levantando dos dedos de la mano-. Esto forma parte tambien de su audicion, porque si no pueden aprenderse los pasos rapidamente, no hay lugar para ustedes en el Folies Bergere, ?entendido?
Las pocas caras que habian mostrado una sonrisa hasta ese momento adquirieron la misma expresion alicaida que el resto del grupo. El corazon me latia en el pecho tan fuerte que pense que no lograria escuchar nada de lo que Raoul dijera. Ejecuto un rapido paso cruzado, que probablemente era la unica cosa util que yo habia logrado aprender de madame Baroux, con pose egipcia de brazos y varias patadas al aire como remate. Me sorprendi a mi misma, porque logre memorizar aquellos pasos mas rapido que las demas, incluida mi companera, que arrastraba los pies convirtiendo sus movimientos en un vaiven tembloroso. Me hubiera encantado ensenarle a hacerlo correctamente, pero no teniamos permitido hablar entre nosotras. Por suerte para ella, nos dieron otros diez minutos para practicar por nuestra cuenta, al final de los cuales la mayoria de las chicas habian logrado aprenderse la variacion.
Despues de practicar el baile, nos llevaron a una sala en la que habian encendido las luces de emergencia del escenario y habia un hombre sentado al piano, seleccionando la musica de una lista de nombres. Raoul nos condujo a los bastidores y nos indico que no hicieramos ruido. A medida que desfilabamos frente a la primera fila, percibi a dos hombres sentados alli y asumi que eran monsieur Derval, el propietario, y monsieur Lemarchand, el productor. Verles alli no calmo mis nervios precisamente. Ambos hombres iban impecablemente vestidos: monsieur Derval llevaba una chaqueta negra con pantalones de raya diplomatica y monsieur Lemarchand tenia el aspecto del tipico sibarita con un traje cruzado y un panuelo en el bolsillo de la solapa.
Senti lastima por las dos chicas a las que llamaron en primer lugar. La primera era una muchacha escultural con el pelo rubio rojizo, que incongruentemente se habia emparejado con una mujer bajita y pelirroja que llevaba una escasa camisola. Espie entre los cortinajes para ver la reaccion de los jueces. Despues de que Raoul presentara a las chicas y monsieur Lemarchand anotara sus nombres, el pianista empezo a tocar la melodia. La chica alta era una bailarina innata: su cuerpo se mecia al son de la musica. Su sonrisa no resultaba forzada, pero yo estaba convencida de que no podia estar pasandoselo demasiado bien, dadas las caracteristicas de aquella audicion. Su companera tambien era buena bailarina, pero su estilo resultaba mas atrevido. Anadia giros de cadera donde no habia y levantaba las piernas siempre un poco mas de lo que dictaria el recato. Monsieur Derval se dio cuenta, pero la expresion de su rostro no revelaba ni alegria ni disgusto. Monsieur Lemarchand mantenia la mirada fija sobre la otra chica.
Terminaron el baile con una elegante pose final, pero justo antes de quedarse en ella la chica alta se resbalo y casi se cayo del escenario. Recupero rapidamente el equilibrio, pero no la compostura. A su acompanante la despidieron con un: «Gracias, eso sera todo, mademoiselle Duhamel», pero a la chica alta le pidieron que cantara su cancion. A pesar de tener la oportunidad de continuar, no logro rehacerse del resbalon. Su voz era buena, pero se le movian los parpados como si tuviera algo metido entre las pestanas y no miraba a los dos hombres. Una muchacha que estaba a mi lado sonrio. Se alegro de que la chica alta estuviera pasando un mal trago, pero a mi me puso nerviosa. Yo actuaba mejor cuando la gente que tenia a mi alrededor daba lo mejor de si misma.
– Ha sido bonito, pero no para este espectaculo -comento monsieur Lemarchand.
La chica les dio las gracias a los dos hombres y abandono el escenario. Senti como le temblaban las piernas cuando me rozo al salir. Tuve ganas de vomitar.
La siguiente pareja lo hizo mejor. Terminaron el baile con un toque realmente profesional, posando con los vientres concavos y las puntas de los pies estiradas, con una mano en la cadera y la otra elevada hacia el techo en una refinada pose final. A monsieur Derval le encantaron. Cuando terminaron sus canciones, les pidieron que se quedaran. Las dos chicas siguientes tambien eran buenas bailarinas, pero una de ellas estaba dotada de una belleza clasica y una radiante sonrisa, mientras que la otra tenia unas piernas gruesas. La segunda chica era mucho mejor bailarina: se movia al son de la musica, mientras que la primera levantaba las piernas de forma mecanica. Sin embargo, le pidieron a la chica mas bonita que se quedara y descartaron a la otra.
Se me subio el corazon a la garganta cuando pronunciaron mi nombre. Mi companera y yo ocupamos nuestro lugar en el escenario, pero el pianista no empezo a tocar porque monsieur Derval y monsieur Lemarchand estaban discutiendo con las cabezas juntas. Nos quedamos alli de pie, con la sonrisa congelada en el rostro y los brazos suspendidos en el aire. La habitacion empezo a darme vueltas y los focos me quemaron los ojos. Pense que, si no me movia pronto, acabaria por desmayarme.
Monsieur Derval le susurro algo a Raoul, que asintio y se volvio hacia nosotras.
– Como la parte cantada es la que esta causando mas problemas, hemos decidido cambiar el orden. Haremos las canciones primero y el baile despues -explico.
Le hizo un gesto a mi companera para que avanzara al frente del escenario y ejecutara su cancion. Hice todos los esfuerzos que pude por mantenerme inmovil. Su voz era tan aguda que sonaba infantil, pero en lugar de sentirse horrorizado por aquel ruido ensordecedor, monsieur Derval parecia encantado con ella. Le pidieron a la chica que esperara para realizar el baile.
«Bueno, pues ya esta», me dije a mi misma cuando me pidieron que avanzara. Trate de recordar la sensacion que habia experimentado la ultima noche que cante en Le Chat Espiegle. Por suerte, proyecte la voz con seguridad y con tanta vitalidad que resono por toda la sala. Me esforce por mirar a mi alrededor como si estuviera cantando para un publico real y especialmente a los dos hombres. Monsieur Lemarchand me devolvio la sonrisa, pero monsieur Derval no me miraba, sino que estaba concentrado en quitarse un hilo suelto de la manga. Aunque solo nos exigian que cantaramos unos pocos compases para la primera ronda, ninguno de los dos me interrumpio, asi que continue cantando el estribillo. Monsieur Derval acabo por levantar la
– Gracias, mademoiselle Fleurier -me dijo Raoul-. Vuelva al fondo del escenario y la veremos bailar.
Estaba nerviosa por haber cantado, pero me concentre en el baile junto con mi companera. No tendriamos por que habernos molestado: monsieur Lemarchand y monsieur Derval no nos estaban mirando. Estaban discutiendo sobre algo, inclinados sobre los respaldos de sus butacas para que no se les oyera, pero escenificaban su conflicto con una serie de gestos de las manos y sacudidas de cabeza. Siguieron discutiendo incluso despues de que mi companera y yo adoptaramos nuestra pose final. Monsieur Lemarchand miro hacia donde yo me encontraba y comprendi que estaban hablando de mi. Mi companera y yo no tuvimos mas remedio que quedarnos congeladas en la misma postura. Raoul se cruzo de brazos y se paseo arriba y abajo por el escenario delante de nosotras, tratando de distraer la atencion de la discusion, pero llegaron a mis oidos algunas de las frases que pronunciaron.
Monsieur Lemarchand dijo:
– Es encantadora. Diferente. ?Vaya voz!
A lo que monsieur Derval le respondio:
– No es lo bastante bonita para el Folies Bergere.
La discusion llego a su fin y monsieur Derval se volvio hacia nosotras y sonrio.
– Gracias, mademoiselle Fleurier, eso sera todo -dijo.
«?No es lo bastante bonita para el Folies Bergere!» Las voces de los pasajeros del
Tosi y mire por la ventana la oscuridad que pasaba a toda velocidad. ?No me habia advertido tia Augustine de que yo no tenia la apariencia fisica de Camille, mucho mas acorde al teatro de variedades? Un espasmo de hambre se me agarro al vientre y pense en la gelida habitacion que me esperaba en Montparnasse. Despues, me imagine a mi madre y a Bernard sentados a la mesa de la cocina en la finca. A tia Yvette asando patatas al fuego. La luz de las llamas parpadeo en las paredes y se reflejo en las copas
