– ?Diablos! – mascullo lord Saxenden -. ?Mal herida! A traves de sus parpados cerrados, Dinny sentia su mirada glacial. Cuando abrio los ojos, la liebre yacia muerta al lado del ave. Parecia increiblemente blanda. Dinny se levanto de repente con la intencion de marcharse, pero se sento de nuevo. Hasta que no hubiese terminado la batida no podia moverse sin correr el riesgo de ponerse al alcance de las escopetas. Volvio a cerrar los ojos mientras los disparos continuaban.

– Eso es todo, milord.

Lord Saxenden estaba entregandole la escopeta al guardabosque y otros tres volatiles yacian al lado de la liebre.

Algo avergonzada por las nuevas sensaciones que habia experimentado, Dinny se levanto, cerro la silla plegable y se encamino hacia la empalizada. Sin cuidarse de las convenciones, la salto y aguardo a lord Saxenden al otro lado.

– Siento haber herido a esa liebre – dijo el -. Pero he estado viendo manchas durante todo el dia. ?Usted jamas tiene manchas delante de los ojos?

– No. De vez en cuando veo las estrellas. El grito de una liebre es horrible, ?verdad?

– Estoy de acuerdo con usted. Jamas me ha gustado.

– Un dia que estabamos merendando en el campo, vi detras nuestro una liebre sentada sobre sus patas, como un perro, y a traves de las orejas rosadas y transparentes se percibia la luz del sol. Desde aquella vez siempre me han gustado las liebres.

– No son presa para un cazador aficionado – admitio lord Saxenden -. Personalmente las prefiero asadas que no a la cazadora.

Dinny le echo una mirada. Estaba colorado y tenia un aspecto bastante satisfecho.

«Este es el momento oportuno», penso.

– Lord Saxenden, ?jamas les ha dicho usted a los americanos que fueron ellos quienes ganaron la guerra?

El la miro glacialmente.

– ?Por que hubiese debido hacerlo? – Pero la ganaron, ?verdad?

– ?Es el profesor quien lo dice?

– Nunca se lo he oido decir, pero estoy segura de que lo piensa.

Dinny volvio a ver en su rostro la expresion glacial. – ?Que sabe usted de el?

– Mi hermano tomo parte, en su expedicion.

– ?Su hermano? ?Ah! – Y fue como si hubiese dicho «Esta joven quiere algo de mi».

Repentinamente Dinny sintio que estaba caminando sobre una capa muy delgada de hielo.

– Si ha leido el libro del profesor Hallorsen, espero que leera tambien el Diario de mi hermano.

– Jamas leo nada – contesto lord Saxenden -. No tengo tiempo. Pero ahora recuerdo. Su hermano mato a un hombre en Bolivia, ?verdad? Y perdio los transportes.

Tuvo que disparar para salvarse y fue necesario que hiciese fustigar a dos hombres por sus continuas crueldades con las mulas. Luego, todos ellos, salvo tres, desertaron y ahuyentaron a los animales. Era el unico hombre blanco en medio de un grupo de mestizos.

De repente, recordando la advertencia de sir Lawrence «i Lanzale la mirada boticeliana, Dinny!», levanto los ojos hacia los suyos, astutos y frios.

– ?Podria leerle unos fragmentos de su Diario? – Bueno, si hay tiempo.

– ?Cuando?

?Esta noche? He de irme manana, despues de la caceria.

– Elija usted el momento – dijo ella, audazmente.

– Antes de cenar va a ser imposible. Tengo que escribir algunas cartas urgentes.

– Puedo quedarme levantada toda la noche, si es necesario – repuso, sorprendiendose mientras le echaba una mirada escudrinadora.

– Veremos – respondio el, bruscamente.

En ese momento fueron alcanzados por los demas. Logrando evitar la ultima batida de la caceria, Dinny regreso sola a casa. Su sentido del humor la cosquilleaba, pero se sentia algo perpleja. Con mucha astucia, llego a la conclusion de que el Diario no produciria el efecto deseado, de no convencerse lord Saxenden de que podria sacar de el alguna ventaja personal; y mas claramente que nunca vio lo dificil que resultaba pedir algo sin desprenderse de nada.

Una bandada de palomos silvestres se levanto de unas cuantas gavillas que estaban a su derecha, y cruzo volando en direccion al bosque, a orillas del rio. La luz extendiase horizontalmente y los rumores del atardecer flotaban en el aire. El sol, que se ponia, proyectaba sus ultimos rayos dorados sobre los rastrojos; las hojas, recien brotadas eran una promesa de color y, a lo lejos, la -linea azul del rio brillaba entre los arboles que lo bordeaban. En el aire, el olor humedo y ligeramente acre del otono incipiente se mezclaba con el del humo de lena que ya se levantaba de las chimeneas de las casas de campo. ?Una hora maravillosa, un maravilloso- atardecer! ?Que parrafos del Diario podia leer? Su mente titubeaba. Veia el rostro de Saxenden mientras decia: «?Su hermano? Ah!» Veia detras de aquella risa su caracter duro, rigido, calculador e insensible. Recordaba las palabras de sir Lawrence. «?Que si los habia, querida? ? Hombres de valia inapreciable!»

Habia leido poco tiempo antes las Memorias de uno que durante todo el periodo de la guerra penso en movimientos y numeros y que, con una sola exclamacion de espanto, habia renunciado a pensar en los sufrimientos escondidos detras de aquellos movimientos y de aquellos numeros; en la voluntad de ganar la guerra parecia haberse impuesto el deber de no pensar jamas en el lado humano de los problemas y, ella estaba segura, no se lo hubiera podido figurar ni de «quererlo» hacer. ?Hombre de valia! Habia oido hablar a Hubert desdenosamente de aquellos «estrategas de salon» que se habian complacido con la guerra, excitados por el interes de combinar movimientos y numeros y de saber antes que nadie esto y lo de mas alla y por la importancia que, debido a eso, se atribuian. Recordaba un parrafo de otro libro leido recientemente, que trataba de los hombres que dirigian lo que se llama progreso: estaban en los Bancos, en las oficinas de la City, en los despachos gubernamentales; todos ellos combinaban movimientos y numeros sin preocuparse de la carne y de la sangre, excepto de la suya propia; hombres que, sobre el papel, iniciaban esta o aquella empresa diciendoles a estos o a aquellos

«! Haced lo que se os dice y hacedlo bien, o que el diablo os lleve!» Hombres con sombrero de copa o bien con traje de deporte, que guiaban la maquina de las empresas tropicales, de la extraccion de minerales, de los grandes almacenes, de las construcciones, de los ferrocarriles, de las concesiones aca y aculla y en dondequiera que fuese.!Hombres de valia Hombres alegres, bien alimentados, indomables, de ojos glaciales, Siempre comiendo, siempre enterados de todo, despreocupados del coste de las vidas humanas y de los humanos sentimientos. «Sin embargo – penso – deben tener verdadero valor, pues, de otro modo, ?como podriamos tener goma, o carbon, o perlas, o ferrocarriles, o Cambio y Bolsa; o guerras?». Penso en Hallorsen. El, cuando menos, trabajaba y sufria por sus ideas, dirigia sus propias empresas y no se quedaba en su casa enterandose de todo, comiendo jamon, despellejando liebres y mandando los movimientos de los demas.

Entro en las tierras del Manor y se detuvo en el campo de «croquet». Su tia Wilmet y lady Henrietta parecian estar poniendose de acuerdo en mantener cada una su propia opinion. Apelaron a ella.

– ?Esta bien de este modo, Dinny?

– No. Cuando las pelotas se tocan, se continua jugando pero, tia, no debes mover la pelota de lady Henrietta cuando le das a la tuya.

– Yo he dicho lo mismo – exclamo lady Henrietta.

– Desde luego, lo has dicho, Hen. Estoy en una posicion magnifica. Bueno, mantengo mi opinion y continuo jugando – y tia Wilmet dio un golpe a su pelota enviandola al otro lado del pequeno arco, moviendo al hacerlo varias pulgadas la pelota de su contrincante.

– ?No es una mujer sin escrupulos? – musito lady Henrietta en tono planidero. Dinny comprendio en seguida la gran ventaja practica de ponerse de acuerdo para conservar cada cual su propia opinion.

– Te pareces al Duque de Hierro, tia -manifesto salvo que tu no usas la palabra «condenado» tantas veces como el.

– Si que la usa – manifesto lady Henrietta -. Su lenguaje es espantoso.

– Sigue, Hen – dijo tia Wilmet, halagada. Dinny las dejo y se encamino hacia la casa. Se vistio y entro en la habitacion de Fieur.

Вы читаете Esperanzas juveniles
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату