del pais, el agotarse guiando, dirigiendo, y trabajando loor la gente que le rodeaba, sin la conviccion de que su guia y su ministerio hiciesen algo mas que senalar el camino de su propio deber. En una epoca en la que todo hallabase oscurecido por la duda y en la que la tentacion de mofarse de la aristocracia y de la tradicion era irresistible, el representaba un orden social educado en la mision de continuar su trabajo, no porque viese en ello un beneficio para los demas o porque intuyese su propio beneficio, sino porque volver la espalda al trabajo era algo comparable con la desercion. Hilary jamas sonaba en justificar a los de su «clase» o en explicar la esclavitud a que su padre el diplomatico, su tio el obispo, sus hermanos el soldado, el conservador y el juez (dado que Lionel acababa de obtener su nombramiento) estaban condenados. De ellos, como de si mismo, pensaba: «?Duro, y a la cabeza!». Ademas, cada una de sus actividades tenia alguna ventaja evidente que podia senalar, pero que, en su corazon, pensaba que era como si estuviese grabada sobre papel en vez de estarlo sobre piedra.
Habia despachado una complicada correspondencia cuando, a [es nueve y media del dia siguiente a la reaparicion de Ferse, Adrian entro en su despacho, que estaba en bastante mal estado. unicamente Hilary, entre los numerosos amigos de Adrian, comprendia y apreciaba los sentimientos y la posicion de su hermano. Entre ellos no mediaban mas que dos anos de diferencia; de ninos fueron amigos inseparables; ambos eran alpinistas y antes de la guerra estaban acostumbrados a ser companeros en ascensiones dificiles y en descensos aun mas peligrosos; los dos estuvieron en la guerra, Hilary como capellan en Francia y Adrian, que hablaba arabe, como interprete en Oriente Aparte de todo, tenian un caracter completamente distinto, lo cual resulta favorable para una larga amistad. Entre ellos no hacian falta explicaciones de indole intima; inmediatamente se constituian en Comite Ejecutivo.
– ?Que noticias hay esta manana? – pregunto Hilary. – Dinny me ha comunicado que todo esta tranquilo; pero, mas tarde o mas temprano, la calma de Ferse se derrumbara debido a la tension de estar en la misma casa que Diana. Por ahora puede bastarle la sensacion de que se halla en su hogar y de que esta libre, pero yo no le concedo mas de una semana. Ahora voy a la Clinica, pero no creo que sepan mas de cuanto sabemos nosotros.
– Perdoname, viejo, pero lo mejor seria que hiciese vida normal con ella.
El rostro de Adrian se contrajo.
– Es superior a las fuerzas humanas, Hilary. La convivencia, absoluta resultaria demasiado cruel. No se le puede pedir eso a una mujer.
– A menos que el pobre diablo se conserve cuerdo
– La decision no la podemos tomar nosotros, sino ella. No te olvides cuanto sufrio antes de que le encerraran en esa Clinica mental. Deberiamos conseguir que se alejase de su casa, Hilary.
– Seria mas sencillo que «ella» buscase un refugio.
– ?Quien podria ofrecerselo, excepto yo mismo? Lo que, seguramente, a el le haria volver a perder la razon.
– Si pudiese amoldarse a las condiciones de esta casa, podriamos alojarla nosotros – repuso Hilary.
– ?Y los ninos?
– Podriamos arreglarnos de un modo u otro. Pero dejarlo solo y ocioso no le ayudara a mantenerse cuerdo. ?Esta en condiciones de hacer algo?
– Creo que no. Cuatro anos de esa clase de vida bastan para destruir a un hombre. Ademas, ?quien le daria un empleo? ?Si pudiese convencerle de que se viniese a vivir conmigo!
– Dinny y la otra muchacha me dijeron que tiene buen aspecto y que habla razonablemente.
– En cierto sentido, si. A lo mejor, en la clinica nos pueden dar alguna sugerencia.
Hilary cogio el brazo de su hermano.
– Muchacho, es horrible para ti. Pero apuesto a que sera menos malo de lo que esperamos. Hablare con May. Si despues de haber visto a los medicos crees conveniente que Diana se refugie aqui…, ofreceselo.
Adrian estrecho la mano de su hermano. – Voy a coger el tren.
