cubiculo contiguo una chica vestida con un uniforme blanco le estaba haciendo un peinado ahuecado alto a otra mujer.
Camino lentamente por el suelo embaldosado y saludo a Odette besandola en las mejillas. La mujer tenia cerca de cuarenta anos con el cabello castano liso dividido por una raya desde la frente y la longitud de su melena aumentaba gradualmente desde la nuca hasta la barbilla.
Madame Chardin me contemplo fijamente. Al lado de Odette, yo debia de tener un aspecto lamentable con mi vestido provinciano y mi abrigo desgastado, pero madame Chardin tuvo la consideracion de no demostrarlo.
– Por supuesto -dijo, dando una palmada-. Lo puedo hacer yo misma porque en este momento estoy libre.
Madame Chardin nos condujo hasta un cubiculo en el extremo final del salon. Se puso una bata blanca de peluquera y coloco varias botellas y peines en una bandeja. La contemple con curiosidad. La mayoria de las mujeres de su edad empezaban a adquirir aspecto de matronas, pero gracias a su estilizada figura y su actitud efervescente, madame Chardin mantenia un aire juvenil. Odette tomo asiento mientras madame Chardin me colocaba en una banqueta. Cogio un peine y lo introdujo en mi cabello enredado. En lugar de sorprenderse porque fuera ingobernable, madame Chardin parecio sentir una emocion creciente con cada mechon que me desenredaba. Probablemente no se le solian presentar desafios como este muy a menudo. Yo debia de ser para madame Chardin lo que Africa representaba para un explorador.
Cuando termino de peinarme, me echo el pelo hacia atras, dejandome la cara despejada, y trazo una silueta en el espejo con el dedo.
– Buenos pomulos -murmuro-. Una boca bonita y una mandibula fuerte. No nos interesa algo demasiado corto. Lo que necesita es un leve flequillo y algunos rizos para enmarcar el rostro.
– ?Exacto! -animo Odette, inclinandose hacia delante en su asiento y estrechandose las rodillas.
Madame Chardin selecciono unas tijeras y corto mechones de aproximadamente veinticinco centimetros de longitud, echandolos en una cesta a sus pies. Trague saliva al darme cuenta de lo que me estaba sucediendo. Ni siquiera recordaba haber llevado el pelo corto nunca. Si aquel estilo resultaba ser un desastre, no tenia idea de cuanto tardaria en volver a crecerme.
– Tienes un color intenso -comento madame Chardin-. Mi marido tuvo una vez un caballo de carreras que…
Tintineo la campanilla del mostrador de recepcion y una voz retumbo por todo el establecimiento.
– ?Puede alguien ocuparse de mi pelo? Tengo prisa.
Nos volvimos para ver a una muchacha que estaba junto al mostrador de recepcion. Llevaba un sombrero cloche, un vestido malva con enormes flores tropicales bordadas en el y unos zapatos brocados. Una de las ayudantes de madame Chardin saludo a la mujer y la condujo a un cubiculo.
Madame Chardin continuo cortandome el pelo, pero se inclino hacia nosotras para susurrarnos:
– Me gustan esas chicas estadounidenses. Siempre dicen lo que piensan y se divierten mucho. Pero,
– Tantos colores sobre una muchacha tan corpulenta no resultan favorecedores -asintio Odette.
– Esperemos que nadie la confunda con un sofa -dijo madame Chardin y guino un ojo-. Bueno, yo no aprendi a vestir correctamente hasta que me case.
– Cuentele a Simone la historia de mademoiselle Chanel -le insto Odette.
Madame Chardin estiro mi cabello entre sus dedos.
– Cuando mi marido y yo nos mudamos de Biarritz para abrir mi salon aqui, me ponian nerviosa las mujeres parisinas y estaba desesperada por agradarles. Una de mis primeras dientas fue mademoiselle Chanel, la
»Un dia, llego con un humor de perros porque habia discutido con unas de sus compradoras. No le gusto el cubiculo en el que la emplace, se quejo de que mis manos estaban demasiado frias, de que la silla estaba demasiado baja y de que le hacia dano en la espalda. Mientras ella se encontraba en el secador, tuve que escabullirme y beber un sorbo de
»Aquel dia, al saber que vendria mademoiselle Chanel, me habia puesto mi mejor vestido y creia que tenia un aspecto
»Se puso en pie de un salto y me quito las tijeras de las manos, con los ojos echandole chispas. Durante un terrorifico momento pense que habia perdido la cabeza y que me iba a cortar el pescuezo. Dirigio las tijeras hacia mi y le pego un tijeretazo a los adornos del cuello de mi vestido. Despues, antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba haciendo, corto el encaje de la cintura y los volantes de las mangas. Lo unico que me dejo fue el ramillete de gardenias que llevaba en la solapa. Me habia arruinado un vestido de cuatro mil francos.
»'Ya esta -dijo, haciendo caso omiso de las lagrimas en mis ojos-. Quite siempre de en medio, reduzcalo todo. ?No anada! Las estadounidenses siempre llevan demasiado de todo'.
– ?Pero que espanto! -exclame, incapaz de imaginarme que aspecto tendria un vestido de cuatro mil francos-. ?Que mujer mas horrorosa! ?Le pidio usted que le pagara el vestido?
Mire fijamente a madame Chardin. Estaba hablando un idioma que yo no entendia.
– Yo pensaba que los complementos eran para hacer que las cosas fueran bonitas.
– Mire esto -dijo madame Chardin, dando un paso atras y abriendose la bata para mostrarnos su vestido y su elaborado broche-: El corte tiene que ser simple y perfecto. Despues se elige algun complemento de manera que destaque, como un diamante o un trozo de terciopelo. Las estadounidenses nunca se deciden entre un par de zapatos rojos, un collar de perlas africanas o una pulsera de jade…, ?sino que se lo ponen todo junto! Sin embargo, para tener estilo, hay que saber donde parar. Elija un complemento, ?solo uno! Ese es el secreto para tener un aspecto chic.
Cuando madame Chardin termino de cortarme el pelo, calento un rizador e hizo ondas en los bucles que me salieron a los lados y en las puntas. Contemple mi reflejo, incapaz de asimilar la transformacion. Me sentia aturdida, pero satisfecha. Me imagine a mi misma bebiendo
