formas.

Volvi a colgar el auricular. Por supuesto, no habia ningun prometido, pero pense que era mejor rechazar al hombre con delicadeza. Unos minutos mas tarde, el telefono volvio a sonar, pero no lo cogi. Finalmente, se quedo en silencio, pero volvio a sonar de nuevo. Mire fijamente hacia la banda de musica e hice como que no lo oia.

– Su telefono esta sonando -me informo la mujer de la mesa de al lado.

Le dedique una mirada de estupefaccion, aunque se habia dirigido a mi en frances.

Un momento despues, un muchacho vestido con un uniforme y un gorro azules se aproximo a mi.

– Un envio del servicio de correos del Resi -me anuncio, y coloco un paquete envuelto en papel dorado sobre la mesa.

Estaba a punto de decirle que habia habido un malentendido, cuando me di cuenta de que la tarjeta que lo acompanaba estaba dirigida a «la fraulein de la mesa numero 14».

– ?De quien es? -le pregunte.

– Del caballero de la mesa numero 31 -me respondio-. ?Tiene algun mensaje en respuesta para el?

Negue con la cabeza. ?Que sucedia alli? Pasee la mirada por la estancia, con cuidado de evitar mirar hacia la mesa numero 31. Andre y el conde estaban de pie junto a la barra, mirando en mi direccion y riendose. Les hice un gesto con la mano.

– No me voy a acostumbrar nunca a sus bromas -les dije-. ?Que tipo de lugar es este?

– Es divertido, ?verdad? -comento el conde-. Nadie tiene por que estar solo en Berlin. Si ve a alguien que le gusta, lo unico que tiene que hacer es llamarle o enviarle un regalo: perfumes, cigarros o cocaina.

No era en absoluto lo que yo esperaba de aquellos berlineses circunspectos. Que alegre parecia la vida entonces. Que hermoso y divertido.

Mademoiselle Canier regreso del tocador oliendo a lirios y, por lo demas, tan arreglada como siempre. Nos quedamos con el conde en el Resi hasta que cerro, bailando la musica de jazz y bebiendo champan a precios que habrian asombrado incluso a los parisinos. Me olvide del joven que me habia gritado improperios en la calle y de lo que Andre me habia contado sobre la guerra. Me deje llevar por la alegria que me rodeaba. Estaba haciendo lo mismo que todos los demas en el Resi: abandonarme a la decadencia y tratar de olvidar el mundo real que se cernia en el exterior.

Capitulo 18

Me habia imaginado que mi estancia en Berlin iba a ser como unas vacaciones, donde podria pasar de una diversion a la siguiente con un helado en la mano. Sin embargo, Andre tenia otros planes. Descubri que aunque fuera frances, y en su caso particular un parisino adinerado, disfrutaba trabajando. Es mas, esperaba que yo me sintiera de la misma manera. Por supuesto, yo queria ser una estrella y estaba preparada para hacer todo lo que hiciera falta para ello, pero no podia imaginarme que mis dias en Berlin iban a comenzar tan temprano y terminar tan tarde, y que iba a pasarme todo el tiempo saltando de una clase a otra.

Unos dias despues de visitar Eldorado y el Resi, Andre me informo de que el conde me habia conseguido una plaza con madame Irina Shestova, que antes habia pertenecido al Ballet Ruso.

– ?Ballet! -No tenia ninguna intencion de revivir la pesadilla de clases de madame Baroux en Le Chat Espiegle.

– Pero no para bailar con puntas -exclamo Andre, echandose a reir-, sino para adquirir gracia y elegancia. Para hacer de ti una sangre azul del escenario. De otro modo, pareceras torpe cuando actues con las coristas.

A la manana siguiente, cogi un taxi hasta el estudio de madame Shestova en Prager Platz, no muy lejos de Kurfurstendamm. Para mi alivio, madame Shestova no tenia ninguna intencion de convertirme en una bailarina profesional. Me ayudo a mejorar mi postura y equilibrio con ejercicios en la barra. Pero, por lo visto, su mision mas importante era asegurarse de que yo supiera inclinarme para saludar.

– Como una reina que despliega su magnanimidad frente a una congregacion de subditos que la aclaman -me explico, haciendome una demostracion de una elegante reverencia con un pie ligeramente adelantado y doblandose desde las caderas, mas que desde los hombros-. ?No como una cria tambaleante que espera gustarle a todo el mundo para que no la manden a la cama sin cenar!

Despues de madame Shestova, me programaron una clase con Louise Goodman, una profesora estadounidense de baile que habia estudiado en la Denishawn School de Nueva York. Su estilo de baile era el que propugnaba Isadora Duncan, en el que los movimientos surgian instintivamente del cuerpo en contraposicion a que los pasos de baile fueran los que lo forzaran. Su estudio era mas grande que el de madame Shestova, pero apestaba a pintura porque lo compartia con dos artistas que pintaban alli por las mananas, cuando la luz era mejor.

– No se que puedo ensenarle -me confeso-. Usted ya es una bailarina innata.

En realidad, me enseno muchisimo sobre el equilibrio de los opuestos a la hora de bailar: moverse arriba y abajo, estirarse y relajarse, caer y levantarse. «El yin y el yang», como ella lo llamaba.

Sin embargo, los planes de Andre para mi educacion no acababan ahi. Tras dejar la clase de mademoiselle Goodman, regresaba al hotel para tomarme un almuerzo ligero de pan y ensalada, que forzosamente tenia que serlo, porque sabia que no era bueno cantar, correr y saltar con el estomago lleno. Y esas tres cosas eran precisamente lo que hacia en las clases de produccion de voz con el doctor Oskar Daniel, el entrenador de voz de Caruso y Marlene Dietrich.

Tras hacerme sortear unas cuantas sillas y ejecutar varias volteretas laterales seguidas, me ordeno que cantara un re agudo.

– ?Cantelo con todas sus fuerzas! -me exigio, golpeando su baston contra el suelo-. ?Cantelo con tanta fuerza que puedan escucharla hasta en Paris!

– Te he encontrado un profesor de ingles -anuncio Andre, llegando a mi habitacion una manana, cuando mademoiselle Canier estaba ausente en el baile de su prima.

Yo me encontraba reclinada en el sofa con Kira acurrucada sobre el regazo, recuperandome de una sesion con el doctor Daniel donde no solo habia sorteado sillas y hecho volteretas laterales, sino que habia tenido que cantar el re agudo mientras lo hacia.

– ?Un profesor de ingles? -exclame, levantando la cabeza del cojin antes de comprobar que aquel minimo movimiento suponia demasiado esfuerzo, y dejandola caer de nuevo.

Andre iba ataviado con un esmoquin. Yo ni siquiera habia pensado en que me iba a poner aquella noche para acudir al Teatro Apollo.

– Para que te de clases de pronunciacion y entonacion el lunes, el martes y el jueves por la tarde.

– ?Por que? -pregunte.

Вы читаете
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату