Sin embargo, hasta la paciencia homerica de Romeo iba agotandose con cada baile, haciendo girar a las jovenes como cuerpos celestiales y creando con ellas todas las constelaciones posibles, salvo la unica que anhelaba. Como iban enmascaradas, no estaba completamente seguro, pero, por lo que podia ver de su pelo y sus sonrisas, la joven a la que queria cortejar no estaba alli. Perdersela esa noche seria un desastre, porque solo un baile de mascaras le permitiria colarse en el palazzo Tolomei de forma clandestina, y tendria que volver a rondar su balcon -donde estuviera- con una voz que el Creador no habia hecho para cantar.

Como es logico, existia el peligro de que el rumor lo hubiera confundido y que la joven de ojos azules vista en misa fuera otra persona. En ese caso, su pavoneo en la pista de baile de del senor Tolomei esa noche no habria sido mas que una perdida de tiempo; la joven a la que queria conocer probablemente dormia como un bebe en alguna otra casa de la ciudad. Cuando ya casi estaba convencido de que se trataba de un error, en medio de una galante reverencia de laductia, tuvo de pronto el fuerte presentimiento de que lo observaban.

Introduciendo un giro donde no habia giro, Romeo recorrio con la vista la estancia entera. Y al fin lo vio: un espejismo, medio velado por el pelo, lo miraba fijamente desde las sombras de la arcada de la planta superior. Sin embargo, en cuanto distinguio la forma ovalada de la cabeza de una mujer, esta se oculto entre las sombras, como si temiera ser descubierta.

Se volvio para mirar a su pareja, sonrojado de emocion. Si bien apenas habia podido vislumbrar a la dama de lejos, en su corazon no cabia duda de que lo que habia visto era la figura de la hermosa Giulietta. Ella tambien lo miraba, como si lo conociera y supiese a que habia venido.

Otraductia lo llevo por la sala con una majestuosidad cosmica, luego vino una estampie, hasta que al fin Romeo diviso a uno de sus primos entre la multitud y logro llamar su atencion con una mirada penetrante.

– ?Donde te habias metido? -le susurro furioso-. ?Es que no ves que me muero?

– Me debes agradecimiento, no maldiciones -le replico el otro, ocupando su lugar-, porque esta es una fiesta miserable, con vino miserable y mujeres miserables, y…, ?eh, espera!

Pero Romeo ya se iba, sordo a las palabras de desaliento y ciego a la mirada reprobatoria de la viuda al verlo desaparecer. En una noche asi, no habia puerta cerrada a un hombre audaz. Con todo el servicio y los guardias ocupados en la planta baja, cualquier cosa por encima de ella era para el amante lo que una charca forestal para el cazador: dulce recompensa del paciente.

Alli arriba, en la primera planta, los humos embriagadores de la fiesta de abajo tornaban en joven al viejo, en tonto al sabio y en generoso al tacano y, al recorrer la galeria superior, Romeo paso por muchas estancias oscuras rebosantes de murmullos de seda y risitas sofocadas. De cuando en cuando, un destello de blanco traicionaba la retirada estrategica de ropa y, al pasar por un rincon particularmente salaz, a punto estuvo de detenerse a mirar, fascinado por la infinita flexibilidad del cuerpo humano.

Sin embargo, cuanto mas se alejaba de la escalera, mas silenciosos eran los rincones y, cuando al fin paso la arcada que daba a la pista de baile, alli no quedaba ni una alma a la vista. Donde antes habia estado Giulietta, medio escondida tras una columna de marmol, ya no habia nada, y al final de la arcada habia una puerta cerrada que ni siquiera el se atrevia a abrir.

La desilusion fue enorme. ?Por que no habria huido del baile antes, como la estrella fugaz escapa de ?a aburrida inmortalidad del firmamento? ?Que le habia hecho pensar que ella seguiria alli, esperandolo? Absurdo. Se habia contado un cuento con un tragico final.

Estaba a punto de marcharse cuando se abrio la puerta del fondo de la arcada y una figura esbelta de luminoso cabello se deslizo por el umbral -como una driade se colaria por una grieta en el tiempo-, antes de que la puerta volviera a cerrarse de golpe. Por un instante, no hubo movimiento, ni otro sonido mas que el de la musica de la planta baja, aunque Romeo creyo oir un resuello, el de alguien que no esperaba encontrarselo alli, acechando en las sombras, y contenia el aliento.

