dimensiones de un armario, con la griferia de color malva y el papel de las paredes estampado con jacintos. Despues pasamos por una sala, donde me mire un momento en un espejo y me desespero ver lo despeinado que tenia el cabello a causa del viento, y finalmente llegamos al salon, donde las cortinas suavizaban la vista de una pared llena de tuberias.

– Hace calor aqui dentro -comento monsieur Etienne abriendo la ventana, que emitio un crujido.

Con la estufa, la chimenea y el humeante festin que nos habia preparado Lucie en la mesa, hacia bochorno dentro de la habitacion, pero a mi me gustaba asi. Era la primera vez en varios dias que sentia que entraba realmente en calor.

Monsieur Etienne nos indico que nos sentaramos mientras Lucie nos servia la sopa de una sopera. Habia un cuadro detras de el que me llamo la atencion porque no casaba con la decoracion formal del resto del apartamento. Representaba a un grupo de parroquianos saliendo del Moulin Rouge. Las lineas no eran rectas, los rostros estaban exagerados y los colores no eran realistas. Entonces no sabia lo bastante de pintura como para comprender demasiado sobre las dimensiones y la perspectiva, pero las personas de aquel cuadro parecian estar en movimiento. Casi podia oirlas charlar sobre el espectaculo que acababan de presenciar. Monsieur Etienne se dio cuenta de que lo estaba mirando.

– Ese es uno de los de Odette -explico, senalando a mademoiselle Franck-. Sus padres viven en Saint Germain en Laye, que esta demasiado lejos como para que acuda todos los dias a sus clases de pintura, asi que se queda aqui conmigo y me ayuda en el despacho.

– Me gusta -afirme.

– Le he dicho a Odette que tiene que hablar con un marchante de arte que conozco -dijo monsieur Etienne-. Tiene talento.

Mademoiselle Franck se comio una cucharada de sopa.

– No me importa que mis cuadros no se expongan en galerias - comento-. Lo unico que me gusta es pintarlos.

– La ambicion de mi sobrina es casarse -puntualizo monsieur Etienne, con un suspiro.

– Y la de mi tio es impedirlo -replico mademoiselle Franck.

Ambos se rieron alegremente del otro.

El plato principal era pollo asado. La fragancia ambarina de la salsa de mantequilla se me fundio en la boca. Aquella era mi primera verdadera comida en Paris.

– ?Que paso en el Folies Bergere? -me pregunto monsieur Etienne cuando Lucie retiro los platos-. Se que no consiguio usted el papel, pero ?como fue la audicion?

Le conte que monsieur Derval habia dicho que yo no era lo bastante bonita para el Folies Bergere.

Monsieur Etienne encendio un cigarrillo y se recosto en su asiento.

– No -repuso, tras pensarlo durante un momento-. Usted es una hermosa muchacha con una bonita figura. A monsieur Derval no le entusiasman los estereotipos y usted tiene el toque exotico que le suele gustar incluir entre sus rubias y pelirrojas. Creo que esta vez su decision ha tenido mas que ver con que el espectaculo presentara a coristas inglesas con un aspecto muy particular. La enviaremos a las audiciones del proximo espectaculo y veremos que pasa. Mientras tanto, tenemos que encontrarle un trabajo, ?no es asi?

– Creo que el Cafe des Singes sera el sitio perfecto para usted -me dijo mademoiselle Franck, pasandome la crema para el cafe-. Le gustara madame Baquet. A todo el mundo le gusta.

– Esta buscando a alguien que pueda cantar en el turno de las dos de la manana un par de veces por semana -me explico monsieur Etienne-. Con eso pagara usted el alquiler y podra mantener ese trabajo incluso cuando consiga algo en el teatro. Muchas chicas lo hacen y ganan mucho dinero. Desgraciadamente, se lo gastan igual de deprisa.

Mademoiselle Franck puso los ojos en blanco.

– Mi tio siempre les dice a sus clientes que tienen que ahorrar un tercio de lo que ganen. A mi me hace lo mismo. Solo que yo no llego a ver ese tercio antes de que el lo ingrese en un banco en Suiza.

Monsieur Etienne se encogio de hombros.

– Si es inteligente, usted hara lo mismo, mademoiselle Fleurier. La juventud, la belleza y la popularidad no duran para siempre. He visto demasiadas buenas mujeres utilizadas por los hombres y maltratadas por la vida acabando sus dias en hoteles de mala muerte.

Recorde la primera vez que habia visto a monsieur Etienne en mi camerino de Marsella. Entonces me habia intimidado, pero ahora me di cuenta de que la opinion que me habia formado sobre el no era correcta. Sentado en su comedor no resultaba tan imponente ni arrogante. Mademoiselle Franck tenia suerte de ser su sobrina, pues tenia todo lo que un buen tio debia tener: era sofisticado, sensato y amable.

– ?Que tiene pensado cantar para su audicion? -me pregunto monsieur Etienne.

Le hable sobre las baladas de Sherezade y el nego con la cabeza.

– Eso es demasiado teatral para madame Baquet. Querra algo mas personal. ?Que mas tiene?

Le explique que no tenia partituras. Me pregunto como habia conseguido el papel de Sherezade y cuando le explique la historia de Zephora, abrio los ojos como platos por el asombro.

– No me habia dado cuenta de que no tenia usted experiencia en audiciones. Odette y yo la acompanaremos a la audicion en el Cafe des Singes cuando volvamos a fijarla. Mientras tanto, ella puede llevarla a comprar partituras. No se preocupe por el dinero. Podemos arreglarlo mas tarde, cuando empiece a trabajar.

Comprendi que monsieur Etienne no entablaba amistad con todos sus clientes, era demasiado profesional para eso. Y aun asi, cuando me sonrio y me estrecho la mano antes de que mademoiselle Franck y yo nos dirigieramos a la puerta, note que si nos habiamos hecho amigos.

Mademoiselle Franck me llevo a una tienda de musica en la Rue de l'Odeon. Compramos dos canciones populares a tres francos cada una, un par de canciones que se cantaban tipicamente en los clubes y una de la cesta de descuentos en la parte trasera de la tienda. Hojee las paginas amarillentas. La cancion se titulaba: Es a el a quien amo.

– Puede arreglarla usted como quiera y darle su toque personal -me explico mademoiselle Franck, entregandole las partituras al dependiente y abriendo su monedero.

Mire la letra de la cancion.

Es a el a quien amo,

aunque esta lejos.

Es a el a quien amo,

pero deberia vivir al dia

Habia asimilado con mucha facilidad los superficiales numeros de Sherezade, pero me preguntaba si iba a ser capaz de cantar convincentemente sobre corazones rotos cuando nunca me habia enamorado ni desenamorado.

– ?Como de rapido cree usted que puede aprenderselas? -me pregunto mademoiselle Franck cuando salimos a la calle.

– Puedo aprenderme las letras hoy mismo -le respondi-, pero ?como me las voy a apanar con la melodia? No se leer musica.

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