Janice. Fue como si alguien hubiese iniciado la proyeccion de malos recuerdos en mi cabeza, y senti una rabia que jamas habia sentido en presencia de nadie mas.

– ?Sorpresa! -dijo, soltando el traje y el casco y separando los brazos para aplaudir.

– ?Que haces aqui? -espete al fin, furiosa-. ?Eras tu la que me seguia en esa ridicula moto? Y la carta… -Saque de mi bolso la carta manuscrita, la arrugue y se la tire-. ?Tan estupida me crees?

Janice sonrio, disfrutando de mi cabreo.

– ?Lo bastante como para subir a la punetera torre! ?Ah, ya se!… -Hizo una mueca de falsa compasion que habia patentado a los cinco anos-.?De vegda bensabas que ega Gomeo?

– Vale -dije en medio de sus carcajadas-, ya has hecho tu gracia. Espero que el vuelo haya merecido la pena. Ahora, si me perdonas, me encantaria quedarme aqui contigo, pero mejor voy a meter la cabeza en un retrete.

Intente rodearla para llegar a la escalera, pero retrocedio y me tapo la puerta.

– ?Ah, no, de eso nada! -susurro pasando de la calma a la furia-. ?Tu no te vas sin darme mi parte!

– ?Como dices? -exclame atonita.

– Esta vez, no -dijo, el labio inferior temblon, intentando por una vez el papel de ofendida-. Estoy tiesa. Arruinada.

– ?Pues llama al servicio de atencion a millonarios! -replique, volviendo sin quererlo a nuestras disputas fraternales-. Crei que habias heredado, de alguien que conocemos las dos.

– ?Ah, ja ja! -esbozo una sonrisa torcida-. Si, un autentico puntazo. La buena de tia Rose y sus tropecientos millones.

– No entiendo de que te quejas -dije negando con la cabeza-. La ultima vez que te vi te habia tocado la loteria. Si lo que quieres es mas dinero, te has equivocado por completo de persona. -Intente de nuevo acceder a la puerta, y esta vez estaba decidida a pasar-. Aparta de mi camino -le dije, y, para mi sorpresa, lo hizo.

– ?Mirate! -se mofo mientras pasaba por delante. Si no la hubiera conocido bien, habria pensado que estaba celosa-. La princesita fugada. Te has fundido mi herencia en ropa, ?verdad?

Al ver que seguia andando y ni siquiera me detenia a responder, cogio sus cosas y empezo a seguirme. Fue pisandome los talones por toda la escalera mientras me gritaba, primero furiosa, luego frustrada y, por ultimo, desesperada, algo inusual.

– ?Espera! -me chillo, usando el casco de amortiguador contra la pared de ladrillo-. ?Tenemos que hablar! ?Para! ?Jules! ?En serio!

No iba a parar. Si tenia algo importante que decirme, ?por que no lo habia hecho ya? ?Para que el montaje de la moto y la tinta roja? ?Por que habia desperdiciado nuestros cinco minutos en la torre con sus payasadas de siempre? Si, como acababa de insinuar, se habia fundido ya la fortuna de tia Rose, podia entender perfectamente su frustracion. Pero, a mi modo de ver, ese era, por supuesto, su problema.

Tan pronto como llegue abajo, sali del Palazzo Pubblico y cruce briosa el Campo, dejando a Janice con sus lios. La Ducati Monster estaba aparcada delante del edificio, como una limusina ante el teatro Kodak, y, que yo pudiera ver, habia al menos tres agentes de policia esperando impacientes -con sus musculosos brazos en jarras- a que volviera su propietaria.

El cafe de Malena era el unico lugar donde se me ocurria que podia ocultarme de Janice. Si volvia al hotel, supuse, en breve estaria haciendo ochos bajo mi balcon.

Asi que casi corri a la piazza Postierla, volviendome cada diez pasos para asegurarme de que no me seguia, con un nudo de rabia en la garganta. Cuando al fin entre disparada en el local, cerrando la puerta de golpe, Malena me recibio con una carcajada.

– Dio mio! ?Que haces aqui? Me parece que estas bebiendo demasiado cafe.

Al ver que ni siquiera me quedaba aliento para contestar, me lleno un vaso de agua del grifo. Mientras bebia, me observo intrigada, apoyada en la barra.

– ?Tienes problemas… con alguien? -propuso, con cara de que, si era el caso, tenia unos cuantos primos, aparte de Luigi, el peluquero, que estarian encantados de ayudarme.

