de vino sobre la mesa. ?No seria mas facil regresar?

Me encogi de hombros y deseche aquel pensamiento. Claro que seria mas facil regresar y rodearme de gente que me queria, dormir en una cama caliente y tener el estomago lleno. Pero la chica que se contentaba con pasear por las colinas de Pays de Sault y con sonar con la cosecha de lavanda ya no existia. Yo queria subirme al escenario.

Cuando llegue a Chatelet para hacer el transbordo, ya estaba completamente rendida por mis pensamientos dramaticos y me habia convertido en un dechado de estoicismo. Decidi que tenia que olvidarme de la audicion del Folies Bergere. ?No habia fracasado en la audicion de Le Chat Espiegle y finalmente habia conseguido el papel? ?Y no habia elogiado mi voz monsieur Lemarchand, uno de los directores artisticos mas grandes de Paris?

El tren en direccion a Vavin entro en la estacion. «Ademas -pense mientras tomaba asiento en el vagon intermedio-, no quiero ser un mero pajaro emplumado correteando por el escenario, independientemente de lo prestigioso que monsieur Etienne piense que es». Abri el bolso y saque el programa de audiciones. La proxima era al dia siguiente por la noche en un club nocturno de Pigalle.

«?Esta vez si!», me dije a mi misma, mirando el numero de cantantes que habia en el espectaculo. Solo eran tres, no dieciseis. ?Practicamente era un papel de solista!

Capitulo 9

A la noche siguiente, me marche a la audicion de muy buen humor. Me habia pasado la manana frotando las paredes y el suelo de mi habitacion. Despues cogi el metro a Menilmontant para comprar sabanas en un mercado y un fino colchon de algodon sobre el que pondria un segundo colchon cuando tuviera mas dinero. Descanse por la tarde, preparandome para la audicion y repasando las baladas que habia elegido de Sherezade. Pense que en un local mas pequeno preferirian una actuacion mas intimista.

Eran casi las diez en punto cuando sali del metro en Pigalle. Me asombro ver de que forma cambiaba por la noche el ambiente de la ciudad en el barrio de ocio de la orilla izquierda. Por las decrepitas callejuelas resonaba una animada musica: acordeones, violines y guitarras; voces de sopranos y contraltos; canciones en frances y en ingles. La musica atronaba desde los cafes y retumbaba desde los clubes. Los extranjeros abarrotaban las calles: escandinavos, alemanes y britanicos. Pero mas que todos ellos juntos, habia estadounidenses. Un hombre, demasiado joven para el baston sobre el que se apoyaba, estaba hablando con un grupo de hombres y mujeres ataviados con traje de noche. Comenzaba todas sus frases con una palabra parecida a yawl, mientras que ellos terminaban todas con otra parecida a schure.

«Yawl. Schure», repeti para mis adentros mientras caminaba por el Boulevard de Clichy. Habia meretrices por todas partes luciendo cenidas faldas a pesar del frio. Pase por delante de un bar con un cartel, «Cafe des Americains», sobre la puerta. La gente se sentaba en los alfeizares y salia a tropel por la puerta. La musica resonaba por las ventanas. Me sorprendio la energia y dinamismo de aquella melodia: un piano, una bateria, una trompeta y un trombon. Sonaba como una banda de musica, pero con menos orden. El cantante comenzo a cantar: «Boo-boobly-boo-boo». No hubiera sabido decir si estaba cantando en un idioma extranjero o simplemente emitiendo sonidos sin sentido, pero me gustaba como entonaba la voz y despues volvia a cantar la nota mas aguda.

El club nocturno que yo estaba buscando se encontraba fuera de la calle principal, por una callejuela que apestaba a orina de gato. Me costo trabajo localizar la puerta, pero cuando lo hice me di cuenta de que no tenia pomo. Llame y espere. No sucedio nada. Me pregunte si habria otra entrada desde la calle principal. Lo comprobe, pero no habia. Volvi a la puerta y esta vez la golpee con el puno cerrado. Tras un minuto, se abrio y me encontre cara a cara con una mujer con el cabello peinado en un mono en lo alto de la cabeza y una barbilla que se hundia hacia el cuello.

– Estoy aqui para la audicion -le dije.

La mujer senalo con el dedo pulgar por encima del hombro. Una nube de tabaco hizo que me escocieran los ojos y tarde unos segundos en detectar las sucias paredes pardas y las botellas alineadas en el mostrador. El club estaba lleno de hombres, solos o en pequenos grupos, apinados sobre sus bebidas o juegos de cartas. Uno de ellos miro por encima del hombro y me fruncio el ceno. Me volvi y me encontre frente a lo que adivine que era el escenario del local: unas cuantas tablas que se sostenian sobre un par de caballetes de aspecto fragil. La hondonada que habia en el medio no me inspiraba ninguna confianza.

– ?Eh, Rene! -grito la mujer a un hombre que estaba limpiando vasos tras la barra-. Tu artista esta aqui.

El hombre abrio la barra sobre sus goznes y se aproximo hacia nosotras. Hice lo posible por no quedarme mirandole la barriga, que tensaba los botones de su camisa.

– En el sotano -susurro, echandome un aliento avinagrado en la cara-, la audicion es alli.

Senalo un tramo de escaleras que descendia hacia una habitacion poco iluminada. Si no hubiera estado tan desesperada por conseguir empleo y no me hubiera sentido tan desorientada en Paris, habria sentido el impulso de marcharme de alli en ese mismo instante. En su lugar, baje a tientas las escaleras, presionando las manos contra las humedas paredes. Cuando alcance el ultimo escalon, vi que toda la habitacion tenia barriles alineados a ambos lados. Pense que habia bajado por unas escaleras equivocadas y entonces escuche una voz de hombre a mis espaldas.

– Ah, estas aqui.

Me volvi. Sentado a un piano de pared habia un anciano, tan polvoriento como el resto de la estancia.

– Deirdre se unira a nosotros pronto -me dijo, mostrando una sonrisa llena de manchas-. Tu eres la unica que se presenta esta noche.

El traslucido rostro del hombre y sus labios exangues le daban un aspecto irreal: era como un fantasma encerrado en el sotano con su piano. De no ser por el sonido de una mesa cayendose al suelo y por las voces ce los hombres peleandose en el piso de arriba, que me hicieron volver a _a realidad, no creo que hubiera sido capaz de pronunciar palabra.

– Tengo partituras -le dije, entregandole mis canciones.

Cogio las paginas que le di y las hojeo. Las estaba mirando al reves, pero aquello no parecio importarle.

– Merde! -Escuche el grito del propietario del local gritando en i? piso de arriba.

– Muy bonito -comento el anciano, devolviendome las partituras-. Pero aqui tenemos nuestras propias canciones. Te cantare la cancion y luego la cantas tu, ?vale?

Asenti.

El hombre mantuvo los dedos suspendidos sobre las teclas del piano durante un minuto antes de empezar a tocar. El piano estaba desafinado.

El rabo de mi perrito se menea,

tra la la la.

Mi casera me da la lata,

tra la la la.

Ahi esta, la Torre Eiffel,

tra la la la.

Ah, Paris, ?no es espectacular?

El hombre levanto las manos del teclado.

Вы читаете
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату