– ?Perfecto! -respondio agarrandome posesiva el hombro-. ?Ahora solo te queda encontrar al heroe del fresco!

Casi me hizo reir. Eva Maria Salimbeni era una autentica artista cambiando de tema.

– Venga -me dijo, como un profesor a una clase de vagos-, ?donde esta el heroe? Siempre hay un heroe. Mira bien el fresco.

Levante la vista, obediente.

– Podria ser cualquiera.

– La heroina esta en la ciudad -me oriento-, y parece muy triste. El heroe debe de estar… ?Mira! A la izquierda tienes vida entre los muros de la ciudad, luego Porta Romana, la puerta de la ciudad, al sur, que divide el fresco en dos, y a la derecha…

– Vale, ya lo veo -dije, sumisa-. El tio que sale de la ciudad a caballo.

Eva Maria sonrio, pero no a mi, sino al fresco.

– ?Que guapo es, ?verdad?!

– ?Venga ya! ?Y por que lleva ese sombrero de elfo?

– Es cazador. Miralo bien. Lleva una ave de presa y va a soltarla, pero algo se lo impide. El otro hombre, el mas moreno que va a pie y lleva el maletin de pintor, intenta decirle algo, y nuestro heroe se inclina en la silla para oirlo mejor.

– Quiza el que va a pie quiere que se quede en la ciudad -propuse.

– Quiza, pero ?que le ocurriria si lo hiciera? Mira lo que le ha puesto Ambrogio sobre la cabeza. La horca. No es una alternativa agradable, ?no? -Sonrio-. ?Quien crees que es?

No respondi en seguida. Si el pintor del fresco era el mismo Ambrogio cuyo diario estaba leyendo y la bailarina infeliz de la diadema era verdaderamente mi antepasada, Giulietta Tolomei, el jinete no podia ser otro mas que Romeo Marescotti. Sin embargo, no me apetecia que Eva Maria supiera de mis recientes descubrimientos, ni de la fuente de mi conocimiento -a fin de cuentas, era una Salimbeni-, asi que me encogi de hombros y conteste:

– No tengo ni idea.

– ?Y si te dijera -prosiguio ella- que el jinete es Romeo, el deRomeo y Julieta, y que tu antepasada, Giulietta, es la Julieta de Shakespeare?

Logre soltar una carcajada.

– ?Eso no ocurrio en Verona? Y ?no eran una invencion de Shakespeare? En la peliculaShakespeare in Love…

– ?Shakespeare in Love! -me miro como si nunca hubiese oido nada mas repugnante-. Giulietta… -Eva Maria me acaricio una mejilla-, creeme, sucedio aqui mismo, en Siena. Muchisimo antes de Shakespeare. Los tienes ahi arriba, en ese fresco: a Romeo camino del exilio y a Julieta a punto de casarse con un hombre al que no podia amar. -Sonrio al ver mi reaccion y finalmente me solto-: Tranquila. Cuando vengas a verme, hablaremos mas de estas cosas tan tristes. ?Que haces esta noche?

Retrocedi un paso, confiando en poder ocultar cuanto me sorprendia su conocimiento intimo de la historia de mi familia.

– Voy a limpiar mi balcon.

Eva Maria no perdio un segundo.

– Cuando hayas terminado, quiero que vengas conmigo a un concierto precioso. Toma… -hurgo en el bolso y saco una entrada-. Un programa estupendo. Lo he elegido yo. Te gustara. A las siete en punto. Despues cenaremos juntas y te contare mas cosas de nuestros antepasados.

Mas tarde, camino de la sala de conciertos, me note fastidiada. Hacia una noche preciosa y la ciudad bullia de gente feliz, pero yo no lograba contagiarme. Avanzando a grandes zancadas, con la vista fija en la acera, absorta en mis pensamientos, identifique la razon de mi mal humor: me estaban manipulando.

Desde mi llegada a Siena, todos parecian empenados en decirme que hacer y que pensar. Sobre todo Eva Maria. Al parecer, encontraba logico que sus extranos deseos y planes dictasen mis movimientos -etiqueta incluida-, y ahora pretendia trazar mi linea de pensamiento tambien. ?Y si no me apetecia comentar con ella lo sucedido en 1340? Ah, que lastima; no tenia eleccion. Aun asi, por alguna extrana razon, seguia cayendome bien. ?Por que? ?Porque era la antitesis de tia Rose, siempre tan agobiada por no hacer las cosas mal que nunca las habia hecho bien tampoco? ?O acaso me caia bien precisamente porque debia disgustarme? Asi lo habria entendido Umberto: el modo mas seguro de conseguir que me relacionase con los Salimbeni habria sido sugerirme que me mantuviera alejada de ellos. Supongo que era algo propio de las Julietas.

