de la habitacion y estaba tumbada en el suelo, agarrando las patas de una silla. Madame Tarasova abrio los ojos como platos. Se agacho junto a Zephora. La cantante se giro hacia un lado, agarrandose el vientre con las manos.

– Eso es por alguna cosa que ha comido -comento Martine, avanzando un paso-. Mi hermano y yo padecimos algo similar nada mas llegar a Marsella. Fue terrible.

Madame Tarasova fruncio el entrecejo y apreto el vientre de Zephora con la mano. Cuando levanto la vista, habia una mirada de alarma pintada en su rostro.

– ?Rapido! -nos insto-. ?Ayudadme a traer ese sofa de la pared y a tumbarla en el!

Martine y yo arrastramos el divan hasta el centro de la habitacion y madame Tarasova y Vera colocaron a Zephora sobre el. No fue una tarea facil, pues la cantante pesaba varios kilos mas que ambas mujeres y no parecia ser capaz de ejercer ningun tipo de esfuerzo por si misma. Se acurruco en el sofa y se metio el puno en la boca para contener otro gemido.

– Zephora -le dijo madame Tarasova, sacudiendole el hombro-, ?esto es lo que creo que es?

Los musculos del rostro de Zephora se tensaron y dejo escapar un aullido, ahogado por una rafaga de musica que provenia de la sala de ensayos. El espasmo paso y Zephora asintio.

– ?Ya viene!

Vera y yo intercambiamos una mirada. Madame Tarasova siseo sin aliento, preparandose para la accion:

– Vera, ?ve a buscar un medico! ?Rapido!

Martine me agarro del brazo.

– ?Que sucede? -pregunto-. ?Es el apendice?

– No -le contesto madame Tarasova, colocandole a Zephora una almohada bajo la cabeza-. Nuestra estrella esta a punto de tener un bebe.

Me quede en el exterior de la oficina de monsieur Dargent, atandome y desatandome el nudo del kimono. De alguna manera, en mitad del caos que se formo tras el anuncio de madame Tarasova, se decidio que seria yo la que informaria de los acontecimientos sobre el inminente parto de Zephora a monsieur Dargent. Llame a la puerta.

– ?Pase! -exclamo el desde el interior.

Me recibio la bruma del humo de cigarrillo. Monsieur Vaimber y otros dos hombres a los que no habia visto antes estaban alli sentados con monsieur Dargent. A juzgar por la relajada expresion del rostro de monsieur Dargent, asumi que aquellos hombres no eran acreedores que trataban de recuperar su dinero, ni que tampoco tenian nada que ver con la mafia.

Monsieur Dargent se puso en pie de un salto y me hizo pasar a la habitacion.

– Ah, Simone, pasa, pasa -me dijo-. Dejame presentarte a monsieur Ferriol y a monsieur Rey. Han venido desde Niza para ver el espectaculo.

– Enchante -dijo monsieur Ferriol, levantandose de su asiento y besandome la mano.

Monsieur Rey hizo lo propio.

– Si les gusta el espectaculo, invertiran en el -me susurro monsieur Dargent.

Se me encogio el estomago, pero hice lo que pude por fingir alegria.

– Monsieur Dargent -le dije, sonriendo-. Necesito hablar con usted un momento.

El empresario teatral me dedico una mirada perpleja, pero no parecio alarmado. Su actitud despreocupada me hizo sentir aun mas lastima por el, por lo que estaba a punto de comunicarle. Me siguio hasta el cubiculo de la taquillera, que estaba vacio.

– ?Inversores, Simone! ?Puedes creerlo? -exclamo, tan pronto como nos encontramos en un lugar en el que nadie pudiera oirle-. Le Chat Espiegle nunca ha tenido inversores antes…, solo a mi.

– Monsieur Dargent, tengo… -aprete los dedos de los pies. ?Como iba a decirselo? Trate de encontrar las palabras correctas, pero no me dio la oportunidad de hablar.

– ?Ha llegado mi momento! -anuncio, apretandome los brazos-. El dia que mi padre me echo de casa, auguro que me moriria sin un centimo, que acabaria en el arroyo. ?Que dira ahora?

– ?Oh, Dios mio, monsieur Dargent! ?Tengo que darle una noticia terrible!

Ya estaba hecho: ya lo habia dicho. Me miro con recelo y sus labios se estrecharon formando una mueca.

– Zephora va a tener un bebe -exhale.

Monsieur Dargent abrio los ojos como platos y dio un paso atras. Al principio, parecio que no me creia; entonces se le ilumino el rostro al comprenderlo.

– No es de extranar que dejara aquel espectaculo en Niza. Probablemente, se imagino que lograria salir impune en un teatro mas pequeno. Ya he tenido artistas embarazadas antes, pero si engorda mas tendre que despedirla.

– No lo entiende usted -replique yo-. ?Va a tener un bebe ahora mismo!

En ese momento, Vera entro corriendo en el vestibulo con el medico.

– ?Todavia estan en el camerino? -pregunto.

Yo asenti. Vera le indico al medico que la siguiera.

El rostro de monsieur Dargent empalidecio. Saco su reloj y lo miro.

– Queda una hora para el espectaculo. ?No puede esperar hasta despues?

– Eso no funciona asi -le respondi.

Se froto los ojos cerrados y se desplomo sobre la silla de la taquillera.

– Estamos arruinados -se lamento, golpeando la mesa con la cabeza.

Monsieur Vaimber entro en el cubiculo.

– ?Por que estan tardando tanto? -susurro entre dientes-. Me he despedido de los caballeros. Regresaran mas tarde para presenciar el espectaculo.

Le explique la situacion y me senti agradecida de que se tomara las noticias con mas calma que monsieur Dargent.

– Tendremos que cancelar la funcion de esta noche -comento-. No podemos hacer otra cosa.

– ?No podemos cancelarla! -grito monsieur Dargent, mesandose los cabellos con tanta brutalidad que pense que se los iba a arrancar-. Esos inversores se volveran directamente a Niza. No van a esperar en Marsella hasta que encontremos una sustituia.

– No necesitan ustedes buscar una sustituta.

Nos volvimos para ver a madame Tarasova de pie, detras de nosotros.

– Tienen aqui mismo a alguien que puede defender el papel perfectamente -declaro, senalandome.

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