recuperarla despues. Ademas, a Salimbeni no podia apunalarlo por la espalda como a un delincuente comun; no, tendrian que batirse en duelo.

Era la primera vez que Romeo se cuestionaba su relacion con una mujer, claro que ninguna otra le habia pedido nunca que cometiera un asesinato. Recordo la conversacion mantenida con el maestro Ambrogio aquella noche fatidica, hacia dos semanas, cuando le habia dicho al pintor que tenia buen olfato para las mujeres que no le pedian mas que lo que queria darles, y que el -a diferencia de sus amigos- no era de los que, a la menor ocasion, protestaban y se escabullian como perros. ?Seguia siendo cierto? ?Estaba dispuesto a abordar a Salimbeni espada en ristre y a encontrar la muerte antes de haber cobrado su recompensa o haber vuelto siquiera a ver los ojos angelicales de Giulietta?

Suspiro profundamente, volvio la espada y empezo a pulir el otro lado. Sus primos querrian saber donde estaba y por que no salia con ellos, y su padre, el comandante Marescotti, habia ido a verlo al menos un par de veces, no para interrogarlo, sino para invitarlo a entrenar. Tras otra noche en vela, la luna compasiva habia dado paso una vez mas al implacable sol, y Romeo, sentado aun a la mesa, se pregunto por enesima vez si ese seria el dia.

Justo entonces oyo ruido en la escalera que habia a la entrada de su cuarto y acto seguido aporrearon su puerta.

– ?No, gracias! -gruno, como habia hecho ya muchas veces-. ?No tengo hambre!

– ?Mi senor Romeo? ?Teneis visita!

Se levanto al fin, con los musculos doloridos de tantas horas sin moverse ni dormir.

– ?Quien es?

Se oyo un murmullo al otro lado de la puerta.

– Un tal fray Lorenzo y un tal fray Bernardo. Dicen que tienen noticias importantes y solicitan una audiencia privada.

La mencion de fray Lorenzo -el companero de viaje de Giulietta, si no se equivocaba- impulso a Romeo a abrir la puerta. Fuera, en la galeria, encontro a un sirviente y dos monjes encapuchados; tras ellos, en el patio inferior, otros tantos sirvientes se estiraban para ver quien habia logrado que al fin su joven amo abriera la puerta de su cuarto.

– ?Aprisa, pasad! -insto a los monjes a que entraran-. Stefano… -miro inflexible al sirviente-, no le hables de esto a mi padre.

Los monjes entraron con cierta reserva. El sol matinal, que se colaba por la puerta abierta del balcon, caia sobre la cama hecha de Romeo, y un plato de pescado frito descansaba intacto sobre la mesa, junto a la espada.

– Perdonad que os molestemos a esta hora -dijo fray Lorenzo, mirando la puerta de reojo para comprobar que estaba cerrada-, pero no podiamos esperar…

Antes de que pudiera proseguir, su companero se adelanto y se quito la capucha, revelando un peinado de lo mas complejo. No era un monje quien acompanaba a fray Lorenzo esa manana, sino Giulietta, mas hermosa que nunca a pesar del disfraz, con las mejillas encendidas de emocion.

– Por favor, decidme que… todavia no habeis hecho lo que os pedi -le imploro.

Aun emocionado y asombrado de verla, Romeo aparto la mirada, avergonzado.

– No lo he hecho.

– ?Alabado sea el cielo! -Cruzo las manos aliviada-. Porque he venido a disculparme y a rogaros que olvideis que un dia os pedi semejante barbaridad.

Sobresaltado, Romeo sintio una punzada de esperanza.

– ?Ya no quereis verlo muerto?

Giulietta fruncio el ceno.

– Lo deseo con toda mi alma, pero no a vuestra costa. Fui mezquina y egoista al haceros presa de mi dolor. ?Podreis perdonarme? -Lo miro fijamente a los ojos y, al ver que no respondia de inmediato, le temblo un poco el labio-. Perdonadme. Os lo ruego.