Deberia haberla tranquilizado, pero su emocion era demasiado intensa para dominarla con buenos modales. En lugar de ofrecerle una disculpa por la intrusion o, mejor aun, el nombre del intruso, se quito la mascara de carnaval y se acerco, resuelto a sacarla de las sombras y desvelar por fin su rostro vivo.

Ella no se dirigio a el ni tampoco huyo; en cambio, se acerco al balcon y miro a los bailarines. Animado, Romeo la siguio y, cuando ella se inclino sobre la balaustrada, el tuvo la satisfaccion de ver su perfil alumbrado por las luces de la planta baja. Aunque tal vez Ambrogio habia exagerado los rasgos sublimes de su belleza, no habia hecho justicia a la luminosidad de sus ojos ni al misterio de su sonrisa. La ternura de sus labios con vida habia preferido, sin duda, dejar que la descubriera el propio Romeo.

– Esta debe de ser la famosa corte del rey de los cobardes -empezo la joven.

Sorprendido por la amargura de su tono, Romeo no supo que contestar.

– ?Que otro pasaria la noche dandole uvas a una efigie -siguio ella sin volverse aun- mientras los asesinos se pasean por la ciudad presumiendo de sus hazanas? ?Que hombre decente podria contemplar una fiesta asi cuando a su hermano acaban de…? -No pudo continuar.

– Son muchos los que consideran un valiente al senor Tolomei -intervino al fin Romeo con una voz que incluso el mismo extranaba.

– Son muchos los que se equivocan -replico ella-. Y vos,signore, perdeis el tiempo. No bailare esta noche; me pesa mucho el corazon. Volved con mi tia y disfrutad de sus caricias; de mi no recibireis ninguna.

– No he venido aqui a bailar -dijo Romeo acercandose con descaro-. Estoy aqui porque no puedo estar lejos. ?No vais a mirarme?

Ella guardo silencio un instante, procurando no moverse.

– ?Por que deberia miraros? ?Tan inferior es vuestra alma a vuestro cuerpo?

– No conocia mi alma hasta que vi su reflejo en vuestros ojos -contesto Romeo, bajando la voz al corazon de ella.

Ella no respondio en seguida, pero, cuando lo hizo, la aspereza de su tono lo descorazono.

– ?Y cuando habeis desflorado mis ojos con vuestra imagen? Para mi vos no sois mas que la silueta distante de un excelente bailarin. ?Que demonio me los ha robado para daroslos?

– El sueno fue el culpable -dijo Romeo, contemplando su perfil y ansiando el retorno de su sonrisa-. Los tomo de vuestra almohada y me los trajo. ?Ay, la dulce tortura de ese sueno!

– ?El sueno es el padre de las mentiras! -repuso la joven, aun empenada en no volverse.

– Pero la madre de la esperanza.

– Quiza. Pero el primogenito de la esperanza es la tragedia.

– Hablais con la familiaridad con que solo se habla de los parientes.

– ?Ah, no! -exclamo con aguda amargura-. No oso alardear de tan altas conexiones. Cuando muera, si mi muerte es sonada y devota, que sean los eruditos quienes debatan mi linaje.

– No me interesa vuestro linaje -dijo el, pasandole audaz un dedo por el cuello-, salvo para entender los secretos que ha escrito en vuestra piel.

Las caricias de el la enmudecieron por un instante. Cuando hablo de nuevo, la emocion de sus palabras desmintio el pretendido desprecio.

– Entonces temo que os decepcionare -repuso por encima del hombro-, pues mi piel no tiene nada hermoso que narrar, solo habla de masacre y de venganza.

Alentado por la acogida de su primer emisario, le envolvio los hombros con las manos y se inclino para hablarle a traves del sedoso parapeto de su cabello.

– Se de vuestra perdida. No hay corazon en Siena que no sienta vuestro dolor.

– ?Si lo hay! ?Reside en el palazzo Salimbeni y es incapaz de albergar sentimientos humanos! -se zafo de las manos de Romeo-. ?Cuan a menudo he deseado haber nacido hombre!

– Nacer hombre no salvaguarda de la pena.

– ?De veras? -Se volvio al fin para mirarlo, burlandose de su gravedad-. Decidme,signore, os lo ruego, cuales son vuestras penas.

– Sus ojos, asombrosos incluso en la oscuridad, lo repasaron de arriba abajo divertidos, luego se posaron en su rostro-. No, como sospechaba, sois demasiado guapo para tener penas. Mas bien teneis la voz y el semblante de un ladron.

Al ver la indignacion de Romeo, ella rio a carcajadas y prosiguio:

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