Cuando se quedo solo, Hilary permanecio inmovil, con la frente arrugada. Habia visto tantas veces en su vida la inexorabilidad de la Providencia, que ya no la clasificaba como be nevola, ni siquiera en sus sermones. Por otra parte, habia visto a muchas personas vencer sus desdichas a base de pura tenacidad y a muchas otras, vencidas por sus propias desdichas, adaptarse a ellas bastante bien; por lo tanto, se habia convencido de que, por lo general, exagerabase la importancia de la infelicidad, y estaba seguro de que las cosas perdidas eran habitualmente ganadas. Lo importante era seguir adelante sin preocuparse. En ese momento recibio su segunda visita, la de Millicent Pole, – quien, a pesar de haber sido absuelta, perdio su empleo en Petter and Polin's: la declaracion de inocencia hecha por la Ley no habia borrado el recuerdo de lo sucedido. Llevaba un gracioso traje azul marino y todo su dinero estaba invertido, por decirlo asi, en sus medias. Se quedo de pie, aguardando que la catequizaran.
– Bien, Millie, ?que tal esta tu hermana? – Regreso ayer, senor Cherrell.
– ?Se hallaba en condiciones de regresar?
– No lo creo, pero me dijo que si no volvia perderia su empleo.
– No veo el motivo.
– Porque si seguia ausente mas tiempo hubieran podido pensar que tambien ella estaba complicada en «aquel» asunto. – Bueno, ?y tu? ?Te gustaria ir al campo?
– ?Oh, no!
Hilary la contemplo. Era una muchacha bonita, con una graciosa figura, tobillos finos y una boca docil. Tenia el absoluto convencimiento de que hubiera debido estar casada.
– ?Tienes novio, Millie? La muchacha sonrio.
– Lo tengo, pero no en plan formal, senor.
– ?No lo suficientemente formal para casarse contigo? – Por lo que puedo ver, no tiene ganas de hacerlo. -?Y tu?
– Yo no tengo prisa.
– Bueno, ?tienes algun plan?
– Me gustaria… bien, me gustaria hacer de maniqui. – Va. ?Te ha dado Petters buenas referencias?
– Si, y me ha dicho que sentia que tuviese que marcharme; pero como los periodicos han hablado tanto, las otras muchachas…
– Si. Ya sabes, Millie, que fuiste tu quien te metiste en el embrollo. Yo te defendi porque te encontrabas en una posicion dificil, pero no estoy ciego. Has de prometerme que no volveras a hacer una cosa semejante, porque es el primer paso hacia la ruina completa.
La muchacha le dio la contestacion que el esperaba, es decir, no respondio.
– Voy a llevarte a que veas a mi esposa. Consulta con ella, y si no logras encontrar un empleo como el que tenias, podriamos ensenarte rapidamente lo que es necesario para que consigas un puesto de camarera en un restaurante. ?No te gustaria?
– Jamas he pensado en ello.
Lo miro, entre timida y sonriente. «Una chica como esta deberia recibir una dote del Estado; no hay otro modo para protegerla del peligro», penso Hilary, y dijo
– Dame un apreton de mano, Millie, y recuerda lo que te he dicho: Tu madre y tu padre fueron amigos mios. Tu debes respetar su memoria…
– Si, senor Cherrell.
«?Ya lo creo!», penso Hilary, acompanandola hasta el comedor, al otro extremo del pasillo, donde su mujer estaba trabajando ante la maquina de escribir. Cuando hubo vuelto a su despacho, abrio el cajon del escritorio y se dispuso a luchar con las cuentas, puesto que aun no habia tenido ocasion de conocer un lugar donde el dinero tuviese mas importancia que en aquel escualido centro de un mundo cristiano, cuya religion desprecia el dinero.
«Los lirios del campo – penso – no trabajan, ni tejen, pero desde luego piden limosna. ?Que diablos he de hacer para mantener en pie el Instituto hasta fin de ano?»
El problema todavia no estaba solucionado, cuando- la doncella le anuncio
– El capitan, la senorita Cherrell y la senorita Tasburgh. «?Caspita! – se dijo -. Esos no pierden el tiempo.»
No habia vuelto a ver a su sobrino desde su regreso de la expedicion Hallorsen. Lo afligio la expresion lugubre y envejecida de su rostro.