Quiza habia llegado el momento de que Julieta fuese sensata. Para el presidente Maconi, un Salimbeni siempre seria un Salimbeni, y segun Peppo eso significaba desgracias para cualquier Tolomei que se le pusiera por delante. Y no solo en la tempestuosa Edad Media; en la Siena actual, el fantasma del posible asesino Luciano Salimbeni aun no habia abandonado la escena.

Por otro lado, quiza fueran esos prejuicios los que mantenian viva la vieja rivalidad familiar durante generaciones. Quiza el escurridizo Luciano Salimbeni jamas les habia puesto una mano encima a mis padres, pero su apellido lo habia convertido en sospechoso. No era de extranar que hubiese hecho mutis. En un lugar donde se te considera culpable por asociacion, no es probable que tu verdugo se siente pacientemente a esperar sentencia.

De hecho, cuanto mas pensaba en ello, mas se inclinaba la balanza a favor de Eva Maria; a fin de cuentas, parecia decidida a demostrar que, a pesar de nuestra ancestral rivalidad, podiamos ser amigas. Si eso era asi, no iba a ser yo quien aguara la fiesta.

El concierto de esa noche lo organizaba la Academia de Musica de Chigiana en el palazzo Chigi-Saracini, justo enfrente de la peluqueria de mi amigo Luigi. Entre por un portal cubierto que daba a un patio cerrado con una arcada abierta y un viejo pozo en el centro. Imagine caballeros de resplandeciente armadura sacando agua de ese pozo para dar de beber a sus caballos, y supuse que habria sido el paso de las caballerias y las carretas durante siglos lo que habia pulido la superficie de los adoquines que pisaban mis sandalias de tacon. El lugar no era ni muy grande ni muy imponente, pero poseia una serena dignidad que hizo que me cuestionara la importancia de lo que pudiera suceder al otro lado de los muros de aquel cuadrangulo intemporal.

Miraba embobada el mosaico del techo de la arcada cuando se me acerco el acomodador, me dio un folleto y me senalo la puerta que conducia a la sala de conciertos de la planta superior. Lo examine mientras subia, esperando encontrarme el programa del concierto, pero se trataba de una breve historia del edificio en varios idiomas, que rezaba asi:

El palazzo Chigi-Saracini, uno de los mas hermosos de Siena, pertenecio originalmente a la familia Marescotti. El nucleo del edificio es muy antiguo, si bien, a lo largo de la Edad Media, los Marescotti fueron incorporando los edificios contiguos y, como muchas otras familias poderosas de Siena, levantaron una gran torre, desde la cual se anuncio, a golpe de tambor o de pandereta, la victoria de Montaperti en 1260.

Me detuve en mitad de la escalera a releer el parrafo. Si aquello era cierto y no estaba confundiendo los nombres del diario del maestro Ambrogio, el edificio en el que me encontraba en ese momento habia sido originalmente el palazzo Marescotti, el hogar de Romeo en 1340.

Hasta que la gente empezo a estrujarse, irritada, para pasar por delante de mi, no sali de mi estupefaccion y continue avanzando. ?Que mas daba que hubiera sido el hogar de Romeo? Nos separaban casi setecientos anos y, ademas, por aquel entonces, el tenia a su propia Julieta. Aun con mi nuevolook, no era mas que un retono desgarbado de la criatura perfecta de entonces.

Janice se habria reido a carcajadas de mis ideas romanticas. «?Ya estamos otra vez -se habria burlado-: Jules sonando con un tipo inalcanzable!» Y habria tenido razon. Aunque, a veces, esos son los mejores.

Esa rara obsesion por las figuras historicas se me habia despertado a los nueve anos, con el presidente Jefferson. Mientras las otras chicas -incluida Janice- forraban las paredes de su cuarto de posters de cantantes buenorros con el vientre al descubierto, la mia era un santuario dedicado a mi padre fundador favorito. Habia hecho todo lo posible por aprender a escribir «Thomas» con letra de imprenta, e incluso habia bordado una T gigante en un cojin al que dormia abrazada todas las noches. Por desgracia, Janice encontro mi bloc secreto, lo paso por la clase y todo el mundo se carcajeo de mis fantasiosos dibujos, en los que se me veia al pie del Monticello, vestida de novia y cogida de la mano de un Jefferson muy cachas.

Despues, todos empezaron a llamarme Jeff, hasta los profesores, que ni siquiera sabian por que y que, curiosamente, jamas vieron mi cara de pena cuando me nombraban en clase. Al final deje de levantar la mano y decidi limitarme a estar alli, en la ultima fila, escondida tras mi pelo, con la esperanza de que nadie reparara en mi

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