– Un signo caracteristico – continuo – puede volver a aparecer despues que varias generaciones han parecido perderlo. Es sumamente interesante. Me gustaria ver si su hermano es tan distinto de usted.

Dinny sonrio

– Le escribire para que venga a buscarme con el coche. Es posible que no le encuentre usted digno de sus lisonjas. En ese momento entraron los hombres.

– Todos tienen aspecto de decir: «Deseo sentarme al lado de una. Mujer.» ?Y por que razon? Los hombres son comicos despues de las comidas – murmuro Dinny.

La voz de sir Lawrence rompio el silencio

– Saxenden, ? quiere usted unirse al Squire para hacer un bridge»?

Ante estas palabras, tia Wilmet y lady Henrietta se levantaron automaticamente del sofa en que estaban tranquilamente sentadas manteniendo cada una su propia opinion, y se acercaron al punto en donde continuarian la cuestion por todo el resto de la velada. Lord Saxenden y el Squire las siguieron de cerca.

Jean Tasburgh hizo una mueca.

– ?No le parece ver al «bridge» pegarse a la gente como un hongo?

– ?Otra mesa? – propuso sir Lawrence -. ?Adrian? No. ?Profesor?

– Creo que no, sir Lawrence.

– Fleur, ?por que no jugamos tu y yo contra Em y Char les? Vamos. Terminaremos pronto.

– Pero no puede verle pegarse a tio Lawrence – murmuro Dinny -. ?Oh! ?Profesor! ?Conoce usted a la senorita Tasburgh?

Hallorsen se inclino.

– Hace una noche maravillosa – observo el joven Tasburgh, dirigiendose a Dinny -. ?No podriamos salir fuera? – Michael – dijo Jean, levantandose -. Salgamos.

La definicion de la noche era exacta. El follaje de las encinas y de los olivos se enlazaba inmovil en el aire obscuro; las estrellas brillaban como diamantes y no habia escarcha; las flores solo tenian colores si se las miraba de cerca; oiase algun ligero rumor solitario: el grito de un mochuelo, procedente de algun lugar cercano al rio, y el zumbido de un escarabajo volador. El aire era tibio y la casa iluminada asomaba vagamente entre los cipreses de copas recortadas. Dinny y el marino caminaban delante.

– Esta es una de las noches en las que se ve algo de la obra de Dios. Mi padre es un hombre bueno como el pan, pero sus funciones son tales que bastan para matar cualquier creencia. ?Tiene usted alguna fe?

– ?En Dios? ---pregunto Dinny -. Si, pero sin saber por que.

– ?No encuentra usted que es imposible pensar en Dios, sin estar al descubierto y a solas?

– Tambien en la iglesia he sentido emocion alguna vez. -y Yo creo que es necesario algo mas que emocion. En mi opinion, se necesita comprender la infinita creacion que se cumple en la paz infinita. El movimiento perpetuo y ,1g perpetua tranquilidad a un mismo tiempo. Ese americano me parece un buen muchacho.

?Han hablado del carino entre primos?

– He guardado esta conversacion para usted. Tuvimos un mismo tatara-tatara-tatarabuelo bajo el reinado de Ana. En casa tenemos su retrato. Es un hombre terrible, cubierto con una peluca. Pero el hecho es que usted y yo somos primos. Por lo tanto, el amor sigue de cerca.

– ?De veras? La sangre es una espada de doble filo. Pone en lid las diferencias.

– ?Piensa usted en los americanos?

– Dinny asintio.

– De todos modos- dijo el marino -, no tengo la menor duda de que, encontrandome en una pelea, preferiria tener conmigo a un americano que no a cualquier otro extranjero. Y puedo decir que en la Armada todos pensamos lo mismo.

– ?No sera porque hablamos el mismo idioma?

– No. Es por las caracteristicas y los puntos de vista que tenemos en comun.

– Pero eso puede decirse tan solo de los americanos de origen britanico, ?no es asi?

– Siempre son esos americanos los que cuentan, sobre todo si con ellos se hallan comprendidos los otros de origen holandes y escandinavo, como es el caso de Hallorsen. Tambien nosotros tenemos mucha de esta sangre.

.-. En tal caso, ?por que no incluir tambien a los americanos de origen aleman?

Podria hacerse hasta cierto punto. Pero considere la forma de la cabeza alemana. En fin de cuentas, los, alemanes son europeos centrales u orientales.

– Tendria usted que hablar con mi tio Adrian. – ?Es ese alto, con perilla? Su cara me agrada.

– Es simpatiquisimo – dijo Dinny -. Hemos perdido a los' demas y comienzo a notar la escarcha.

– Un momento, por favor. Cuando le he hablado durante la cena lo he hecho perfectamente en serio. Usted, «es» mi ideal, y espero que me permitira usted lograrlo.

Dinny hizo una reverencia.

– Joven sir, usted me halaga. Pero – continuo sonrojandose ligeramente -, quisiera indicarle que ejerce usted una noble profesion…

– ?Jamas habla usted en serio?

– Rara vez, particularmente si me encuentro bajo la escarcha.

El le cogio la mano.

– Bien, algun dia lo hara usted, y yo sere la causa de ello. Aflojando ligeramente la presion de la mano, Dinny retiro la suya y continuo caminando.

– Hermosa primita – dijo Tasburgh -, pensare en usted dia y noche. No hace falta que se moleste en contestar.

Y abrio la puerta vidriera.

Cicely Mushkham estaba sentada al piano y Michael se hallaba detras de ella.

Dinny se le acerco.

– Michael, voy a ir a la salita de Fleur. ?Podrias indicarsela a lord Saxenden? Si a las doce no hubiera venido, me ire a acostar. He de escoger los parrafos que quiero leer.

– Esta bien, Dinny. ?Buena suerte!

Dinny fue a buscar el Diario, abrio la ventana de la salita y se sento para hacer su seleccion. Eran las diez y media; ningun ruido venia a molestarla. Escogio seis trozos bastante largos, que parecian poner en evidencia la imposibilidad de la mision que le fue confiada a su hermano. Luego encendio un cigarrillo y apoyo la cabeza contra el alfeizar de la ventana. La noche no era menos maravillosa que antes, pero sus sensaciones eran' mas profundas. ?El movimiento perpetuo en el perpetuo silencio? Si Dios se identificaba con esto, era de poca ayuda inmediata a los mortales, pero, ?por que habia de serlo? Cuando la liebre herida por Saxenden emitio aquellos chillidos, ?Dios la habia escuchado? Y de ser asi, ?no habria sentido un escalofrio? Cuando Tasburgh le estrecho la mano en el jardin, ?lo habia visto y se habia sonreido? Cuando Hubert yacia presa de la fiebre, escuchando el grito del somormujo, ?habia IR1 enviado un angel para proporcionarle quinina? Cuando, dentro de billones de anos, aquella estrella que brillaba alla arriba se apagase, ?se lo anotaria en el puno de la camisa? Los millones de millones de hojas y de briznas de hierba que formaban la substancia de la obscuridad alla abajo, y los millones de millones de estrellas que le permitian ver en aquella obscuridad, todo era el resultado de un perpetuo movimiento en una quietud sin fin, todo era parte de Dios. Y ella misma, y el humo de su cigarrillo; el jazmin que estaba debajo de la ventana y cuyo olor era invisible, y el trabajo de su cerebro al decidir que no era amarillo; y el perro que ladraba tan lejos que el ruido era como un hilo por el que podia asirse la trama del silencio; todo, todo estaba dotado con el remoto, infinito, invasor, incomprensible designio de Dios.

Se estremecio y retiro la cabeza. Tomo asiento en un sillon y, con el Diario sobre las rodillas, echo una mirada a la habitacion.

El buen gusto de Fleur la habia suavizado. Los colores de la alfombra eran delicados, y la luz dulcemente difuminada por las pantallas caia sobre su traje verdemar y sobre sus manos posadas encima del Diario. El largo dia la habia fatigado. Se recosto y miro con somnolencia el friso de cupidos de terracota con los que una anterior lady Mont hiciera adornar la habitacion. Extranas criaturitas regordetas, atadas a distancias regulares con cadenas de rosas. A ella se le antojaban condenadas al eterno examen del dorso del companero que tenian delante. La caza de las rosadas horas, de las rosadas…

Sus parpados se cerraron y la boca se le entreabrio: se habia dormido. Y la luz discreta, al acariciar su rostro,

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