la mesa. Decidi que habia llegado la hora de marcharse cuando un grupo de tres chicos se sentaron en la mesa contigua y comenzaron a echar miraditas en mi direccion. Puede que yo fuera joven, pero tambien demasiado seria como para pensar en romances. Tenia otras ideas mas importantes en la cabeza.

Mi primera audicion era para formar parte del coro del Folies Bergere. Me pase la manana repasando una cancion de Sherezade y leyendo Le Figaro. La audicion era para el espectaculo de la siguiente temporada: Coeurs en Folie: Corazones a lo loco, en el que iban a actuar las bailarinas de cancan del grupo de John Tiller Girls con trajes del disenador ruso Erte.

Le Figaro aseguraba que la cantidad de tela utilizada en el espectaculo se podia extender entre Paris y Lyon, y que el propietario del teatro, Paul Derval, eran tan supersticioso que los titulos de todos los espectaculos debian contener trece letras. Deje el periodico a un lado y conte las letras de mi nombre. Catorce. Me pregunte, mientras crecia la ansiedad en mi interior, si aplicaria la misma regla para las coristas.

Me tome mi tiempo para comprender el funcionamiento del metro. Me llevo varios minutos armarme de valor para aventurarme escaleras abajo hacia la oscuridad de la estacion. Finalmente, me uni a la cola de un grupo de estudiantes y les segui. Compre el billete en la taquilla y me encontre a mi misma en medio de una multitud que me empujaba hacia las profundidades de un tunel. En el anden estudie el mapa y me desconcerto la amalgama de lineas de colores que se entrecruzaban y terminaban en alejados suburbios. Una anciana me explico que tenia que hacer transbordo en Chatelet para llegar a Cadet.

Contemple fijamente la negrura del tunel hasta que dos luces como los orificios incandescentes de la nariz de un remoto dragon rompieron la oscuridad y un tren entro traqueteando junto al anden. Me empujaron hacia el interior del vagon y tome asiento tan cerca como pude de la puerta, aterrorizada por la idea de pasarme de parada y acabar perdida en el laberinto de tuneles. Las puertas se cerraron con un estruendo, repiqueteo una campana y el tren arranco. En otras circunstancias, habria disfrutado de mi primer viaje en aquel metro tan moderno, pero me sentia demasiado preocupada por la audicion. En cada parada se subia todavia mas gente y finalmente tuve que estirar el cuello para leer los nombres de las estaciones por encima del mar de cabezas y brazos. «Saint Germain des Pres. Saint Michel. ?Chatelet!»

Segui al gentio fuera del tren y de algun modo logre encontrar el anden de los trenes que se dirigian al norte. El siguiente vagon estaba tan atestado como el primero y esta vez no pude sentarme. Me abri el cuello del abrigo: con todos aquellos cuerpos pegados unos contra otros, el vagon echaba humo. Pero apenas habia espacio para moverse y no hubiera podido quitarme el abrigo ni aunque lo hubiera intentado. Puede que el metro fuera moderno, pero me parecia una manera antinatural de viajar: dar bandazos a ciegas por un tunel me hacia perder por completo el sentido de la orientacion. El tren se detuvo en una parada y vi el cartel que ponia Cadet. Me abri paso hasta la puerta, agradecida de que alguien delante de mi ya la hubiera abierto. De haber sido por mi, me habria quedado pasmada ante las puertas hasta que el tren hubiera vuelto a arrancar, porque no me habia dado cuenta de que, aunque se cerraban automaticamente, habia que levantar el pestillo para abrirlas.

Emergi de la estacion a la luz de la tarde con tanto alivio como un animal escapando de una trampa. La destartalada combinacion de cafes, carnicerias, tiendas de ultramarinos y de baratijas, de restaurantes y de bares estaba menos planificada que en Montparnasse. Abri el bolso para consultar la direccion del Folies Bergere. Aun desorientada por el viaje en metro, eche a andar en la direccion opuesta a la que en realidad deberia haber tomado.

