Continuaba inmovil. La mueca se desvanecio de sus labios, sus ojos estaban cerrados y tenia el aspecto de un hombre que se ha quedado dormido repentinamente, como podria amodorrarse entre las varas una bestia de carga rendida por haber corrido demasiado.

– Cierra el piano y subamos – dijo Dinny.

Diana cerro el piano sin hacer ruido y acto seguido se levanto.

Aguardaron, cogidas del brazo, pero el no se movio. – ?Esta realmente dormido? – murmuro Dinny. Verse se enderezo de golpe.

– ?Dormir! ?Ya vuelve! ?Ya vuelve otra vez! ?Y no quiero soportarlo! ?Por Dios! ?No quiero soportarlo! Permanecio un momento transformado como por una especie de furor; luego, viendo retroceder a Diana, se dejo caer sobre el divan y se oculto el rostro entre las manos. Con un movimiento impulsivo, Diana se acerco a el.

Ferse levanto la vista. Sus ojos tenia» una expresion salvaje.

– ?No!_ -dijo roncamente-. ?Dejadme!… ?Marchaos!

Desde el umbral, Diana le pregunto

– Ronald, ?quieres ver a alguien? Solo para hacerte dormir… solo para eso.

Verse salto en pie de nuevo.

– ?No quiero ver a nadie! ?Marchaos!

Salieron del cuarto atemorizadas. Una vez en la habitacion de Dinny, se abrazaron temblando.

– ?Se han acostado las doncellas?

– Siempre se acuestan temprano, a menos que salga una de ellas.

– Creo que deberia bajar a telefonear.

– No, Dinny. Lo hare yo. Pero, ?a quien?

Este, efectivamente, era el problema. Lo discutieron en voz baja. Diana penso en su medico y Dinny fue del parecer que debian enviar a Adrian a casa de Michael para llamar al medico y traerlo.

– ?Estaba asi antes del ultimo ataque?

– No. Entonces no sabia lo que le esperaba. Temo que pueda matarse, Dinny.

– ?Tiene armas?

– Le di a Adrian su revolver militar para que lo guardase. – ?Navajas?

– Solo cortaplumas; en casa no hay veneno. Dinny se encamino hacia la puerta.

– Debo ir a telefonear.

– Dinny, no puedo tolerar que tu…

– A mi no me tocara. Tu eres la que esta en peligro. En cuanto yo salga, cierra la puerta con llave.

Antes de que Diana pudiese detenerla, se deslizo afuera. Las luces todavia brillaban; se detuvo unos segundos. Su habitacion estaba en el segundo piso y daba a la calle. La de Diana y Verse se hallaba en el primer piso, al lado de la salita. Tenia que pasar delante de ella para llegar hasta el vestibulo y al pequeno estudio donde se encontraba el telefono. Desde abajo no llegaba ruido alguno. Diana habia abierto de nuevo la puerta y estaba en el umbral. Comprendiendo que de un momento a otro podria tomarle la delantera, Dinny comenzo a bajar las escaleras. Crujian y se paro para quitarse los zapatos. Llevandolos en una mano avanzo lentamente, paso la puerta de la salita de donde no salia ningun rumor, y se apresuro hacia el vestibulo. Vio el sombrero y el abrigo de Ferse echados sobre una silla y, entrando en el pequeno estudio, cerro la puerta tras de si. Se detuvo un momento para recobrar aliento, dio vuelta al interruptor de la luz y cogio el listin de telefonos. Encontro el numero de Adrian y estaba alargando la mano hacia el auricular cuando sintio que le agarraban la muneca. Se volvio sobresaltada y vio a Ferse delante suyo. La hizo dar media vuelta sobre si misma y, con un dedo, indico los zapatos que aun tenia en la mano.

– Estaba usted traicionandome – dijo, y siempre agarrandole la muneca, saco un cortaplumas de un bolsillo. Separada de el por toda la longitud del brazo, Dinny le miro a la cara. Por una razon indefinible no estaba asustada como antes; el sentimiento que la dominaba era una especie de verguenza por haber sido sorprendida con los zapatos en la mano.

– Esto es tonto, capitan Ferse – repuso glacialmente -. Usted sabe que ni Diana ni yo le haremos ningun dano.

