna para ganar setenta

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