A los prerrafaelistas les faltaba completamente; sus cuadros carecian de musicalidad y alegria. Para pintarte a ti se necesitan ambas cosas.
– Dime – pregunto Dinny algo desconcertada -: ?Estaba Michael en la Camara cuando se leyeron las acusaciones contra Hubert?
– Si, y volvio a casa completamente fuera de tino. – ?Bien!
– Tenia la intencion de hacer someter el asunto a un nuevo debate, pero al dia siguiente se levantaban las sesiones. Ademas, ?que importancia tiene la Camara? Hoy en dia es la ultima cosa a la que la gente presta atencion.
– Me temo que mi padre se, la presto de modo tremendo en lo que se refiere a aquellas acusaciones.
– Si, tu padre pertenece a la pasada generacion. Pero la unica actividad del Parlamento que ahora le interesa al publico es el Presupuesto del Estado. Y no hay que extranarse, puesto que todo se basa en el dinero.
– ?Le dices esas cosas a Michael?
– No es necesario; hoy en dia el Parlamento es una maquina para la imposicion de impuestos.
– Pero dicta aun algunas leyes, ?verdad?
– Si, querida, pero siempre despues del suceso. No hace mas que consolidar lo que ya ha entrado en la practica o, cuando menos, en el sentimiento del publico. Jamas toma la iniciativa. ?Como podria hacerlo? Esta no es una funcion de la democracia. Si quieres la prueba, ?mira el estado del pais! Es la ultima cosa de que se ocupa el Parlamento.
– En tal caso, ?quien toma la iniciativa?
– ?De que lado sopla el viento? Las corrientes comienzan los pasillos. ?Grandes sitios, los pasillos! ?Junto a quien quieres quedarte cuando alcancemos a los cazadores?
– Junto a lord Saxenden. Fleur la miro.
– Porque quiero hablarle de Hubert y no dispongo de mucho tiempo.
– Ya entiendo. Bueno, quiero hacerte una advertencia, querida. No juzgues a Saxenden por la expresion de su rostro. Es un_ viejo zorro astuto, y tampoco es tan viejo, por otra parte. Y si hay algo que le complace extremadamente es su
Dinny hizo una mueca.
– Hare lo que pueda. Tio Lawrence ya me dio unas cuanta- indicaciones.
– Ve con cuidado; se burla de ti – canturreo Fleur. – Bueno, yo me reunire con Michael. Cuando estoy con el tira mejor. Es una cosa que necesita mucho, el pobrecillo. El Squire y Bart se alegraran de prescindir de nosotros. Cicely, naturalmente, se ira con Charles. Estan todavia en su luna de miel. Queda Diana, para el americano.
– Y espero – dijo Dinny – que le haga fallar los disparos.
– Me parece que no hay nada que logre hacerselos fallar. He olvidado a Adrian. Este se quedara sentado en su silla plegable, meditando sobre los huesos y sobre Diana. Ya hemos llegado. ?Ves? Por esta cancela. Alli esta Saxenden. Le han dado el rincon caliente. Pasa por detras de aquella empalizada y alcanzale por la espalda. Michael debe de estar metido en algun rincon, alla abajo: siempre le dan el apostadero peor.
Se separo de Dinny y continuo por el sendero. Pensando que no le habia pedido a Fleur lo que tenia intencion de pedirle, Dinny paso por detras de la empalizada y, cautelosamente, se acerco a lord Saxenden. El Par se movia de matorral en matorral, en el angulo del campo que le habia sido destinado. Cerca de un alto baston con una hendidura, en la cual habian introducido un cartelito blanco numerado, se hallaba un joven guardabosques sosteniendo dos escopetas. A sus pies estaba tendido un perro de caza con la lengua colgando. Al lado opuesto del sendero, los campos de hierbas y rastrojos subian formando una ladera, y a Dinny – como a cualquier otra persona que tuviera experiencia – le parecio evidente que los pajaros empujados hacia aquel lado, volarian altos y veloces. «A menos que -r penso – no haya detras una maleza muy espesan. Se volvio para mirar. No la habla. Se hallaba en un vasto campo de hierba y los arbustos mas cercanos distaban unos trescientos metros. «Me pregunto – volvio a meditar – si cuando le mira una mujer dispara mejor o peor. Diriase que no tiene nervios.» Volviendose de nuevo, se dio cuenta de que el la habia visto. – ?Le molesto, lord Saxenden? Estare muy quieta.
El Par dio un pequeno tiron a su gorro, que tenia unas puntas especiales delante y detras.
– Bueno, bueno – dijo -. ?Ejem!…
– Eso suena como si yo le molestara a usted. ?Desea que me marche?
– ?No, no! Quedese. Hoy no he podido tocar ni una pluma. Me traera usted suerte.
Dinny se sento en una silla plegable al lado del perro y comenzo a juguetear con las orejas del animal.
– El americano me ha ganado por la mano tres veces seguidas.
– ?Que mal gusto!
– Dispara contra los pajaros mas imposibles, pero, Dios le confunda, siempre los acierta. Todos los pajaros que yo fallo, el los alcanza en el horizonte. Tiene el estilo de un cazador furtivo. Deja que pasen todos y luego los coge de derecha a izquierda, a una distancia de setenta yardas detras suyo. Dice que cuando los tiene delante no los ve.
– Curioso – dijo Dinny, con un pequeno impulso de justicia.
– Creo que hoy no ha fallado golpe – anadio lord Saxenden, despechado -. Le he preguntado como podia tirar con an condenada precision y me ha contestado: «Bueno, estoy acostumbrado a disparar para llenar el puchero y no puedo permitirme el lujo de errar.»
El perro empezo a jadear ligeramente. Lord Saxenden cogio una escopeta mientras el guardabosque preparaba la otra.
– Una bandada a la izquierda, milord.
Dinny oyo un crujir precipitado y vio una hilera de ocho pajaros que se dirigian hacia el sendero. ?Bang- bang…! ?Que diablo…!
Dinny observo que los ocho pajaros desaparecian detras del matorral, en el fondo del campo de hierba.
El perro, jadeando horriblemente, emitio un pequeno grunido ahogado.
– ?La luz debe enganar de un modo terrible! -dijo Dinny.
– No es la luz – replico lord Saxenden -, ?sino el higado!
– Tres pajaros en linea recta, milord.
?Bang!… ?Bang-bang! Un volatil sufrio una sacudida, se contrajo, dio media vuelta sobre si mismo y cayo al suelo a cuatro metros de la joven. Dinny sintio como si algo le agarrase la garganta. Le parecia increible que una cosa tan viva tuviese que terminar de aquella manera. Habia visto muchas veces matar pajaros, pero jamas habia experimentado esa sensacion. Los otros dos atravesaron el seto del fondo; los vio desaparecer y dejo escapar un ligero suspiro. El perro, trayendo en la boca al volatil muerto, se acerco al guardabosque y este se lo cogio. Sentado sobre las patas traseras, siempre con la lengua colgando, el perro continuaba mirando el ave. Dinny vio que su lengua goteaba y cerro los ojos.
Lord Saxenden musito una palabra que ella no logro entender.
El hombre repitio la palabra en voz aun mas baja y, abriendo los ojos, Dinny le vio levantar la escopeta.
– ! Un faisan hembra, milord! -dijo el guardabosque en tono de advertencia.
Un faisan hembra paso a una altura razonable, como sabiendo que su hora todavia no habia llegado.
– ?Diablos! -exclamo lord Saxenden, apoyando la culata de la escopeta contra su rodilla doblada.
– Una bandada a la derecha. ?-Demasiado distante, milord! Varios disparos retumbaron y, al otro lado del seto, Dinny vio volar solamente dos pajaros, uno de los cuales perdia las plumas.
– Es un pajaro muerto – dijo el guardabosque, haciendose pantalla con la mano para observar su vuelo -. ?Agachate! – ordeno, y el perro volvio a tenderse, mirandole jadeante.
Otros disparos retumbaron a la izquierda.
– ?Maldita sea! – gruno lord Saxenden -. Por aqui no pasa nada.
– ?Una liebre, milord! – advirtio el guardabosque rapidamente -. A lo largo del matorral.
Lord Saxenden se volvio sobre sus talones y levanto la escopeta.
– ?Oh, no! ~ dijo Dinny -, pero una detonacion ahogo su exclamacion. La liebre, herida en la parte trasera, se detuvo de golpe, luego avanzo contrayendose y emitiendo unos gritos lastimeros.
– ?Anda a buscarla! -dijo el guardabosque