Ferse aparto la mano, abrio el cortaplumas y, con un esfuerzo violento, corto el hilo del telefono. El auricular cayo al suelo. Entonces cerro el cortaplumas y volvio a meterselo en el bolsillo. Dinny tuvo la impresion de que, despues de esta accion, su desequilibrio mental era menos agudo.

– Calcese. Ella obedecio.

– Escucheme bien. Nadie ha de entrometerse en mis asuntos o crear confusionismo. Hare de mi persona lo que me venga en gana.

Dinny se quedo silenciosa. Su corazon latia apresuradamente y no queria que la voz la traicionara.

– ?Ha comprendido?

– Si. Pero nadie quiere entrometerse -en sus asuntos o hacer algo que 'a usted no le agrade. Solo queremos su bien. – Se perfectamente de que bien se trata – repuso Ferse -. Ya tengo bastante. – Se acerco a la ventana, aparto con violencia un visillo, y miro fuera -. Llueve a cantaros – observo. Luego se volvio y la miro detenidamente. Su rostro-comenzo a contraerse, las manos a crisparse y la cabeza a moverse de derecha a izquierda. Repentinamente, grito: – ?Salga de aqui! ?De prisa! ?Fuera, fuera!

Con toda la rapidez posible, pero sin correr, Dinny alcanzo la puerta, la cerro tras de si y volo escaleras arriba. Diana todavia estaba de pie en el umbral del dormitorio. Dinny la empujo adentro, cerro con llave y se sento sin aliento.

– Me seguia – dijo jadeando – y ha cortado el hilo. Tiene un cortaplumas. Temo que la locura se esta acercando. ?Resistiria esta puerta si intentase derrumbarla? Tenemos que poner la cama contra ella.

– Si lo hicieramos, no podriamos dormir.

– De todos modos, no creo que lo consigamos ya – dijo, y acto seguido comenzo a arrastrar el lecho. Lo empujaron hasta la puerta, de modo que formara un angulo recto.

– ?Las doncellas cierran sus puertas con llave? – Si, desde que el esta aqui.

Dinny respiro aliviada.

La idea de tener que volver a salir para advertirlas le daba escalofrios. Se sento en la cama y miro a Diana, que estaba erguida cerca de la ventana.

– ?Que piensas, Diana?

– ~ Pensaba en lo que experimentaria si los ninos todavia estuviesen aqui.

– Si; gracias a Dios, ya no estan.

Diana se acerco a la cama, apretandose las manos hasta que sintio dolor.

– ?No se puede hacer nada, Dinny?

– Ferse dormira y manana estara mucho mejor. Ahora que nos hallamos en peligro, ya no me sabe tan mal por el.

Diana dijo con indiferencia

– Yo ya no siento nada. Quien sabe si se ha enterado de que no estoy en mi habitacion quiza deberia bajar y enfrentarme con el.

– ?No iras! – replico Dinny. Quito la llave de la cerradura y se la metio en una media. La sensacion de fria dureza la entono los nervios. – Ahora – continuo – nos tumbaremos con los pies hacia la puerta. Es inutil que nos fatiguemos inutilmente.

Una especie de apatia invadio a las dos mujeres. Durante largo rato permanecieron abrazadas la una a la otra debajo del edredon, sin dormir y sin estar completamente despiertas.

Dinny habia logrado finalmente conciliar el sueno cuando la desperto un rumor ahogado. Miro a Diana. Estaba dormida, profundamente dormida. Un rayo de luz se filtraba por una hendidura donde la puerta no se adheria bien a la pared. Apoyandose en un codo, tendio el oido. El pomo de la puerta fue girado y sacudido. Luego alguien golpeo ligeramente.

– Bien – dijo Dinny, en voz baja -. ?Quien es?

– Soy yo – contesto la voz de Ferse, quedamente -. Te necesito, Diana.

Dinny se inclino hacia el agujero de la cerradura.

– Diana no se encuentra bien -musito -. Ahora duerme. No la moleste.

Siguio un silencio. Luego, con horror, oyo un largo suspiro quejumbroso, un sonido tan lastimoso, que estuvo a punto de sanar la llave. La vista del rostro de Diana, palido y fatigado, la retuvo. ?Inutil! Cualquiera que fuese el

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