– ?Crees que puedes cantarla? -me pregunto, limpiandose la baba de la comisura de la boca-. Vamos a intentarlo. Canta conmigo.

Toco la melodia otra vez. La cante con el lo mejor que pude mientras me retorcia las manos a la espalda. El desconcierto se reflejaba en el titubeo de mi voz.

– Bonito. Muy bonito -dijo el anciano, sonriendo-. Pero ?que te parece si lo haces un poco mas alegre? A nuestros clientes les gusta divertirse.

Alguien hizo pedazos una botella en el piso de arriba. Algo pesado cayo al suelo. Se oyeron pisadas en las escaleras. Unos segundos despues, la mujer del mono, que asumi que era Deirdre, entro en el sotano.

– ?Ya esta lista? -pregunto.

El anciano asintio.

– Tiene una voz muy bonita. Muy dulce.

Deirdre echo la cabeza hacia atras y me fulmino con la mirada.

– ?Vas a llevar eso puesto?

Me lleve la mano al vestido que Camille me habia regalado.

– Si -tartamudee, estupefacta al descubrir el disgusto con el que contemplaba mi mejor vestido. Era mas bonito que el bluson que ella llevaba.

Se metio la mano en la manga y se saco una tarjeta.

– Si consigues el trabajo, tendras que ponerte un vestido negro. Aqui esta el nombre de nuestro modisto.

Cogi la tarjeta y asenti. Carecia de experiencia como para conocer el chanchullo que se traian entre manos los cafes conciertos de dudosa reputacion. Obligaban a las artistas ingenuas con aspiraciones a comprar trajes de modistos que le entregaban al dueno del cafe una comision por compra.

– ?Te sabes nuestra cancion? -me pregunto Deirdre.

El anciano dejo escapar una risa espeluznante.

– Si que se la sabe. Lo bastante bien.

– Pues vamos entonces -dijo Deirdre, haciendome un gesto para que la siguiera-. Si pasas la audicion, podras quedarte con las propinas que hagas esta noche. Recuerda, solo cuando yo abandone el escenario tu o una de las otras chicas subis. Yo soy la estrella.

– ?Las otras chicas? -pregunte mientras seguia al enorme trasero de Deirdre escaleras arriba. Habia pensado que el club solo tenia tres cantantes.

Deirdre se volvio cuando llegamos al final de las escaleras.

– Si las chicas estan ocupadas hablando con los clientes, te subes al escenario y cantas. Y si no, las dejas a ellas, que llegaron antes que tu. ?Lo captas?

Asenti, aunque no estaba segura de haberlo «captado». Me latia el corazon con tanta violencia que me dieron ganas de vomitar. Cai en la cuenta de que mi audicion tendria lugar delante del publico.

Deirdre senalo cuatro banquetas que habian colocado sobre el escenario y me indico que me sentara en una a la izquierda. Hice lo que me dijo, y deslice el bolso y el abrigo debajo del asiento. Mire al publico. Entre los hombres habia ahora mujeres que observaban los juegos de cartas o tomaban a sorbos sus bebidas. El hedor a cuerpos sin lavar y a ropa rancia era sofocante. Un hombre con una cicatriz que le recorria todo el lateral de la cara le chillo al camarero para que le llevara una bebida. Cuando se la sirvieron, centro su atencion en mi, recorriendome con la mirada desde los pies hasta el pecho. Contemple el cuadro de un cerdo que colgaba en la pared posterior para tratar de evitar su mirada. Por suerte para mi, dos chicas mas se subieron al escenario y tomaron asiento en las banquetas a mi lado y el hombre de la cicatriz paso a fijarse en ellas. Una de las chicas tenia el pelo castano y granos en la barbilla. Sus ojos estaban hinchados, como si hubiera estado llorando. La otra tenia el pelo tenido de rubio y unas cejas negras le resaltaban sobre la frente. El anciano fantasmal salio del sotano y se sento al piano junto al escenario. Paso los dedos por las teclas. Por suerte, aquel instrumento si estaba afinado.

