te trajo a Siena.
– A lo mejor temia que la persona que mato a mis padres me matase a mi tambien -dije, con mayor rotundidad esta vez.
Eva Maria se recosto en el asiento, pasmada.
– ?Que idea tan horrible!
– Bueno…, ?felicidades! -Bebi un sorbo de mi prosecco-. Y gracias por todo-. Mire furiosa a Alessandro, obligandolo a mirarme tambien-. No te preocupes, me voy en seguida.
– No, imagino que este sitio es demasiado tranquilo para tu gusto -dijo, cabeceando.
– Me gusta la tranquilidad.
En el verde conifera de sus ojos, percibi un destello admonitorio de su alma. Una vision perturbadora.
– Indudablemente.
En vez de responder, aprete los dientes y desvie mi atencion al
– Sandro -dijo subiendose al que creyo el tren del coqueteo-, ?como es que aun no has paseado a Giulietta por la ciudad para ensenarle cosas bonitas? A ella le encantaria.
– Sin duda. -Alessandro asesino una aceituna con el tenedor, pero no se la comio-. Lamentablemente, aqui no tenemos estatuas de sirenitas.
Entonces tuve la certeza de que habia examinado mi expediente y habia averiguado todo lo que podia saberse de Juliet Jacobs, la antibelicista, que, en cuanto volvio de Roma, salio rumbo a Copenhague a destrozar la estatua de la Sirenita en protesta por la intervencion danesa en Iraq. Por desgracia, en el expediente no se indicaba que todo habia sido un gran error y que Juliet solo habia viajado a Dinamarca para demostrarle a su hermana que se atrevia a hacerlo.
Saboreando en la garganta el fuerte coctel de rabia y miedo, cogi a tientas el cesto del pan con la firme esperanza de que mi panico no se notara
– ?No, pero tenemos otras estatuas bonitas! -Eva Maria me miro, luego lo miro a el tratando de averiguar que ocurria-. Y fuentes. Tienes que llevarla a Fontebranda…
– Quiza la senorita Jacobs quiera ver la via dei Malcontenti -propuso Alessandro, interrumpiendo a Eva Maria-. Alli soliamos llevar a los delincuentes para que sus victimas pudieran arrojarles cosas camino de la horca.
Le devolvi la mirada implacable, pues no vi necesidad de seguir disimulando.
– ?Se perdonaba a alguien?
– Si. Se llamaba destierro. Se les pedia que salieran de Siena y no volvieran nunca mas. A cambio, se les perdonaba la vida.
– Ah, si, como con vuestra familia, los Salimbeni -espete mirando de reojo a Eva Maria, que, para variar, parecia atonita-. ?Me equivoco?
Alessandro no respondio en seguida. A juzgar por la tension de su mandibula, le habria encantado devolvermela, pero sabia que no podia hacerlo delante de su madrina.
– El gobierno expropio a los Salimbeni en 1419 -respondio al fin con la voz tensa-, y los obligo a abandonar la republica de Siena.
– ?Para siempre?
– Obviamente no, pero estuvieron desterrados mucho tiempo. -Por como me miraba, supe que volviamos a hablar de mi-. Probablemente lo merecian.
– ?Y si volvieron de todas formas?
– Pues… -hizo una pausa de efecto y entonces me di cuenta de que el verde de sus ojos no era como el follaje organico, sino algo frio y cristalizado, igual que el trozo de malaquita que yo habia presentado orgullosisima en cuarto, hasta que la profesora explico que ese mineral se usaba para extraer cobre y que era muy danino para el medio ambiente- sus razones tendrian.
– ?Basta ya! -Eva Maria alzo su copa-. Se acabaron los destierros, y las disputas. Ahora todos somos amigos.
Logramos mantener una conversacion civilizada durante unos diez minutos, luego ella se excuso para ir al bano, y Alessandro y yo nos quedamos solos ante el peligro. Al mirarlo de reojo, lo vi escudrinarme y, por un fugaz instante, quise creer que no pretendia mas que jugar al gato y al raton con el fin de comprobar si yo era lo bastante vital para convertirme en su pareja de juego de la semana. Bueno, pense, fuera lo que fuese, el gato no tramaba nada bueno.
Alargue el brazo para coger un trozo de salchicha.
– ?Crees en la redencion? -pregunte.
– Me da igual lo que hicieras en Roma -contesto Alessandro, acercandome el plato-. O en cualquier otro sitio. Pero me importa Siena. Dime, ?a que has venido?
– ?Me estas interrogando? -dije con la boca llena-. ?Deberia llamar a mi abogado?
Se inclino hacia mi y bajo la voz:
– Podria encerrarte asi… -chasqueo los dedos delante de mis narices-. ?Eso es lo que quieres?
– Las amenazas nunca han funcionado conmigo -le replique, sirviendome mas comida y confiando en que no notara lo mucho que me temblaban las manos-. Quiza obraran maravillas en tus antepasados, pero, si recuerdas, a los mios no les impresionaban mucho.
– Muy bien… -Se incorporo y cambio de tactica-. A ver que te parece esto, yo te dejo en paz con una condicion: que te mantengas alejada de Eva Maria.
– ?Por que no se lo dices a ella?
– Es una mujer muy especial y no quiero que sufra.
Solte el tenedor.
– ?Y yo si? ?Tan mala opinion tienes de mi?
– ?De veras quieres saberlo? -Me dio un repaso como si yo fuera un producto carisimo a la venta-. Pienso que eres hermosa, inteligente…, una gran actriz… -Al verme confundida, fruncio el ceno y prosiguio con mayor severidad-: Y que alguien te ha pagado mucho dinero para que vengas aqui y te hagas pasar por Giulietta Tolomei…
– ??Que?!
– …y que una parte de tu mision consiste en intimar con Eva Maria. Pero adivina que… No te lo voy a permitir.
No sabia ni por donde empezar. Por suerte, sus surrealistas acusaciones me dejaron demasiado pasmada para sentirme verdaderamente ofendida.
– ?Por que no crees que soy Giulietta Tolomei? -espete al fin-. ?Es porque no tengo los ojos tan azules?
– ?Quieres saber por que? Te lo dire. -Se inclino, clavando los codos en la mesa-. Porque Giulietta Tolomei esta muerta.
– ?Como explicas entonces -respondi, inclinandome tambien-que este aqui sentada?
Me miro mas intensamente que nunca, buscando en mi rostro algo que, de algun modo, me delatara. Al final, aparto la vista con los labios muy apretados y supe que, por algun motivo, no lo habia convencido, y probablemente jamas lo haria.
– ?Sabes que?… -Aparte la silla de la mesa y me levante-. Que, siguiendo tu consejo, voy a evitar la compania de Eva Maria. Dale las gracias por el concierto y por la cena, y dile que puede recuperar su ropa cuando quiera. Ya no la necesito.
No espere su respuesta. Baje de la plataforma y sali aprisa del restaurante sin mirar atras. En cuanto volvi la primera esquina, fuera del alcance de su vista, me brotaron lagrimas de rabia y, a pesar de los zapatos que llevaba, eche a correr. Solo me faltaba que Alessandro me diera alcance y se disculpara por sus groserias, si es que era lo bastante humano para intentarlo.
Elegi volver al hotel por las calles menos transitadas. Mientras avanzaba en la penumbra, con mas esperanza que certeza de haber tomado el camino correcto, iba tan absorta en mi charla con Alessandro -mas concretamente, en todas las respuestas cortantes que podria haberle dado- que tarde un rato en percatarme de que me seguian.
Al principio era poco mas que la sensacion escalofriante de que alguien me observaba, pero en seguida empece a percibir el levisimo sonido de un desplazamiento sigiloso a mi espalda. En cuanto emprendia la marcha, oia un claro roce de ropa y el ruido de unas pisadas blandas, pero, si me detenia, el roce desaparecia y solo oia un silencio
