Decidida a hacer frente a mi destino, me prepare para el encuentro. ?Que podria querer? ?Mi bolso? ?El crucifijo que llevaba colgado del cuello? ?A mi? Quiza solo queria saber donde se ocultaba el tesoro de la familia, pero tambien yo, y posiblemente nada de lo que habia averiguado hasta el momento lo satisfaria. Por desgracia, los ladrones -segun Umberto- no digerian bien las desilusiones, asi que hurgue en el bolso y saque de prisa la cartera; con suerte, mis tarjetas de credito lo consolarian. Solo yo sabia que encubrian una deuda de veinte mil dolares.

Mientras esperaba lo inevitable, el palpitar de mi corazon se vio ahogado por el rugido de una moto que se acercaba. En lugar de ver a aquel tipo embocar triunfante el callejon, vislumbre el metal negro de la moto, que paso por delante de mi y siguio su camino en la direccion opuesta. No desaparecio, sino que se detuvo de pronto con un sonoro frenazo, giro y volvio a pasar por alli un par de veces mas, sin acercarse a mi en ningun momento. Solo entonces oi los pasos de alguien con calzado deportivo que bajaba la calle a toda pastilla, presa del panico, y desaparecia por una esquina lejana como alma que lleva el diablo, con la moto pisandole los talones.

Luego, de pronto, se hizo el silencio.

Pasaron varios segundos -quiza incluso medio minuto-, pero ni el tipo ni la moto volvieron. Cuando al fin me atrevi a salir del callejon, ni siquiera veia las esquinas mas proximas. De cualquier forma, el hecho de hallarme perdida en la oscuridad era el menor de mis males esa noche. En cuanto encontrase un telefono publico, llamaria al hotel y pediria ayuda a Rossini. A pesar de mi lamentable situacion, eso le encantaria.

Enfile la calle, avance unos metros y, de pronto, algo me llamo la atencion.

Era una moto con su motorista, apostado en medio de la calle, mirandome. La luz de la luna iluminaba el casco del piloto y el metal del vehiculo, y proyectaba la imagen de un hombre vestido de cuero negro, con la visera bajada, que esperaba pacientemente mi salida.

El miedo habria sido la reaccion mas logica, pero, alli de pie, con los zapatos en la mano, lo unico que senti fue confusion. ?Quien era aquel tipo? ?Y que hacia ahi sentado mirandome? ?Me habia salvado del que me seguia? En ese caso, ?esperaba que me acercara a agradecerselo?

Mi incipiente gratitud se trunco de pronto cuando encendio el faro de la moto y me cego con su intensa luz. Mientras me llevaba las manos a los ojos para protegerme, arranco la moto y acelero un par de veces, como para dejarme las cosas claras.

Di media vuelta y enfile la calle en direccion opuesta, aun algo deslumbrada y maldiciendo mi ingenuidad. Quienquiera que fuese aquel tipo, obviamente no era un amigo; seguramente se trataba de algun zumbado que se pasaba la noche aterrorizando a la gente pacifica con su moto. Casualmente su ultima victima habia sido mi persecutor, pero eso no nos convertia en amigos en absoluto.

Me dejo correr un poco e incluso espero a que volviese la primera esquina antes de venir a por mi. No a toda velocidad, como si quisiera atropellarme, pero si lo bastante de prisa para que supiera que no iba a poder escapar.

Fue entonces cuando vi la puerta azul.

Acababa de volver otra esquina y sabia que el faro no tardaria en localizarme de nuevo cuando la vi delante de mi: la puerta azul del taller del pintor, entreabierta como por arte de magia. Ni siquiera me detuve a pensar si habria mas de una puerta azul en Siena, o si seria buena idea irrumpir asi en casa de alguien en plena noche. Me limite a hacerlo. En cuanto estuve dentro, cerre la puerta y me apoye en ella, escuchando nerviosa como la moto pasaba por delante y desaparecia.

Tras nuestro encuentro del dia anterior en los jardines del claustro, seguramente el pintor de larga melena me creia un bicho raro, pero, cuando te persiguen tipos malvados por callejones medievales, no puedes ser quisquilloso.

El taller del maestro Lippi chocaba de primeras. Parecia que una bomba de inspiracion divina hubiese estallado en el, no una, sino muchas veces, esparciendo pinturas, esculturas y artilugios extranos por todas partes. Al parecer, no era alguien cuyo talento pudiera canalizarse de un solo modo; como un genio linguistico, hablaba la lengua que mas se amoldaba a su estado de animo, y elegia las herramientas y los materiales con el acierto de un virtuoso. En medio de todo, ladraba un perro, mezcla improbable de bichon peludo y doberman circunspecto.