Deirdre se remango la falda y bamboleo sus enormes pechos. Se me cayo el alma a los pies en cuanto entono la primera nota. Su voz era un cruce entre la de un papagayo y la de una cabra, y durante la mayor parte de la cancion se adelanto un par de compases a la musica del piano. Mientras, sacudia las piernas y meneaba las caderas. Nadie le prestaba demasiada atencion, excepto el hombre de la cicatriz en la cara, que continuaba lanzando miradas lascivas.

Estallo una discusion en una de las mesas. Un hombre con una mancha en la pechera de la camisa se giro y le grito a Deirdre:

– ?Callate, vaca gorda! ?Por tu culpa no me entero del juego!

Otro hombre que estaba sentado a una mesa cerca del escenario le escupio un hueso de aceituna a Deirdre. No le dio a ella, pero me reboto a mi en la barbilla. Me limpie la cara, incapaz de ocultar mi repugnancia. Pero si a Deirdre le preocupaba la falta de respeto que le dedicaban los parroquianos por su papel de estrella del espectaculo, no lo demostro. Continuo cantando tres canciones mas, incluida una estridente version de Valencia, en la que tambien interpreto una especie de baile de meneos que me recordo a una paloma picoteando la comida del suelo. Despues, hizo una reverencia y se bajo del escenario.

Agradeci que las otras chicas aun estuvieran sentadas en las banquetas. La de pelo castano se levanto y canto Mon Paris con una voz gutural que no era demasiado mala, excepto porque no lograba sostener el tono. Aquello mantuvo contentos a los tahures, mientras que el resto del publico la ignoraba o le gritaba: «?Canta mas alto!». Incluso el hombre de la cicatriz en la cara dejo de prestarle atencion para fijarse en una prostituta callejera de hombros anchos. La chica acabo su cancion y se bajo del escenario, sentandose al lado del hombre que habia escupido el hueso de aceituna. El sonrio abiertamente, mostrando un hueco en donde deberia haber tenido los incisivos, y le paso el brazo por los hombros como alguien que estuviera tratando de sujetarle la cabeza a un perro rabioso.

Me volvi hacia el escenario y me di cuenta de que la rubia no estaba alli -se habia sentado en el regazo de uno de los jugadores de cartas- y de que el pianista me estaba haciendo gestos con la cabeza. Me baje de la banqueta y me acerque a la parte delantera del escenario. Me alise el vestido y me aclare la garganta. «El rabo de mi perrito se menea, tra la la la.» Estaba tan aterrorizada que se me entumecieron las piernas y los brazos, y cante toda la cancion sin moverme del sitio. Pero no me importaba fracasar en esa audicion; lo unico que queria era marcharme de aquel lugar con vida.

Cuando llegue al final del numero, intente regresar a mi banqueta, pero el pianista volvio a tocar la melodia otra vez y no tuve mas opcion que cantarla de nuevo. Para mi desgracia, todos los que no estaban jugando a las cartas se callaron y se volvieron a escucharme. «Ahi esta, la Torre Eiffel, tra la la la.» Mi voz sonaba como si no fuese mia porque estaba distorsionada por los nervios. Pero en comparacion con las otras chicas, no cabia duda de que era buena. El hombre de la cicatriz en la cara aplaudio.

– ?Cantala otra vez! -me grito.

Una mesa de gente que estaba compartiendo una botella de vino se unio al aplauso. Uno de los hombres dio un paso adelante y echo unas monedas en el bote que habia sobre el piano. El resto de los hombres de su mesa hicieron otro tanto. Rene levanto la vista de la barra y guino un ojo. El pianista me susurro:

– Les gustas. Eres realmente buena.

Durante un momento, todo parecio ir bien. No queria volver a poner un pie en aquel antro, pero esa noche al menos ganaria dinero como para comprarme un vestido nuevo o una alfombra para el suelo. Cante otra vez la cancioncilla, pero esta vez con mas atrevimiento, y eleve la voz para que sonara por toda la estancia.

Un hombre con la nariz rota que estaba jugando a las cartas se volvio y grito:

– ?Alguien puede hacer que esa puta se calle? ?No puedo pensar!

– ?Eso! -dijo su acompanante femenina arrastrando las palabras-.

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