Al mirar si parecia arrepentido, me lo encontre mirandome el muslo con una expresion de asombro tan impropia de el que solte una carcajada.

– ?Perdona! -dije bajandome la falda-. Me he dejado llevar por tu relato.

Alessandro carraspeo y cogio la botella de prosecco. -Avisame cuando quieras otra.

A mitad de la cena, lo llamaron de la comisaria. Cuando volvio a la mesa, vi que traia buenas noticias.

– Bueno -dijo sentandose-, parece que no vas a tener que cambiar de hotel esta noche. Han encontrado a Bruno en casa de su hermana, con el maletero lleno de cosas robadas del museo de tu primo. Cuando su hermana se ha enterado de que habia vuelto a las andadas, le ha zurrado tanto que ha suplicado que lo arrestaran en seguida. -Sonrio y meneo la cabeza pero, en cuanto me vio arquear las cejas, cambio de tono-. Por desgracia, no han encontrado elcencio. Suponemos que lo ha escondido en alguna parte. Tranquila, aparecera. No creo que pueda vender facilmente ese trapo viejo… -Al verme espantada por el calificativo, se encogio de hombros-. No me he criado aqui.

– Un coleccionista pagaria mucho por ese trapo viejo -repuse, rotunda-. Esas cosas tienen un gran valor sentimental para la gente de aqui…, ya te habras dado cuenta. Quien sabe, igual son los familiares de Romeo, los Marescotti, los que andan detras de todo esto. Recuerda que, segun mi primo Peppo, los descendientes de Romeo consideran que elcencio y la daga les pertenecen.

– Si es asi, lo sabremos manana -repuso Alessandro, recostandose en la silla mientras el camarero retiraba los platos-, cuando los chicos charlen con Bruno. No es de los que callan.

– ?Que piensas tu? ?Crees que lo han contratado los Marescotti para que robe elcencio?

Vi que Alessandro no se sentia en absoluto comodo con el tema.

– Si de verdad estuvieran detras de esto -dijo al fin-, no habrian recurrido a Bruno. Tienen su propia gente. Y no se habrian dejado la daga en la mesa.

– Parece que los conoces…

Se encogio de hombros.

– Siena es una ciudad pequena.

– Pensaba que no te habias criado aqui.

– Cierto. -Tamborileo en la mesa, incomodado por mi insistencia-. Pero he pasado aqui todos los veranos, con mis abuelos, ya te lo he dicho. Mis primos y yo jugabamos en los vinedos de los Marescotti a diario, siempre con miedo de que nos pillaran. Asi era mas divertido. Todo el mundo tenia miedo al viejo Marescotti. Salvo Romeo, claro.

Casi tire la copa de vino.

– ?Te refieres a Romeo? ?Al mismo del que hablaba mi primo? ?Insinuas que el podria haber robado elcencio? -Al ver que no respondia, prosegui, mas serena-: Ahora lo entiendo. Erais amigos de la infancia.

Hizo una mueca.

– No exactamente. -Consciente de que estaba deseando hacerle mas preguntas, me paso la carta-. Toma. Pensemos en cosas dulces.

Durante el postre,cantucci, pequenas pastas de almendras mojadas en vin santo, trate de retomar el asunto de Romeo, pero Alessandro se hizo el loco. En su lugar, me pregunto cosas de mi infancia, e indago sobre la razon de mi activismo antibelicista.

– Venga ya -dijo burlandose de mi enfado-, no todo va a ser culpa de tu hermana.

– Yo no he dicho que lo sea. Tenemos prioridades distintas.

– Dejame adivinar… -me miro de arriba abajo, socarron-, ?tu hermana es militar? ?Fue a Iraq?

– ?Ja! -Me servi mascantucci-. Janice no encontraria Iraq ni en un rompecabezas de gomaespuma. Para ella la vida es… divertirse.

– ?Que verguenza! -Alessandro meneo la cabeza-. Querer disfrutar de la vida.

Suspire profundamente.

– ?Sabia que no lo entenderias! Cuando…

– Lo entiendo -me interrumpio-. Como ella se divierte, tu no puedes. Si ella disfruta de la vida, tu no. Lastima que eso sea inmutable.

– Mira -agite despacio mi copa de vino, negandome a claudicar-, para Janice Jacobs, la persona mas importante del mundo es Janice Jacobs. Traicionaria a quien fuera por apuntarse un tanto. Es de esa clase de personas que… -Me interrumpi, consciente de que tampoco yo queria conjurar el triste pasado en una velada tan agradable.

– ?Y que hay de Juliet Jacobs? -Me relleno la copa-. ?Quien es la persona mas importante para ella?

Estudie su sonrisa por ver si aun se burlaba de mi.

– A ver si lo adivino. -Se recosto en el asiento-. Juliet Jacobs quiere salvar al mundo y que todos sean felices…

– Pero solo consigue hacer desgraciado a todo el mundo, incluida ella misma -continue, robandole la fabula-. Se lo que piensas. Crees que el fin no justifica los medios y que serrandole la cabeza a una sirena no se impide la guerra. Lo se. Lo se todo.

– Entonces, ?por que lo hiciste?

– ?No lo hice! No era eso lo que pretendia. -Lo mire para ver si podiamos olvidarnos del asunto de la Sirenita y hablar de algo mas agradable, pero no. Aunque sonreia, su mirada decia claramente que aquel asunto ya no podia posponerse-. Muy bien -suspire-, ocurrio lo siguiente: pense que ibamos a ponerle el uniforme militar de faena y que la prensa danesa vendria a hacer fotos…

– Y asi fue.

– ?Lo se! Pero yo no queria cortarle la cabeza…

– Llevabas la sierra.

– ?Eso fue un accidente! -Me tape la cara con las manos-. No caimos en lo pequena que era. Es una estatua diminuta. La ropa no le valia. Luego vino un… idiota… con una sierra… -No pude seguir.

Guardamos silencio un instante, hasta que me asome por entre mis dedos para ver si seguia indignado. Ya no. De hecho, parecia divertido. Aunque no sonreia, le brillaban los ojos.

– ?Que te hace tanta gracia? -refunfune.

– Tu -me contesto-. Eres una autentica Tolomei. ?Recuerdas? «Me portare como un tirano. Primero acabare con los hombres y luego sere 'amable' con las virgenes: las descabezare.» -Al ver que reconocia la cita, sonrio por fin-. «Si, las descabezare o las desflorare, como prefieras.»

Me descubri la cara, a un tiempo aliviada y avergonzada por el giro de la conversacion.

– Me sorprendes. Ignoraba que te supierasRomeo y Julieta de memoria.

Meneo la cabeza.

– Solo las partes en las que hay pelea. Espero no decepcionarte.

Como no sabia bien si flirteaba conmigo o se mofaba de mi, me puse a jugar con la daga.

– Es curioso -dije-, yo me se la obra entera. Siempre me la he sabido. Incluso antes de saber lo que era. Me sonaba en la cabeza como una vocecita… -Empece a reir-. No se por que te estoy contando esto.

– Porque acabas de descubrir quien eres -respondio Alessandro sin mas-. Y de pronto todo encaja por fin. Todo lo que has hecho, todo lo que has querido hacer… ahora lo entiendes. Eso es lo que la gente llama destino.

Alce la vista y vi que no me miraba a mi, sino la daga.

– ?Y tu? -pregunte-. ?Has descubierto ya tu destino?

Inspiro profundamente.

– Hace tiempo que lo conozco. Y, si se me olvida, Eva Maria me lo recuerda en seguida. Aunque nunca me ha gustado la idea de que el futuro este ya escrito. Me he pasado la vida intentando huir de mi destino.

– ?Y lo has conseguido?

Lo medito.

– Por un tiempo. Pero siempre termina dandote alcance, ?sabes? Por lejos que vayas.

– ?Has ido muy lejos?

Asintio con la cabeza, pero solo una vez.

– Muy lejos. Hasta el limite.

– Me intrigas -dije sin pensarlo esperando que se explicara. Pero no lo hizo. A juzgar por su gesto cenudo, no

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