– Ah, estas ahi -dijo el maestro Lippi saliendo de detras de un caballete al oir que se cerraba la puerta-. Me preguntaba cuando vendrias. -Luego, sin mediar palabra, desaparecio. Volvio al poco, cargado con una botella de vino, dos vasos y una barra de pan. Al ver que no me habia movido, anadio socarron-: Tendras que disculpar aDante. No se fia de las mujeres.

– ?Se llamaDante? -Mire al perro, que se acerco a traerme una zapatilla vieja, disculpandose a su modo por haberme ladrado-. ?Que curioso!… ?Asi se llamaba el perro del maestro Ambrogio!

– Bueno, este es su taller. -Lippi me sirvio un vaso de tinto-. ?Lo conoces?

– ?Se refiere a Ambrogio Lorenzetti, el que vivio en 1340?

– ?Claro! -El maestro sonrio y alzo su vaso para brindar-. Bienvenida. ?Felicidades! ?PorDiana!

A punto estuve de atragantarme con el vino. ?Conocia a mi madre?

Antes de que pudiera balbucir nada, el maestro se acerco a mi con aire conspirador.

– Segun la leyenda,Diana es una corriente que discurre bajo nosotros, en lo mas hondo de la tierra. Nadie la ha visto nunca, pero algunos dicen que la sienten a veces cuando despiertan de madrugada. Ademas, en la Antiguedad habia un templo dedicado a Diana en el Campo. Los romanos celebraban alli sus juegos, la lidia de toros y los duelos. Ahora tenemos el Palio en honor a la Virgen Maria. Ella nos da el agua con la que renacemos, como las vides, de la oscuridad.

Permanecimos asi un momento, mirandonos, y tuve la extrana sensacion de que, si hubiera querido, el maestro Lippi podria haberme contado muchos secretos de mi misma, de mi destino, del futuro de todas las cosas, secretos que me habria llevado varias vidas descubrir a mi sola. Pero ese pensamiento se desvanecio en seguida, ahuyentado por la frivola sonrisa del maestro, que me arrebato de pronto el vaso de vino para dejarlo en la mesa.

– ?Ven! Quiero ensenarte algo. ?Recuerdas que te lo dije?

Me condujo a otra habitacion mas atiborrada de arte -si cabe-que el propio taller. Era un cuarto interior sin ventanas, sin duda empleado como almacen.

– Un segundo… -El maestro se abrio paso por entre el caos y levanto con cuidado la tela que cubria una pequena pintura que colgaba de la pared del fondo-. ?Mira!

Me acerque para verla mejor, pero, al verme demasiado cerca, el maestro me detuvo.

– Cuidado. Es muy antigua. No exhales encima.

Era el retrato de una joven, hermosa, de grandes ojos azules, que miraba ensonadora algo a mi espalda. Parecia triste a la vez que ilusionada, y sostenia una rosa de cinco petalos.

– Creo que se parece a ti -dijo Lippi, comparandome con el retrato-, o quiza tu te pareces a ella. En los ojos, no, ni en el pelo…, en otra cosa. ?Que opinas tu?

– Opino que ese es un cumplido que no merezco. ?Quien lo pinto?

– ?Aja! -Lippi se me acerco con una sonrisa furtiva-. Lo encontre cuando me instale en el taller. Estaba oculto en la pared, en una caja metalica. Tambien habia un libro. Un diario. Creo… -Antes de que terminara la frase, ya se me habia erizado el vello de los brazos, y sabia perfectamente lo que iba a decir-. Mejor dicho, estoy convencido de que fue el maestro Ambrogio Lorenzetti quien escondio la caja. Era su diario. Creo que fue el quien pinto el cuadro. Se llama igual que tu, Giulietta Tolomei. Lo indico por detras.

Me quede mirando la pintura, casi incapaz de creer que aquel fuese realmente el retrato sobre el que habia estado leyendo. Era tan hipnotico como lo habia imaginado.

– ?Aun tiene el diario?

– No. Lo vendi. Se lo comente a un amigo, que se lo comento a un amigo y un buen dia se presento aqui un hombre que queria comprarlo. El profesor Tolomei. -Lippi me miro, arqueando las cejas-. Tu tambien eres una Tolomei, ?lo conoces? Un hombre muy mayor.

Me sente en la silla mas proxima. No tenia asiento, pero me dio igual.

– Era mi padre. El tradujo el diario a mi idioma. Lo estoy leyendo. Solo habla de ella… -senale el retrato con la cabeza-, de Giulietta Tolomei. Por lo visto, era antepasada mia. Ambrogio describe sus ojos en ese diario… y ahi estan.

– ?Lo sabia! -El maestro Lippi se volvio de golpe hacia el retrato, pletorico de gozo-. ?Tu antepasada! -Rio y me

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