yo pudiera tener se desvanecio cuando Zephora canto. Marcel y Fabienne demostraron su respeto quedandose sobrecogidos y boquiabiertos.

Zephora contaba con una voz dotada de autoridad. Tenia un toque metalico y su tremolo era tan exagerado que el suelo vibraba cada vez que pronunciaba una erre, pero cuando cantaba te atraia hacia ella, como un pez atrapado por la cana de pescar. E incluso aunque la carne de sus caderas se bamboleaba cada vez que pasaba el peso de su cuerpo de un pie al otro, irradiaba mas carisma que obesidad. Zephora era como un panal rezumando miel. Supe que iba a cosechar un gran exito entre los espectadores masculinos. Y teniendo en cuenta que aproximadamente el noventa por ciento de la gente que venia a ver los espectaculos de Le Chat Espiegle eran hombres, eso era lo que realmente importaba.

Al dia siguiente, tenia una cita con madame Tarasova para que me arreglara mi traje.

– ?A que viene esa cara tan sombria? -me pregunto, levantando la vista de la maquina de coser.

Llevaba el pelo peinado en una trenza enroscada alrededor de la coronilla con un estilo que le sentaba mejor que su habitual mono apretado. No deseaba hablar sobre mi fracaso en la audicion, asi que intente cambiar de tema felicitandola por su nuevo peinado. Pero madame Tarasova comprendio mi tactica y persistio:

– Bueno, entonces -me pregunto, arqueando las cejas-, ?quien se ha muerto?

Vera estaba colgando unos trajes en una barra elevada con ayuda de una vara.

– Esta disgustada por su audicion -comento.

Madame Tarasova me espeto:

– Ha sido tu primera audicion y fuiste lo bastante insensata como para presentarte sin haberte preparado. Puede que seas capaz de ponerte en pie y cantar en una boda, pero en el escenario no es lo mismo. Tienes que practicar una y otra vez.

Se levanto de la maquina de coser y se puso la cinta metrica alrededor del cuello.

– ?Por que no ajustamos para ti el traje que Camille tenia que ponerse? -propuso-. La nueva protagonista va a necesitar uno nuevo de una talla completamente distinta.

– ?Que deberia haber hecho en la audicion? -le pregunte a madame Tarasova cuando se agacho para medirme las piernas.

– Yo era encargada de vestuario en la opera de San Petersburgo -me conto-. Creeme, los buenos artistas practican durante horas para que lo que hacen parezca facil. No solo te pones en pie sobre el escenario y te conviertes automaticamente en una estrella, aunque parezca que ellos si lo consigan.

Vera me ato un panuelo al pelo.

– Tu serias una Sherezade mucho mejor que Zephora si entrenaras la voz -me dijo.

– ?Tu crees? -le pregunte, notando que mejoraba mi animo.

– Tienes un buen tono -me respondio-, pero no has entrenado la voz. No podrias cantar un espectaculo entero de ninguna manera.

Cogio aire y canto una estrofa de una de las canciones de Sherezade, manteniendo la ultima nota antes de dejar que se extinguiera. El sonido era uniforme y muy hermoso.

Vera se echo a reir ante mi asombro.

– Yo tambien planeaba ser cantante, pero los bolcheviques tenian otros designios para mi.

– Podrias ayudar a Simone con su voz -propuso madame Tarasova mientras deslizaba la cinta metrica alrededor de mi cintura-. Aunque al final acabara por necesitar lecciones de verdad.

– Podemos practicar con el piano del sotano -asintio Vera-. Utilizariamos las canciones de Sherezade antes de que los demas vengan a ensayar.

Me reproche a mi misma el haberme dejado derrotar tan facilmente. El problema no era yo; era mi falta de experiencia. Y parecia que madame Tarasova y Vera pensaban que, si me esforzaba, lograria ser una buena cantante.

Sherezade resulto ser el espectaculo de mas exito en Le Chat Espiegle. Hacia el final de la segunda semana habia corrido la voz y la multitud formaba colas desde las taquillas por todo el vestibulo y a lo largo de la plaza para conseguir asiento. Los espectadores no se desalentaron ni siquiera cuando los cielos se abrieron para dejar caer un torrente de lluvia. Sencillamente, abrieron sus paraguas y siguieron charlando bajo ellos mientras esperaban para comprar una entrada. Ademas de nuestra clientela habitual de marineros y obreros, la publicidad tambien atrajo a funcionarios de aduana, maestros, medicos, peluqueros, trabajadores del ayuntamiento y otros respetables integrantes de la sociedad marsellesa. Monsieur Dargent estaba radiante gracias a su primer exito de verdad. El aspecto demacrado que habia caracterizado su rostro desde la marcha de Camille se desvanecio en cuestion de dias. Nos daba palmadas en la espalda, nos pellizcaba las mejillas y se aficiono a fumar puros como un verdadero empresario teatral.

Sin embargo, el exito del espectaculo no puso freno al mal ambiente. Si algo hizo, fue empeorarlo. Gerard se apostaba entre bastidores frotandose sus peludos nudillos y murmurando sobre los defectos de todos los demas. Y aunque se habia vuelto a incluir en el espectaculo el baile con voltereta de Claire, no dejo de fruncirle el ceno a monsieur Dargent o de bufarme a mi. Habia rumores de que Paulette habia sustituido el pegamento para postizos de Madeleine por miel, por lo que esta ultima habia perdido su cache-sexe durante la representacion del miercoles por la noche y monsieur Vaimber tuvo que sacarla de un tiron del escenario. En represalia, Madeleine echo arena en la crema desmaquillante de Paulette, y a partir de entonces Paulette lucio varios rasgunos en las mejillas y la barbilla. Y, sin embargo, todos aquellos egos compitiendo por la atencion del publico lograban mejorar el rendimiento del reparto.

Zephora seguia comportandose de manera distante y su frialdad incluso empezo a afectar a monsieur Dargent. Antes y despues de cada espectaculo, se retiraba a su camerino y se negaba a recibir visitas. Una noche, monsieur Dargent le rogo que se asomara para ver a los admiradores que la esperaban en la entrada de artistas y lo unico que recibio fue una cortante respuesta:

– ?Dejeme en paz! ?Estoy demasiado cansada!

En su lugar, nos enviaron a Fabienne y a mi abajo para entablar conversacion con los impacientes admiradores de Zephora, aunque yo no tenia ni idea de como hablar con aquella multitud de hombres balbuceantes que se encontraban junto a la puerta. Fabienne, que se consideraba una experta en recibir piropos, me ayudo.

– ?Oh! ?No la acosen a ella! Es demasiado joven para ustedes. Vengan aqui y hablen conmigo.

Aunque trabajabamos a destajo, Vera no dejaba escapar ni un solo momento para entrenar mi voz. Independientemente de lo tarde que hubieramos terminado la noche anterior; nos reuniamos todas las mananas a las once en el sotano. Ella tocaba notas al piano para que yo las cantara, e iba subiendo el tono mas y mas, todo lo que yo podia seguirla.

– Tienes una encantadora voz de mezzosoprano -me decia-. Y la proyectas bien. No entiendo que pudo pasar durante la audicion. Quiza fueron los nervios.

Vera me explico que podia superar mi nerviosismo si respiraba correctamente.

– No cojas mas aire del que necesitarias para oler una rosa y despues deja salir tu voz sobre esa amortiguacion de aire -me explico.

Cantamos todas las canciones de Sherezade

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