que no podia ser, porque habiamos enterrado a mi padre precisamente con aquella ropa.

– ?Que le paso exactamente a tio Gerome? -le pregunte.

– Estaba jugando a la petanque en la aldea. Albert Poulet estaba alli, junto con Jean Grimaud y Pierre Chabert. Cuentan que en un instante estaba de pie, cogiendo impulso, y al momento siguiente se cayo de rodillas. No podia mover las piernas ni hablar.

Llegamos a Pays de Sault la tarde siguiente temprano, despues de haber dormido en el coche unas horas durante la noche. Bonbon estaba sobre mi regazo, moviendo los ojos de aqui para alla, contemplando con interes los campos y las montanas. Tan pronto como vi los bosques de pinos y los barrancos a ambos lados del camino, supe la ubicacion exacta de nuestra finca como si mi corazon fuera una brujula. Las dos casas solariegas gemelas aparecieron ante mi vista y me mordi el labio para contener las ganas de llorar. Aunque mi padre ya no se encontraba alli, note su presencia en el sol y en la brisa que agitaba las copas de los arboles.

Bernard detuvo el automovil en el patio. Un perro ladro. Chocolat, con el pelaje de las orejas y de la cola tenido de naranja por el sol, se acerco a nosotros saltando. Bonbon se revolvio entre mis brazos y ambos perros se tocaron la nariz y se movieron en circulo el uno en torno al otro, agitando sus respectivas colas. Mire a mi alrededor en busca de Olly, pero conociendo sus costumbres, sospeche que estaria en algun sitio echandose la siesta de despues de comer.

Enjambres de insectos zumbaban en los arboles. La tierra estaba quemada por el sol y agrietada. Ese verano habia sido muy seco. Me resultaba dificil creer que en el pasado la finca y yo hubieramos compartido el mismo calendario, cuando mi vida cotidiana se regia por el cambio de las estaciones. Durante los ultimos meses, mis dias habian transcurrido al ritmo de los ensayos, las representaciones y las pruebas de vestuario.

– ?Simone! -exclamo tia Yvette desde la puerta de la cocina.

Corri hacia ella y nos abrazamos. Al estrecharla, note sus huesudas claviculas.

– ?Estas bien? -le pregunte-. Espero que por trabajar duro no estes olvidandote de comer.

Mi madre aparecio en la puerta de la destileria y corrio colina arriba hacia nosotros. Bonbon se separo de Chocolat y correteo hacia ella. Mi madre se paro en seco y contemplo a la perrita, despues se volvio hacia mi.

– ?Bonbon! -dije yo.

Mi madre se agacho y le acaricio las patas traseras. Bonbon salto a su regazo y comenzo a lamerle la barbilla.

– Esto no es un perro -comento-. Es un cachorrillo de zorro.

Mi madre dejo a Bonbon en el suelo y me echo los brazos al cuello. Su cabello me hizo cosquillas en la mejilla cuando la bese.

Tia Yvette entrelazo su brazo con el mio.

– Era la voluntad de Dios que esto sucediera -murmuro-. Era la voluntad de Dios.

Me contemple las manos, sorprendida de que tia Yvette pudiera sentir pena por un hombre que la habia tratado tan mal.

– Vamos -dijo Bernard, conduciendonos al interior de la casa-, hablemos mientras comemos. Simone y yo nos morimos de hambre.

Tia Yvette desengancho los pestillos de los postigos de las ventanas de la cocina y los abrio de par en par para que entrara el aire de la tarde. Golpearon las paredes exteriores con un ruido seco y un repiqueteo. Olly aparecio en el alfeizar de la ventana. Deslice las manos por su lomo y lo acune entre mis brazos. Despues de haber llevado en brazos a Bonbon, que era tan ligera, Olly me pesaba como un saco de patatas. Ronroneo y se froto contra mi tan energicamente que se desprendieron al aire varios mechones de su pelaje. Le rasque el vientre y lo deje sobre las baldosas del suelo. Chocolat y Bonbon se quedaron dormidos junto a la maceta de un geranio: la perrita se acurruco contra la curva del vientre del perro mas grande.