Admire las casas rosas y verdes cubiertas de sencilla hiedra. Aquella zona podria haber tenido el ambiente de una aldea de no ser por los sordidos tipejos que apestaban a bebida y a cigarrillos merodeando por los soportales. Cuando llegue al transitado Boulevard de Rochechouart, me di cuenta de que me habia perdido. Un policia me dio indicaciones para volver a la Rue Richer. Me cruce con varios artistas callejeros por el camino, entre ellos un contorsionista indio que se enredaba sobre si mismo encima de una alfombrilla para entretener a los clientes de un cafe cercano. Aunque logro doblar ambas piernas por detras de la cabeza, escuche sus articulaciones crujiendo y senti un estremecimiento. Hacia demasiado frio como para realizar aquellas hazanas de flexibilidad.

Llegue a la Rue Richer e inspire profundamente junto al exterior de las puertas de cristal del Folies Bergere, deslumbrada por la lujosa alfombra, el revestimiento de madera de las paredes y las relucientes lamparas de arana. Un portero con galones dorados en los hombros me informo de que los artistas que se presentaban a la audicion tenian que utilizar la puerta lateral en la Rue Saulnier.

Doble la esquina y se me paro el corazon durante un instante. Habia alrededor de cincuenta mujeres pululando junto a la puerta de artistas. La direccion del teatro solo buscaba a tres coristas para sustituir a otras que no habian renovado su contrato tras el espectaculo anterior. ?Por que habia tantas participantes en la audicion? Algunas de las mujeres habian trabado conversacion, pero la mayoria estaban sentadas en las escaleras o de pie, solas, repasando la letra de sus canciones, fumando o con la mirada perdida. Me incline contra una farola y me replantee mi tactica para la audicion. Sabia que conseguir un papel para el coro de uno de los teatros de variedades mas prestigiosos del mundo no iba a ser facil, pero no esperaba que fuera a haber tanta competencia. Habia acabado subiendome al escenario de Le Chat Espiegle por accidente, e incluso entonces conocia de antemano al empresario teatral y a la mayoria de los integrantes del reparto. En Paris, parecia que iba a tener que trabajar duro y aceptar las cosas sin panos calientes. Mientras me recuperaba de la sorpresa, una chica rubia con ojos dorados miro en mi direccion y bostezo. Estudie a las mujeres que me rodeaban. La mayoria eran rubias y casi todas lucian modernos cortes de pelo. Habia pocas chicas muy altas y, claramente, ninguna de ellas tan morena como yo.

Al cabo de un rato, una mujer de mirada seria aparecio en el umbral de la puerta.

– Bonjour, senoritas -saludo, dando una palmada-. Desnudos a la izquierda. Coristas a la derecha.

Junto con las otras chicas, le preste atencion rapidamente. Nos dividimos lentamente en dos filas. Me alivio ver que la chica de ojos dorados se ponia en la fila de los desnudos, pero aun habia otras dieciocho aspirantes para el papel de corista.

– He oido que Raoul nos acompanara durante el baile -comento una chica de acento ruso a su acompanante francesa-. Es estricto, pero amable.

Su comentario me hizo sentir aun mas sola e inexperta. ?Era la unica que no sabia que sucedia en una verdadera audicion?

Despues de entregar nuestras partituras, la mujer nos condujo a una estancia para que nos pusieramos la ropa de ensayo. A medida que nos desvestiamos y volaban por los aires las medias, las camisolas y blusas, el aire se tino de un fetido olor a sudor nervioso. Me temblaron los dedos cuando me ate las zapatillas de baile, pero me recorde a mi misma que las audiciones formaban parte del camino para convertirse en una verdadera artista.

– Vamos, dense prisa, por aqui -nos urgio la mujer cuando vio que estabamos listas.

Nos apremio para que entraramos en una sala de ensayos con una desgastada tarima y las paredes cubiertas de espejos. Un hombre vestido con mallas y camiseta se encontraba al frente de la habitacion, con los brazos cruzados al pecho. La mujer tomo asiento al piano. Cuando todas hubimos entrado en la habitacion, el hombre cerro la puerta.

– Me llamo Raoul -anuncio con una voz chillona que no casaba con un hombre tan musculoso-. Y quiero que se organicen ustedes en parejas para la parte de baile. Realizaran la audicion de dos en dos. Eso agilizara las cosas.

Hicimos lo que nos habia indicado. Sabiendo que si me unia a una chica bajita lo unico que lograria seria exagerar mi estatura, me empareje con una muchacha de piernas largas cuyo elegante pelo corto le tapaba la mitad de la cara.

Raoul avanzo a grandes zancadas hasta el centro del grupo.

– A continuacion, les mostrare la variacion solo dos veces -advirtio,

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