Monsieur Dargent paseo la mirada entre madame Tarasova y yo, y volvio a contemplarla a ella. Luego sacudio la cabeza en senal de negativa.

– No podra hacerlo.

Madame Tarasova se cruzo de brazos.

– Si que puede. Vera le ha estado ensenando. Marie puede sustituirla en el papel de sirvienta.

Monsieur Vaimber se saco un panuelo del bolsillo y se enjugo el sudor de la frente.

– No hay modo de que podamos incluirla…

– ?Que eleccion les queda? -lo interrumpio madame Tarasova-. O bien corren ustedes el riesgo o dejan que esos inversores se marchen para siempre.

Monsieur Dargent dejo de tirarse del pelo y levanto la mirada.

– ?De acuerdo! -exclamo, poniendose temblorosamente en pie-.

?Muy bien! Ya nos salvo en otra ocasion… ?Puede que logre hacer ese milagro de nuevo! ?Contamos con ella!

No creo que pueda llegar a olvidar en toda mi vida aquella noche en Le Chat Espiegle. Ni siquiera cuando me encontraba entre bastidores escuchando a la orquesta tocando la melodia que daba pie a mi primer numero podia creerme que estuviera alli. Deseaba un papel de cantante y ahora tenia uno, aunque lo hubiera conseguido sin previo aviso. De nuevo, estaba sintiendo escalofrios.

Monsieur Vaimber espero conmigo hasta mi entrada. Las gotas de sudor le recorrian la frente y el modo en el que le temblaban las manos no me ayudo en absoluto a calmar mis propios nervios.

– Muy bien -me dijo-. Contamos contigo.

Me prepare y sali a escena. La multitud suspiro y aplaudio. Extendi los brazos y me aplaudieron aun mas. Era buena senal que me estuvieran vitoreando, aunque solo fuera por el precioso traje que llevaba puesto, pues acababa de dejar pasar el primer verso sin cantar ni una nota. Por suerte, el director de la orquesta estaba acostumbrado a disimular ese tipo de fallos y dirigio a los musicos para que tocaran la introduccion otra vez. Me deslice hacia el proscenio, rodeada a ambos lados por las coristas que estaban ejecutando su baile del haren. Marie me guino un ojo y Jeanne sonrio. Claire me hizo un gesto con la cabeza. ?De verdad acababa de ver aquello? Quiza se sentia agradecida porque habia comprendido que yo me estaba arriesgando para salvarlos a todos ellos.

Los focos emitieron una luz calida y blanca sobre mi rostro y hombros. Solo podia ver las primeras filas de espectadores sonrientes, pero senti que Bernard estaba alli, en algun lugar. «Oh, Dios mio», rece, notando como me temblaban las piernas.

Otras muchachas han encontrado su muerte: pero yo no, yo soy mas fuerte.

Otras muchachas han perdido la cabeza: pero yo no, yo soy mas lista.

Puede que el sea el gobernante, pero yo soy una mujer.

El publico volvio a aplaudir. Mi voz resono por encima del estruendo, clara y fuerte. No tuve problemas en mantener el aliento. Dejaron de temblarme las piernas, me contonee y di una vuelta, improvisando un baile que casara con la letra.

Algo cayo a mis pies y mi talon choco contra el objeto. Chas. «Oh, no -pense-. Ya me estan arrojando comida». Mire a mis pies, pero en lugar de un tomate vi una rosa. Me agache y la recogi. Mientras seguia cantando, me lleve la flor a la nariz, como si estuviera apreciando su fragancia, y despues se la pase a Claire con un gesto dramatico. No falle ni una nota. Los vitores resonaron aun mas fuerte.

– ?Mademoiselle Fleurier! -grito un hombre desde el publico.

Otras voces se le unieron. «Otras muchachas han encontrado su muerte: pero yo no, yo soy mas fuerte.» Aquella cancion, que apenas unas semanas antes me habia provocado tanto dolor, se habia convertido en mi grito de guerra. Cuando llegue a la ultima nota, inquebrantable, y levante los brazos al aire con valentia como pose final, el clamor del publico me indico que lo habia logrado.

El resto de la representacion paso como un torbellino: las dos horas y media se fueron volando como si hubieran sido dos minutos. Cada vez que corria escaleras arriba para cambiarme de traje, Vera me informaba rapidamente sobre las novedades del parto de Zephora.

– El medico dice que no le queda mucho. No lo pasara demasiado mal. Tiene la constitucion adecuada.

Procure sentarme muy quieta mientras Martine fijaba con alfileres a mi cabeza el tocado nupcial.

– El medico ha estado escuchandote entre contraccion y contraccion -me conto-. Dice que eres muy buena y que una voz como la tuya podria cantar en cualquier parte.

Me levante para que madame Tarasova y Martine inspeccionaran los corchetes y alfileres de mi vestido. El traje de novia tenia tantas lentejuelas y brillantes que tuve que reunir toda mi concentracion para mantenerme en equilibrio. Cuando sali por la puerta, escuche un largo quejido que provenia del camerino de Zephora y, segundos despues, el llanto de un bebe.

Martine y yo hicimos todo lo que pudimos para no echarnos a reir.

– Dos personas han nacido esta noche -comento.

El telon cayo tras el noveno bis. La adrenalina que me habia mantenido en pie durante el espectaculo descendio en picado. Me palpitaba con fuerza el corazon y notaba un hormigueo en las plantas de los pies y en las puntas de los dedos de las manos. Marcel me cogio del brazo y me dio un apreton. Se habia sorprendido mucho al saber que yo iba a ocupar el puesto de protagonista, pero la sorpresa mejoro su actuacion. Me esforce por mantener el tipo. El resto de los integrantes del reparto se arremolinaron a nuestro alrededor.

– ?Bien hecho, Simone! -grito Claude.

– ?Estas preciosa! -exclamo con entusiasmo Marie.

Monsieur Vaimber y los tramoyistas gritaron «?Bravo!» desde bastidores e incluso el grupito de Claire se comporto de manera atenta.

– ?Tienes un aspecto tan diferente! No puedo creer que seas tu - comento Paulette-. Es increible lo que un vestido bonito puede hacer.

Monsieur Dargent aparecio entre bastidores y los demas le dejaron pasar.

– ?Simone! -exclamo, abrazandome efusivamente y besandome en las mejillas-. ?Quien se lo podia imaginar? Te has metido en el papel de estrella como pez en el agua.

Me condujo escaleras arriba hacia mi camerino. El pasillo estaba lleno de admiradores e incondicionales. Mujeres con vestidos de escotes pronunciados se apoyaban del brazo de hombres con bigotillos delgados. Parecian brillar y titilar ante mi como un rio bajo la luz del sol. Movian la boca rapidamente, comentando sus sensaciones sobre el espectaculo, pero se quedaron en silencio cuando me vieron.

– ?Bonsoir, mademoiselle Fleurier! -chillo alguien.

Eso hizo que la algarabia comenzara de nuevo.

– ?Bravo, mademoiselle Fleurier! -gritaban-. ?Vaya actuacion!

Busque a Bernard entre el mar de rostros, pero no lo encontre. A pesar de que monsieur Dargent habia asegurado que yo me habia adaptado al papel de estrella de manera innata, me paralizo que tanta gente me prestara atencion. Me hubiera gustado huir de alli, pero no queria decepcionar a monsieur Dargent. Aturdida, firme autografos, bese mejillas y estreche manos, haciendo todo lo posible por mantener una actitud valiente, cuando lo unico que deseaba era tumbarme.

– No veo a Bernard -le susurre a monsieur Dargent.

Le habia contado antes que un amigo de la familia estaba entre el

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