publico para ver la representacion.
Me dio unos golpecitos en el brazo.
– Vete a tu camerino y vere si puedo encontrarle.
Monsieur Dargent se volvio hacia los admiradores y dio una palmada:
– Mademoiselle Fleurier necesita un descanso. Manana por la noche volvera a encontrarse con todos ustedes.
La multitud comenzo a dispersarse. Varias personas gritaron que volverian. Un trio de hombres vestidos con esmoquines y sombreros de copa se quedaron rezagados y el mas alto de ellos me miro fijamente. Pero fuera cual fuera el mensaje que trataba de transmitirme, no lo comprendi. Estaba a punto de desmayarme.
Cerre la puerta del camerino y me desplome de rodillas, demasiado agotada como para quitarme los zapatos o el tocado. Fabienne y las hermanas Zo-Zo todavia estaban abajo y agradeci poder contar con unos minutos de tranquilidad hasta que volvieran. La estancia olia a limon y a menta, y a algo mas… ?A tabaco? Abri los ojos y me sobresalte al distinguir a un hombre sentado en la silla de mi tocador. Al principio, pense que era Bernard, pero aquel hombre era unos anos mayor, aunque iba vestido impecablemente.
Se puso en pie.
– Siento haberla sorprendido, mademoiselle Fleurier -dijo-. Queria evitar el frenesi de ahi fuera para poder hablar con usted. Soy Michel Etienne.
Lo anuncio de tal modo que sugeria que yo debia conocerle. Claramente, tenia el aire impositivo de alguien acostumbrado a que le pidieran favores. Pero yo no tenia ni la menor idea de quien era. Tenia una estatura media y constitucion enjuta y nervuda, con una tenue mata de pelo rubio que dejaba al descubierto una frente de entradas generosas. Su acento era suave y nasal, y ya lo habia oido en alguna otra ocasion en Marsella. Era de Paris.
– Ha tenido usted un debut impresionante para ser tan joven - comento-. Si puede venir a Paris, quiza logre hacer algo por usted.
Se llevo la mano al bolsillo de la chaqueta y saco una tarjeta. Me la entrego.
Michel Etienne
Agente teatral
Rue de Saint Dominique, Paris
Me quede desconcertada, pero tambien intrigada.
– ?Paris? -murmure.
Monsieur Etienne me dedico una sonrisa fugaz y me indico que le dejara pasar. Me incorpore lentamente y me aparte de su camino. Me saludo con la cabeza y cerro la puerta tras de si.
?Paris? Examine la tarjeta de color crema y motivos dorados, imaginandome elegantes cafes y ventanas abuhardilladas como las que habia visto en las revistas que Bernard solia traerle a tia Yvette. Visualice las luces refulgiendo sobre el Sena, y el romance y la intriga a la vuelta de la esquina. «Ojala…», suspire, guardandome la tarjeta en mi estuche de maquillaje. Solamente el billete a Paris costaria mas de lo que podia ahorrar en seis meses.
Un golpe en la puerta me sobresalto. La abri para ver al otro lado la cara sonriente de Bernard.
– ?Bernard!
Entro corriendo en la habitacion y me abrazo efusivamente.
– ?Que sorpresa, Simone! -exclamo, echandose a reir-. ?Que historia era esa de que trabajabas de costurera? ?Pero si eres la estrella del espectaculo!
– Si que fui costurera -aclare-. Pero como consegui el papel es una larga historia.
– Tu padre estaria muy orgulloso de verte. El publico se ha quedado encandilado.
Lo cogi de la mano y lo conduje hasta el sofa en el lado de la habitacion que pertenecia a Fabienne. Con la mente todavia acelerada por los acontecimientos de la noche, me costaba concentrarme, pero la alegria de Bernard por el espectaculo me produjo mas satisfaccion que ninguna otra cosa. Me habia preocupado por que pudiera no aprobarlo, pero alli estaba, asegurandome que mi padre se habria sentido orgulloso. Si aquello era cierto, estaba convencida de que mi madre y mi tia tambien pensarian lo mismo. Estaba a punto de contarle lo que habia pasado con el agente de Paris cuando escudrine detenidamente su rostro. En su cara se podia apreciar una sonrisa tensa y bajo sus ojos vi unos circulos oscuros.
– ?Bernard! ?Que sucede? ?Que ha pasado?
– Tengo algo que contarte -me anuncio, cogiendome las manos y bajando la voz-. Ha tenido lugar una desgracia en la finca. Tienes que venir a casa lo antes posible.
Capitulo 7
Cuando le anuncie a monsieur Dargent que tenia que marcharme porque tio Gerome habia sufrido un infarto, recibio la noticia con mucha mas tranquilidad de lo que yo habia esperado.
– ?Que puedo decir? -comento-. Interviniste en el ultimo minuto en dos de mis espectaculos y nos salvaste. Ahora tengo inversores, gracias a ti. Puedo guardarte el papel durante una semana si vuelves inmediatamente.
Por la descripcion de Bernard del estado de tio Gerome, anticipe que no iba a volver a Marsella en tan poco tiempo, asi que acepte continuar con el papel de Sherezade durante dos noches mas para darle tiempo a Fabienne de prepararlo.
Madame Tarasova celebro una fiesta en mi honor en el vestuario con vino y pasteles rusos. La noticia de la enfermedad de tio Gerome me provoco una gran conmocion y desperto una serie de complicados sentimientos en mi interior. Nunca habia querido a mi tio. Era de la opinion de que habia estafado a mi familia y me habia enviado lejos de casa cuando mas necesitaba a mi madre y a mi tia. Y, sin embargo, me senti obligada a volver a Pays de Sault por emociones mas profundas que la mera obligacion. Me preocupaban mi madre y mi tia, y comprendia que aquello era lo que mi padre hubiera querido de mi; pero, para mi sorpresa, tambien senti pena por mi tio. Recorde la expresion atormentada de su rostro cuando me marche de la finca rumbo a Marsella. Era un hombre destrozado por dentro. Y aun asi, cuando contemple las sonrisas de la gente que habia sido amable conmigo en Le Chat Espiegle -madame Tarasova y Vera, Albert, monsieur Dargent y Marie-, la compasion se mezclo con un sentimiento de culpa. Aquella era mi vida ahora. ?Como podia abandonarla, sin mas?
– Tu tio ha quedado gravemente incapacitado -me explico Bernard en el coche, camino de Pays de Sault-. Tu madre y tu tia han estado cuidando de el, pero les esta pasando factura.
Bernard conducia el mismo automovil que cuando llego para la primera cosecha de lavanda, aunque su traje era menos elegante que el que llevaba entonces. Tenia un toque rustico, tanto que al principio pense que llevaba puesto el mejor traje de los domingos de mi padre, pero me di cuenta de
