era un tema agradable. Ansiosa por saber mas de el pero sin querer estropear la velada, me limite a preguntar-: ?Tienes pensado volver?

Casi sonrio.

– ?Por que? ?Querrias venir?

Me encogi de hombros mientras, distraida, daba vueltas a la daga, en el centro de la mesa.

– Yo no huyo de mi destino.

Al ver que no lo miraba, puso la mano con delicadeza encima de la daga para que dejara de dar vueltas.

– A lo mejor deberias.

– Me parece -replique, sacando traviesa mi tesoro de debajo de su mano- que prefiero quedarme y luchar.

Despues de cenar, Alessandro insistio en acompanarme al hotel. Como ya me habia ganado la batalla con la cuenta del restaurante, no me resisti. Ademas, aunque hubieran encerrado a Bruno Carrera, aun habia suelto un friqui en moto al acecho de ratitas asustadizas como yo.

– ?Sabes? -dijo mientras paseabamos juntos en la oscuridad-, yo era como tu. Pensaba que hay que luchar por la paz y que un mundo perfecto siempre requiere sacrificios. Ahora ya no. -Me miro de reojo-. Deja estar al mundo.

– No intentes mejorarlo, ?no?

– No pretendas que la gente sea perfecta porque te moriras intentandolo.

Su conclusion de hombre de mundo me hizo sonreir.

– Salvo porque mi primo esta en un hospital, en manos de un punado de doctoras mandonas, lo estoy pasando muy bien. Lastima que no podamos ser amigos.

Eso era nuevo para Alessandro.

– ?No podemos?

– Obviamente no -respondi-. ?Que dirian todos tus otros amigos? Tu eres Salimbeni, yo Tolomei. Estamos destinados a ser enemigos.

Volvio a sonreir.

– O amantes.

Solte una carcajada, de sorpresa sobre todo.

– ?Ni hablar! Tu eres un Salimbeni y da la casualidad de que Salimbeni era el Paris de Shakespeare, el ricachon que queria casarse con Julieta cuando ella ya se habia casado secretamente con Romeo.

Alessandro no se tomo a mal el comentario.

– ?Ah, si, ya me acuerdo: el rico y guapo Paris! ?Ese soy yo?

– Eso parece -respondi con un suspiro teatral-. ?No olvidemos que mi antepasada, Giulietta Tolomei, amaba a Romeo Marescotti, pero la obligaron a prometerse al malvado Salimbeni, tu antepasado! Se vio atrapada en un triangulo amoroso, igual que la Julieta de Shakespeare.

– ?Yo tambien soy malvado? -A Alessandro cada vez le gustaba mas la historia-. Rico, guapo y malvado. No es mal papel. -Lo penso un instante y luego anadio en voz baja-: Entre tu y yo, siempre he pensado que Paris era mucho mejor hombre que Romeo. Para mi, Julieta era boba.

Me pare en medio de la calle.

– ?Como!

Alessandro se paro tambien.

– Piensalo. Si Julieta hubiera conocido primero a Paris, se habria enamorado de el, no de Romeo, y los dos habrian vivido felices para siempre. Estaba predispuesta a enamorarse.

– ?De eso nada! -replique-. Romeo era un encanto…

– ?Un encanto? -Puso los ojos en blanco-. ?Que clase de hombre es «un encanto»?

– …y un excelente bailarin…

– ?Romeo bailaba como un pato mareado! ?Lo decia el mismo! -…pero, sobre todo, ?tenia unas manos preciosas! -remate.

Alessandro parecia derrotado por fin.

– Ya. Tenia unas manos preciosas. Ahi me has pillado. Entonces, ?de eso estan hechos los buenos amantes?

– Segun Shakespeare, si. -Le mire las manos, pero se las metio en los bolsillos y no me dio tiempo a verselas.

– ?De verdad quieres vivir la vida segun Shakespeare? -dijo reanudando la marcha.

Mire la daga. Se me hacia raro ir por ahi con ella en la mano, pero era demasiado grande y no me cabia en el bolso, y no queria pedirle a Alessandro que me la llevara otra vez.

– No necesariamente.

Miro la daga tambien y supe que pensabamos lo mismo. Si el poeta no se equivocaba, aquella era el arma con la que Giulietta se habia quitado la vida.

– Entonces, ?por que no reescribes la historia y cambias tu destino? -me propuso.

Lo mire furiosa.

– ?Me estas diciendo que reescribaRomeo y Julieta?

No se volvio, siguio mirando al frente.

– Y que seas mi amiga.

Estudie su perfil en la penumbra. Habiamos pasado la noche hablando pero aun no sabia casi nada de el.

– Con una condicion -respondi-: que me cuentes mas cosas de Romeo. -No obstante, al ver su gesto de frustracion, lamente en seguida haber pronunciado aquellas palabras.

– Romeo, Romeo, siempre Romeo -protesto-. ?A eso has venido a Siena? ?En busca de ese bailarin encantador de manos preciosas? Pues lamento decepcionarte, porque no se parece en nada al Romeo que crees conocer. No te rondara con versos rimados. Creeme: es un capullo. Yo en tu lugar… -me miro al fin- recibiria a Paris en mi balcon esta vez.

– No tengo intencion de recibir a nadie en mi balcon -repuse con aspereza-. Lo unico que quiero es recuperar elcencio y, al parecer, solo Romeo tiene motivos para llevarselo. Si no crees que haya sido el, dimelo y me olvido del asunto.

– Vale -me contesto-. No creo que haya sido el. Pero eso no significa que este limpio. Ya has oido a tu primo: Romeo tiene unas manos endemoniadas. Todos lo preferirian muerto.

– ?Por que estas tan seguro de que no ha sido el?

Fruncio la mirada.

– Lo presiento.

– ?Tienes olfato para los cabronazos?

No respondio de inmediato. Cuando al fin hablo, lo hizo mas para si que para mi.

– Tengo olfato para los rivales.

Rossini se santiguo cuando me vio entrar por la puerta del hotel esa noche.

– ?Senorita Tolomei!Grazie a Dio! ?Esta a salvo! La ha llamado su primo un monton de veces desde el hospital… -Vio a Alessandro a mi espalda y lo saludo con un leve movimiento de la cabeza-. Me ha dicho que estaba usted en mala compania. ?Donde se ha metido?

Me senti abochornada.

– Como puede ver, me encuentro en las mejores manos.

– Las segundas mejores -me corrigio Alessandro, echando piedras sobre su propio tejado-. Por ahora.

– Me ha pedido que le diga que ponga la daga a buen recaudo -prosiguio el director Rossini.

Mire la daga que llevaba en la mano.

– Damela -dijo Alessandro-. Yo te la guardo.

– Si -me insto Rossini-. Desela al capitan Santini. Yo no quiero mas robos.

Asi que le di la daga de Romeo a Alessandro y volvi a verla desaparecer en su bolsillo.

– Volvere manana -dijo-, a las nueve en punto. No le abras la puerta a nadie mas.

– ?Ni siquiera la de mi balcon?

– Esa menos aun.

Esa noche me meti en la cama con el documento del cofre de mi madre que rezaba «Arbol genealogico de Giulietta y Giannozza». Ya lo habia ojeado antes, pero no lo habia encontrado muy ilustrativo. Sin embargo, despues de que Eva Maria me confirmase mas o menos que descendia de Giulietta Tolomei, de pronto tenia mucho

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