Por primera vez en muchos dias, Romeo sonrio.

– No.

– ?No? -Los ojos azules de la joven se oscurecieron, amenazando tormenta, y retrocedio un paso-. ?Que crueldad!

– No os perdono -prosiguio, bromeando-. Me prometisteis una gran recompensa y ahora os echais atras.

Giulietta hizo un aspaviento.

– ?No es cierto! ?Os estoy salvando la vida!

– ?Y ademas me insultais! -Romeo se llevo un puno al pecho-. ?Insinuais que no sobreviviria a este duelo…, mujer! ?Jugais con mi honor como un gato con un raton! ?Volved a morder y vereis como huye despavorido!

– ?Sois vos quien juega conmigo! -exclamo Giulietta frunciendo los ojos recelosa-. No he dicho que moririais a manos de Salimbeni, como bien sabeis, sino que creo que vengarian vuestro crimen. Y eso… -aparto la mirada, aun disgustada con el- seria una lastima, supongo.

Romeo observo su perfil desdenoso con gran interes. Al no verla dispuesta a ceder, se volvio hacia fray Lorenzo.

– ?Puedo pediros que nos dejeis a solas un momento?

A fray Lorenzo, como es natural, no le agrado ese ruego, pero, como Giulietta no protesto, tampoco pudo negarse. De modo que asintio con la cabeza y se retiro al balcon, dandoles sumiso la espalda.

– ?Por que seria una lastima que muriera? -le dijo Romeo en voz tan baja que solo Giulietta pudo descifrar las palabras.

Ella respiro profundamente, furiosa.

– Me salvasteis la vida.

– Y lo unico que pedi a cambio fue ser vuestro caballero.

– ?De que sirve un caballero decapitado?

Romeo sonrio y se acerco.

– Os aseguro que, mientras esteis cerca de mi, no habra razon para tales miedos.

– ?Tengo vuestra palabra? -Giulietta lo miro a los ojos-. ?Prometeis que no tratareis de enfrentaros a Salimbeni?

– Parece que ahora me pedis un segundo favor -observo Romeo, disfrutando del intercambio-, y bastante mas complicado que el primero, pero sere generoso y os dire que mi precio sigue siendo el mismo.

Ella se quedo boquiabierta. -?Vuestro precio?

– O mi recompensa, o como querais llamarlo. No ha cambiado.

– ?Sinverguenza! -susurro furiosa Giulietta, esforzandose por sofocar una sonrisa-. Vengo aqui a liberaros de una promesa letal ?y seguis decidido a robarme la virtud?

Romeo sonrio.

– Seguramente un beso no pondra a prueba vuestra virtud.

Giulietta se defendio de sus encantos.

– Depende de quien me bese. Sospecho que un beso vuestro me privaria instantaneamente de dieciseis anos de ahorros.

– ?De que sirven los ahorros si no se gastan?

Justo cuando Romeo creia tenerla atrapada, una fuerte tos procedente del balcon hizo que Giulietta retrocediera sobresaltada.

– ?Paciencia, Lorenzo! -dijo, severa-. No tardaremos en irnos.

– Vuestra tia empezara a preguntarse que clase de confesion os lleva tanto tiempo.

– ?Un momento! -Giulietta se volvio hacia Romeo con los ojos llenos de desilusion-. Debo irme.

– Confesaos conmigo -le susurro el, cogiendole las manos- y os dare una bendicion que jamas se extinguira.

– El borde de vuestra copa esta untado de miel -replico Giulietta, dejandose atraer de nuevo hacia el-. Me pregunto que terrible veneno contendra.

– Si es veneno, nos matara a los dos.

– Cielos…, debo de gustaros mucho si preferis morir conmigo a vivir con otra mujer.

– Asi lo creo. -La abrazo-. Besadme o morire sin duda.

– ?Morireis otra vez? ?Para haberos condenado dos veces, os veo muy vivo!

Вы читаете Juliet
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату