francos a la semana que unicamente me daban para pagar el alquiler de una sola habitacion con un grifo de agua fria compartido y un retrete al final del pasillo?

– Pero hubieras logrado hacer una buena audicion de no ser por Claire -susurro Marie mientras esperabamos entre bastidores para el ensayo del baile del haren aquella tarde-. Ella es la que ha arruinado tu oportunidad. Todavia deberias mantener la confianza en ti misma.

– No -le respondi, negando con la cabeza-. Si fuese realmente buena, habria sido capaz de ignorarla.

– Eres demasiado dura contigo misma -replico Marie, tocandome el hombro-. Espera un poco. Todavia eres joven. Seguro que se te presentara otra oportunidad.

Fingi una sonrisa alegre y movi las caderas y los brazos como si no me importara otra cosa en el mundo, aunque el ensayo fue una tortura. Cuando Gilies daba instrucciones, evitaba mirarme directamente o se me quedaba mirando demasiado tiempo. En una ocasion, vi como se estremecia cuando nuestras miradas se cruzaron. La compasion en sus ojos me dolio mas que si sencillamente me hubiera ignorado. Mientras practicaba mi numero en solitario, las demas chicas se sentaron en la primera fila a contemplarme. Claire fingio que bostezaba hasta que se aseguro de que habia captado mi atencion y entonces sonrio. La ignore. No significaba nada para mi. Pero aquella actitud insensible habria sido mucho mas util un dia antes, durante la audicion.

Monsieur Vaimber superviso los ensayos mientras monsieur Dargent estuvo fuera, en Niza, para negociar el contrato de la nueva estrella. Una tarde, dias despues de mi audicion, monsieur Vaimber nos hizo representar el numero final. Todo el reparto estaba en escena, incluyendo a la Familia Zo-Zo, que iban a ser aves gigantes revoloteando por encima de Sherezade y el sah mientras se declaraban su amor mutuo. La pareja se elevaria como por arte de magia sobre una alfombra magica, gracias a una tramoya montada con cuerdas y espejos disenada por Claude. La escena terminaria con un frenetico baile de las coristas, una cancion de Fabienne y yo finalmente me desengancharia el velo rebelde. Madame Baroux hacia las veces de Sherezade. La mayor parte del tiempo posaba como un accesorio del atrezo mas que como una verdadera artista, pero durante la escena final hizo el esfuerzo, a pesar de que no se separaba de su baston, de bajar por las escaleras del ensayo contoneando sus largas y delgadas piernas, con su eje vertical tan perfectamente erguido que casi se podia ver la «cuerda imaginaria» de la que tanto hablaba, prolongandose desde su coronilla hasta el techo. De repente, la puerta del auditorio se abrio con un energico portazo contra la pared. Todos nos volvimos para ver a monsieur Dargent de pie en el pasillo del patio de butacas, acompanado de una mujer de pelo rubio intenso.

– Senoras y caballeros, reunanse a mi alrededor -nos llamo monsieur Dargent, haciendonos un gesto con la mano para que nos acercaramos.

Nos secamos el sudor de la cara y el cuello con panuelos y toallas y nos movimos lentamente hacia el borde del escenario.

– Tengo el placer de presentarles a mademoiselle Zephora Farcy: la nueva estrella de nuestro espectaculo.

Monsieur Dargent cogio la mano de la mujer con un gesto de exagerada cortesia.

Al reparto le costo unos segundos recobrarse de la sorpresa y saludarla. La piel de la frente de Zephora era tan suave que no podia tener mas de treinta anos, pero su orondo pecho y sus rollizos antebrazos le daban un aspecto de matrona, tanto, que podria haber sido la madre o la abuela de cualquiera. Sus senos eran como dos enormes bolsas de arena cayendo desde el pecho y su cinturon apenas lograba contener un voluminoso vientre.

– Debe de ser una buena cantante -susurro Gerard.

Las luces del escenario iluminaron el suave vello de las mejillas de Zephora, que me hizo pensar en los dientes de leon. Bordeados por unos labios rojisimos, sus dientes, algo torcidos, resultaban sensuales y brillaban sus ojos ligeramente estrabicos. La sonrisa que les dedico a monsieur Vaimber y a los demas hombres de la habitacion rebosaba encanto femenino, pero el rostro se le volvio petreo y su boca se curvo en una mueca de desagrado cuando poso la mirada sobre las demas.

– Esta claro que no es ninguna Camille -le murmuro Fabienne a Marcel, pero el no la oyo.

Por el modo en el que le brillaba la mirada, daba la sensacion de que estaba tan embelesado con la nueva estrella como monsieur Dargent.

«Pues casi mejor que le guste -pense yo-. El representa el papel del sah, asi que tendra que besarla».

Haciendo caso omiso de nuestras expresiones de asombro, monsieur Dargent dio una palmada y anuncio que mademoiselle Farcy acababa de terminar la temporada en el Teatro Madame Lamare en Niza y antes de aquello habia actuado en el Scala de Paris.

Madeleine y Paulette intercambiaron una mirada. La mencion de Paris hacia mas comprensible por que monsieur Dargent habia elegido a Zephora para sustituir a Camille. Haber actuado en la capital le daba muchos puntos. Lo unico que monsieur Dargent tenia que hacer para atraer al publico era mencionar que contaba con una «estrella de Paris». En principio, no importaria si era buena o no.

Mas tarde, ese mismo dia, ensayamos una escena del segundo acto en la que apareciamos Zephora, Marcel, Fabienne y yo. Todos los demas que no estaban en la escena se quedaron merodeando entre bastidores, curiosos por ver actuar a la nueva integrante del reparto.

– ?Que esta haciendo aqui cuando podria estar en Paris? -le pregunto Claude a Luisa-. Algo me huele a chamusquina.

– La presencia de las coristas ya no sera necesaria en esta escena - indico monsieur Dargent desde su asiento en la primera fila del patio de butacas.

– ?Como? -exclamo Claire.

– Mademoiselle Farcy no baila, asi que ya no os necesitamos en escena. El baile de Simone sera suficiente.

A las demas chicas no les importo. Se encogieron de hombros y abandonaron el escenario. Solo se quedo Claire, con los punos apretados a ambos lados del cuerpo. Aquel era el numero en el que daba una voltereta lateral y bailaba desde el fondo hasta el borde del escenario: era practicamente un solo. Se mordio el labio y levanto la barbilla. Por un momento, pense que iba a echarse a llorar. Pero dejo caer los hombros y parecio pensarselo mejor. Despues de todo, tenia un alquiler que pagar y su sueldo no iba a verse afectado por aquello, solo su ego. Me lanzo una mirada centelleante y abandono bruscamente el escenario. Escuche sus fuertes pisadas escaleras arriba en direccion al camerino. ?De que le habian servido todas sus tretas? Yo sabia bailar y Fabienne tambien. Si cualquiera de las dos hubiera conseguido el papel de Sherezade, ella podria haber hecho su numero.

Zephora permanecio impasible mientras las coristas se marchaban. Se sento en un banco, leyendo la partitura, ignorandonos a los demas.

Marcel la contemplo con curiosidad antes de acercarse sigilosamente a ella.

– Bonjour, mademoiselle Farcy -la saludo, haciendo una reverencia-. No nos han presentado correctamente. Soy Marcel Sorel, el actor principal. Es un placer conocerla.

Zephora levanto la mirada hacia el, pero no sonrio.

– Creo que deberiamos cenirnos al guion, ?no es asi? -comento.

Marcel se quedo con la boca abierta, sin saber si Zephora lo habia desairado o no. Ella cogio la partitura y no volvio a dar muestras de percatarse de la existencia de Marcel. El se retiro arrastrando los pies, como un perro apaleado.

Por la manera tan altiva en la que me habia mirado, supe que era mejor no acercarme a Zephora directamente. Acate todas las instrucciones de monsieur Dargent. Sin embargo, si que tuve que leer parte del guion con ella, y me sorprendio escuchar su aguda voz y su apagada vocalizacion. Hasta entonces, habia sentido verguenza por compartir el escenario con una artista cuyo papel habia intentado conseguir, empeno en el que habia fracasado tan miserablemente. Pero cualquier sentimiento de superioridad que

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