– Bueno… -dije. ?Por donde empezaba? Mire alrededor y vi aliviada que apenas habia gente en el local y que los demas clientes estaban absortos en sus conversaciones. Se me ocurrio que esa era la ocasion que habia estado esperando desde que Malena habia mencionado a los Marescotti el dia anterior.

– ?Te oi bien…? -Me lance a la piscina sin pensarlo mas-. ?DijisteMarescotti?

La pregunta hizo que en el rostro de Malena se dibujara una sonrisa emocionada.

– Certamente! Naci Marescotti. Ahora estoy casada, pero aqui dentro… -dijo llevandose la mano al pecho- siempre sere una Marescotti. ?Has visto el palazzo?

Asenti con diplomatico entusiasmo, pensando en el penoso concierto al que habia asistido con Eva Maria y Alessandro hacia dos dias.

– Es precioso. Me preguntaba… Dicen que… -Me detuve en seco, notando que me azoraba y sabiendo que, planteara como plantease la siguiente pregunta, iba a hacer el ridiculo.

Al verme tan nerviosa, Malena pesco un brebaje casero de debajo de la barra -sin mirar siquiera- y me sirvio un buen lingotazo en el vaso de agua.

– Toma -dijo-. Especialidad Marescotti. Te pondra contenta.Cin cin.

– Son solo las diez de la manana -proteste, poco dispuesta a catar el turbio liquido por muy ancestral que fuera.

– ?Bah! -se encogio de hombros-. A lo mejor son las diez en Florencia…

Tras ingerir sumisa el brebaje mas apestoso que habia probado desde que Janice habia intentado destilar su propia cerveza en el armario de su cuarto -y obligarme a elogiarlo-, senti que tenia derecho a preguntar.

– ?Estas emparentada con un tal Romeo Marescotti?

La transformacion de Malena ante mi pregunta fue extrana. Paso de ser mi mejor amiga, apoyada en los codos para escuchar mis problemas, a erguirse con un aspaviento y tapar de golpe la botella.

– Romeo Marescotti esta muerto -dijo quitandome el vaso y pasando briosa un pano por la barra. Solo entonces me miro a los ojos, y donde antes habia simpatia encontre temor y recelo-. Era mi primo. ?Por que?

– ?Ah! -La decepcion se apodero de mi cuerpo y me dejo algo mareada. O tal vez fuera la bebida-. Lo siento mucho. No tendria que haberte… -Ese no era, pense, el momento de decirle que mi primo Peppo sospechaba que habia sido Romeo quien habia robado en el museo-. Es que el maestro Lippi, el artista…, dice que lo conoce.

Malena resoplo, pero al menos parecio aliviada.

– El maestro Lippi -susurro llevandose el dedo a la sien a modo de destornillador- habla con fantasmas. No le hagas caso. Esta… -Busco la palabra, pero no encontro ninguna.

– Hay alguien mas… -dije, pensando que bien podria irse todo al garete de una vez-. El jefe de seguridad de Monte dei Paschi. Alessandro Santini. ?Lo conoces?

Malena abrio mucho los ojos, sorprendida; luego volvio a fruncirlos.

– Siena es pequena. -Por como lo dijo, supe que habia gato encerrado en todo aquello.

– ?Por que crees que alguien iria diciendo por ahi que tu primo Romeo vive? -prosegui serena, esperando que mis preguntas no siguieran abriendo viejas heridas.

– ?Eso te ha dicho? -Malena me escudrino el rostro, mas incredula que triste.

– Es una larga historia -dije-, pero, resumiendo, fui yo la que le pregunto por Romeo, porque… soy Giulietta Tolomei.

No esperaba que entendiese la relacion de mi nombre con el de Romeo, pero, por su gesto de asombro, sabia bien quien era, y quienes eran mis antepasados. En cuanto asimilo la noticia, reacciono carinosa y alargo la mano para pellizcarme la nariz.

– II gran disegno-mascullo-. Sabia que habias venido a mi por alguna razon. -Hizo una pausa, como si quisiera decir algo que no debia-. Pobre Giulietta -dijo en cambio, compasiva-. Ojala pudiera decirte que esta vivo… pero no.

Cuando al fin sali del cafe, me habia olvidado por completo de Janice. Por eso me resulto una desagradable sorpresa encontrarmela fuera esperandome, comodamente apoyada en la pared, como el vaquero que mata el tiempo hasta que abran la taberna.

En cuanto la vi alli de pie, sonriendo triunfante por haberme encontrado, lo recorde todo -la moto, la carta, la torre, la discusion-, suspire profundamente y eche a andar en otra direccion, sin preocuparme mucho adonde iba mientras no me siguiera.

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