y Vera me demostro como debia entonarlas correctamente y en que momentos debia enfatizar la emocion de cada cancion.

Me divertian tanto las clases y cantar que, en lugar de sentir celos de Zephora, trataba de aprender de ella. La estudiaba siempre que podia, entre bastidores o durante los ensayos. Aunque su voz tenia caracteristicas diferentes a la mia, me esforzaba por memorizar como expresaba las canciones y la imitaba cuando me encontraba a solas. Luego, cuando me reunia con Vera, adaptabamos las canciones a mi propio estilo.

Durante una matine, me sorprendio la actuacion languida que realizo Zephora. Su voz sonaba ronca y, a pesar del maquillaje, tenia unas manchas oscuras bajo los ojos y un tono febril en las mejillas.

– Por favor, llevadme con vos al palacio del sah -le dije yo, dandole el pie para su cancion.

Ella se puso rigida. Durante un instante, pense que se habia olvidado del guion y trate de murmurarselo, pero no reacciono. Fabienne trato de captar la atencion de Zephora dandole un pisoton, pero aquello tampoco funciono. El director de la orquesta levanto los brazos y dirigio a los musicos para que tocaran un par de compases mas de la cancion antes de volver al principio. Su tactica funciono: Zephora salio bruscamente de su ensonacion y comenzo a cantar. Fabienne y yo dejamos escapar un suspiro, pero la heroica cancion de Zephora que relataba que iba a acudir al palacio del sah para embaucarlo sono mas como un gimoteo lastimero.

– En mi opinion, creo que esta tomando opio -comento Fabienne despues en el camerino-. Espero que se reponga para la representacion de esta noche. Tiene pinta de que va a ser nuestra noche mas importante por el momento.

– Ah -exclamo Luisa suspirando-, no conseguira nada bueno si toma drogas. Cuando actuabamos en Roma, una de las coristas solia esnifar cocaina. Una noche se quedo dormida sobre las vias del tren.

– ?Y que le paso? -pregunte yo.

– ?Que la aplasto el tren como a un tomate! -respondio Luisa, cando una palmada.

Fabienne y yo hicimos una mueca de horror. Habia oido que en los clubes mas lujosos al publico le servian la droga en bandeja, y de vez en cuando algunas coristas de Le Chat Espiegle recibian de sus admiradores bolsas de polvo cristalino. Con frecuencia, solia salir al callejon para escapar del calor de nuestro camerino y alli encontraba a grupos de hombres, apinados o mirando al cielo, con la nariz manchada de polvo blanco. Una vez, durante un descanso, vi a un hombre que gritaba que tenia miles de cucarachas bajo la piel recorriendole todo el cuerpo. Sus pupilas se habian dilatado al doble del tamano normal y estaba sudando y temblando. Albert le arrojo un cubo de agua sobre la cabeza y le dijo que se marchara. El hombre le respondio vomitandonos en los zapatos.

Las coristas que tomaban cocaina decian que las hacia sentirse como si estuvieran «en la cima del mundo». Para mi, subir al escenario ya era suficiente emocion.

– Pues Zephora claramente oculta esa tendencia suya -comento Fabienne mientras se limpiaba el maquillaje con un trapo-. Vamos, que cualquiera lograria ocultarlo con el tamano de sus muslos.

Corte un melocoton en cuatro trozos. Estaba acido, pero tenia demasiada hambre como para que me importara. No me interesaba calumniar a Zephora, pero me preocupaba que ocurriria si se retiraba del espectaculo, como Camille.

– Apuesto a que la echaron de Paris -dijo Fabienne-. ?Por que si no alguien querria actuar en este teatro si tiene la posibilidad de exhibir sus habilidades delante de millonarios en el Scala?

– He oido que habra unos cuantos periodistas entre el publico esta noche -comente yo, tratando de cambiar de tema-. Espero que hagan buenas criticas de nosotros.

– Y yo espero que haya algun que otro rico entre el publico -exclamo Fabienne, echandose a reir mientras se agarraba los pechos y los empujaba hacia arriba-. ?Y espero que ellos tambien hagan buenas criticas de mi!

Me sente frente al espejo y contemple como me temblaba la mano. Me puse el maquillaje, me lo quite y volvi a empezar de nuevo. La raya del ojo todavia me salia torcida y siempre hacia el final demasiado ondulado. La sombra de ojos y el rimel parecian heridas sobre mis parpados. Suspire, cogi el pano que tenia para limpiarme la cara y el lapiz de carboncillo y me dispuse pacientemente a intentarlo de nuevo.

Habia recibido un telegrama de Bernard en el que me anunciaba que iba a asistir a la representacion de esa noche. En la ultima carta que habia escrito a casa les habia contado que estaba trabajando de costurera. No les habia dicho nada de que me habia subido al escenario. Estaba convencida de que Bernard venia a ver si Le Chat Espiegle era un establecimiento respetable y para calmar los temores de tia Yvette. Menuda sorpresa le esperaba.

– ?Que haces aqui tan pronto? -me pregunto madame Tarasova, revoloteando por la estancia con los trajes de las hermanas Zo-Zo.

– No me podia estar quieta en casa -le confese-. ?Mire! -Le mostre el temblor de mi mano.

– Es por los nervios, no pasa nada -me aseguro mientras colgara los trajes de un gancho-. Es senal de que esta noche haras una buena actuacion.

Me dedico una sonrisa alentadora antes de salir rapidamente por a puerta. Cerre los ojos. «Inspira y espira. Lentamente. Inspira y espira.» Abri los ojos. El temblor todavia estaba ahi, pero ahora ademas me sentia mareada.

– Es inutil -masculle mientras examinaba mi trapo sucio.

Necesitaba humedecerlo de nuevo si queria limpiarme el rimel que se me habia corrido sobre la mejilla. Me eche el kimono sobre los hombros y me dirigi al lavabo.

Cuando pase por delante del camerino de Zephora escuche un estrepito. La puerta se abrio violentamente y Zephora salio trastabillando, agarrandose el vientre. Dio dos pasos antes de doblarse y caer Je rodillas.

– ?Zephora! -Corri hacia ella. Tenia el semblante muy palido-. Voy a buscar a madame Tarasova! -le dije.

Me agarro del brazo y me clavo las unas en la piel.

– ?No! -bufo-. No me hace falta que te entrometas. Estoy bien, es solo… solo algo que padezco de vez en cuando. -Dejo escapar dia risotada seca y maliciosa.

Su actitud era mas seria que su habitual brusquedad. Se echo a temblar, aunque hacia mucho calor en el teatro. La contemple, tratando de decidir que debia hacer. No podia dejarla alli en aquel estado. Corri al lavabo y humedeci mi trapo con la intencion de darselo a Zephora para que se lo pusiera en la frente. Cuando regrese, estaba tendida en el suelo, con la cara cubierta por una pelicula de sudor

– ?Oh, Dios mio! -gimio a traves de unos agrietados labios.

Me arrodille y le limpie la cara. Me miro, apretando los dientes. Algo en el interior de sus ojos me asusto.

– Voy a buscar ayuda -le dije.

Madame Tarasova estaba entre bastidores, cepillando los trajes con Vera y Martine, la nueva ayudante de vestuario.

– ?Algo le pasa a Zephora! -exclame.

Las tres mujeres me siguieron escaleras arriba, pero Zephora ya no estaba en el pasillo.

– ?Esta alli! -indico Vera, senalando hacia la puerta abierta del camerino.

De algun modo, Zephora habia logrado arrastrarse de vuelta al interior

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