Desde el fondo del patio, Ambrogio no pudo evitar mirar al comandante, que rara vez revelaba sus emociones. El padre de Romeo, aun mas alto que su hijo -por la pose, sobre todo-, era uno de los hombres mas admirables que el artista habia retratado. Ni su rostro ni su figura mostraban exceso alguno; solo comia lo que su cuerpo necesitaba para mantenerse en forma, y dormia lo justo para proporcionarle a su organismo el descanso necesario. En contraste, su hijo Romeo comia y bebia lo que le apetecia, tornaba alegremente la noche en dia con sus escapadas y el dia en noche durmiendo a horas insospechadas.
Aun asi, se parecian mucho -fuertes e inflexibles- y, a pesar del habito de Romeo de incumplir las normas de la casa, era raro verlos enzarzados en un duelo verbal como ese, decididos a probar sus argumentos.
– ?Padre! -volvio a decir Romeo, y su padre volvio a ignorarlo.
– ?Y todo para que? ?Por una mujer! -El comandante habria puesto los ojos en blanco, pero los necesitaba para apuntar. Esta vez, la flecha fue directa al centro del blanco de paja-. Todo por una mujer, una cualquiera, con todas las que hay por ahi. ?Como si no lo supieras ya!
– No es una cualquiera -repuso Romeo, contradiciendo sereno a su padre-. Es mia.
Se hizo un breve silencio durante el cual dos flechas mas acertaron el blanco en rapida sucesion, haciendo bailar al muneco de paja colgado de la soga como a un ahorcado voluntario. Al final, el comandante respiro profundamente y volvio a hablar, mas tranquilo, siempre razonable.
– Quiza, pero tu dama es sobrina de un imbecil.
– Un imbecil poderoso.
– A los que no nacen imbeciles, la politica y la adulacion los convierten en tales.
– Dicen que es muy generoso con la familia.
– ?Le queda alguna?
Romeo rio, perfectamente consciente de que su padre no era de los que hacen reir.
– Alguna, ciertamente, despues de dos anos de tregua -contesto.
– ?Tregua, dices? -Marescotti lo habia visto todo ya, y las falsas promesas lo fatigaban mas que las mentiras descaradas-. Si los hombres de Salimbeni vuelven a tomar los castillos de Tolomei y a asaltar al clero en los caminos, mira bien lo que te digo, es que hasta esa tregua llega a su fin.
– Entonces, ?por que no sellar una alianza ahora? -insistio Romeo-. ?Con Tolomei?
– ?Y convertirnos en enemigos de Salimbeni? -Marescotti miro a su hijo, confundido-. Si te hubieras apropiado de tanta informacion en la ciudad como de vino y de mujeres, hijo mio, sabrias que Salimbeni se ha estado movilizando. No solo se propone pisarle el cuello a Tolomei y apoderarse de la banca de esta ciudad, sino sitiarla desde sus plazas fuertes en el campo y, si no me equivoco, tomar las riendas de nuestra republica. -Marescotti fruncio el ceno y empezo a pasearse nervioso-. Conozco a ese hombre, Romeo, lo he tenido delante, y he preferido cerrar mis oidos y mi puerta a su ambicion. No se quien sale peor parado, si sus amigos o sus enemigos, asi que Marescotti ha jurado no ser ni lo uno ni lo otro. Un dia, pronto quiza, Salimbeni atacara furioso el orden establecido y correran rios de sangre por nuestras cunetas. Vendran soldados de fuera y muchos hombres esperaran a que llamen a su puerta, lamentando las alianzas pactadas. Yo no sere uno de ellos.
– ?Y quien dice que todo ese sufrimiento no puede evitarse? -quiso saber Romeo-. Aunemos fuerzas con Tolomei. Si lo hicieramos, otros nobles seguirian el estandarte del aguila y Salimbeni no tardaria en perder terreno. Podriamos perseguir juntos a los bandidos y volver a hacer seguros los caminos. Con su fortuna y vuestro prestigio podrian acometerse grandes proyectos: dentro de unos meses, estaria listo el nuevo orden del Campo; la nueva catedral podria estar terminada dentro de unos anos, y la providencia de Marescotti formaria parte de las oraciones de todos.
– Un hombre debe prescindir de las oraciones -dijo el comandante, haciendo una pausa para ladear la ballesta- hasta su muerte. -El disparo atraveso la cabeza del muneco de paja y aterrizo en un tiesto de romero-. Entonces podra hacer lo que quiera. Los vivos, hijo mio, debemos procurarnos la gloria, no la adulacion. La verdadera gloria se encuentra entre Dios y tu. La adulacion es el alimento de los desalmados. En tu fuero interno, puedes alegrarte de haberle salvado la vida a esa joven, pero no busques el reconocimiento ni el encomio de otros hombres. La presuncion no es propia de un noble.
– No busco el encomio de nadie -espeto Romeo, su rostro masculino de pronto tenido de una desazon casi infantil-. Solo la quiero a
El comandante Marescotti alzo una mano enguantada para evitar que su hijo pronunciara unas palabras de las que ya no podria desdecirse.
– No me amenaces con algo que podria hacerte mas dano que a mi. Y no te comportes como un nino en mi presencia o te prohibire que participes en el Palio. Tambien los juegos de hombres…, no, sobre todo los juegos precisan el decoro de un hombre. Como el matrimonio. Nunca te he prometido a nadie…
– ?Y yo os amo por ello, padre!
– …porque he ido viendo como se moldeaba tu caracter desde la mas tierna infancia. De haber sido un hombre malvado y tenido algun enemigo al que castigar, habria optado por robarle a su unica hija y dejar que le destrozaras el corazon. Pero no soy esa clase de hombre, hijo mio. He esperado paciente a que te despojaras de tu inconstancia y te conformaras con una sola.
Romeo parecia abatido. Pero la dulce pocima del amor aun le hormigueaba en la lengua, y no pudo contener la sonrisa mucho tiempo. Su gozo se desato como un potro de quienes lo doman y galopo descontrolado por su semblante.
– ?Padre, ya me conformo! -frivolizo-. ?La constancia es mi verdadera naturaleza! Jamas mirare a otra mujer o, mejor dicho, si lo hare, pero seran como sillas o mesas para mi. No porque vaya a sentarme en ellas ni a comer de ellas, claro esta, sino porque las vere como simples muebles. O quiza deberia decir que al lado de ella palideceran como la luna junto al sol…
– No la compares con el sol -le advirtio Marescotti, que se acerco al muneco de paja para recoger sus flechas-. Tu siempre has preferido la compania de la luna.
– ?Porque vivia una noche eterna! Ciertamente la luna es la reina de un miserable que jamas ha visto la luz del sol. Pero ha nacido el dia, padre, vestido del oro y el rojo del matrimonio, ?y ese es el amanecer de mi alma!
– El sol se recoge todas las noches -razono el comandante.
– ?Tambien yo lo hare! -Romeo se apreto un manojo de flechas contra el pecho-. Dejare la oscuridad a los buhos y los ruisenores. Abrazare afanoso las horas luminosas del dia o no volvere a atacar a ovejas inocentes.
– No hagas promesas sobre la noche -le dijo su padre, apretandole al fin el hombro-. Si tu esposa es la mitad de lo que dices, habra mucho ataque y poco sueno.
IV. I
Si nos topamos con ellos habra pelea. En dias de calor bulle febril la sangre.
Me hallaba de nuevo en mi castillo de fantasmas susurrantes. En el sueno, como siempre, cruzaba una habitacion tras otra, buscando por todas partes a los que sabia que estaban alli, atrapados igual que yo. Esta vez, en cambio, las puertas doradas se abrian ante mi antes incluso de que las tocara, como si el aire estuviera lleno de manos invisibles que me indicaban el camino y me incitaban a seguir. Asi que continue avanzando, por inmensas galerias y salones desiertos, explorando resuelta partes del castillo aun por descubrir, hasta que llegue a un enorme porton. ?Seria esa la salida?
Mire el pesado armazon de hierro y alargue la mano para probar el pomo, pero, antes de que llegara a tocarlo, la puerta se abrio sola de par en par, revelando un enorme vacio negro.
Me detuve en el umbral y, forzando la vista, intente ver algo -cualquier cosa- que me indicara si habia salido al mundo exterior o tan solo habia pasado a otra sala.
Mientras estaba alli de pie, ciega y pestaneando, me envolvio un viento gelido procedente de aquella oscuridad que, tirandome de los brazos y de las piernas, me hizo perder el equilibrio. Cuando me agarre al marco de la puerta en busca de asidero, el viento cobro mayor fuerza y empezo a tirarme del pelo y de la ropa, aullando furioso en su