Mi madre nos sirvio higos secos, almendras y galletas de leche en un plato.

– Segun el notario, si Gerome no se recupera, ambas fincas te pertenecen a ti -me explico Bernard, empujando un vaso de vino en mi direccion-. Pero aunque continue viviendo, nunca volvera a ser el mismo.

Cogi a mi madre de la mano cuando se sento junto a mi. En una ocasion en la que tio Gerome se dirigio a tia Yvette de un modo especialmente cruel, le pregunte a mi madre por que no lo embrujaba.

– Soy curandera -me respondio-. Debo hacer lo posible por sanar la vida, no por danarla. Si Gerome es de esa manera, es que hay un mensaje oculto en su modo de actuar.

Contemple fijamente a mi madre, que me devolvio una mirada llena de orgullo. Habia engordado un poco en Marsella, ademas de haber aprendido a cuidar de mi misma. La idea de que mi madre admirara mi transicion a la madurez me enternecio el corazon, pero tambien me hizo sentir cohibida. Pasee la mirada por la cocina. El silencio de la casa resultaba desconcertante. No se oia el crujido de las tablas del suelo, ni una tos ni un estornudo. Me pregunte donde estaria tio Gerome.

– ?Como administraremos la finca? -les pregunte-. Ya sabeis que yo no sirvo para eso.

– Bernard se va a trasladar aqui -aclaro tia Yvette-. El dirigira la finca y tambien hara las veces de intermediario para vender la lavanda en nuestro nombre y en el de los demas aldeanos.

No pude ocultar mi sorpresa y Bernard se puso colorado desde el cuello hasta la punta de las orejas.

– Soy mas feliz aqui que en ningun otro lugar -explico, con cuidado de no mirar en la direccion en donde se encontraba tia Yvette-. Sois como hermanas para mi.

Con un panuelo anudado al cuello y el pelo engominado hacia atras, Bernard era la version cinematografica que luciria el protagonista de una pelicula ambientada en una finca provenzal, pero no me cabia la menor duda de que lograria hacer de la nuestra un exito.

Desde la muerte de mi padre, habia dejado a un lado su caracter ocioso. Ahora, con la enfermedad de tio Gerome, deseaba meternos bajo su ala y nosotras le queriamos por ello. Ademas, era inteligente y tenia mucha experiencia sobre los metodos agricolas modernos, y mi madre le seria de gran ayuda por sus conocimientos sobre las estaciones y las plantas. Cuando pasamos con el coche por la aldea un momento antes, los hombres nos hicieron un gesto con la cabeza a modo de saludo. A pesar de que Bernard no sentia interes por las mujeres, su trabajo duro y la voluntad que demostraba para mejorar la rentabilidad de la produccion de lavanda en nuestra zona parecian haberle granjeado amistades. Aun asi, me resultaba dificil imaginarmelo jugando a la petanque con los aldeanos o bebiendo licor con Albert Poulet y Jean Grimaud bajo los platanos de la plaza del pueblo.

– Contrataremos mano de obra para que hagan el trabajo fisico - explico tia Yvette-. Tenemos dinero suficiente como para eso. Necesito ayuda con las comidas porque me lleva mucho tiempo cuidar de tu tio. No puede hacer nada por si mismo. Es estupendo tenerte de vuelta.

Visualice el telon de Le Chat Espiegle cerrandose y se me cayo el alma a los pies. En una epoca pasada, no se me habria ocurrido nada mejor que cocinar junto a mi tia en su magnifica cocina. ?Que habia cambiado?

Bonbon se desperto, se estiro y salto sobre el regazo de mi madre.

– Simone ya es una mujer de mundo -comento mi madre-. Esta destinada a hacer grandes cosas.

Вы читаете
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату