significado del sonido, era inutil. Y, acurrucandose en el lecho, se quedo a la escucha. Ningun otro ruido. Diana continuaba durmiendo, pero Dinny no logro volver a conciliar el sueno. «Si se mata -penso-, ?tendre yo la culpa? ?No seria mejor para Diana y sus hijos, e incluso para el mismo?» Pero el largo suspiro continuaba resonando dentro de ella. ?Pobre hombre!, ?pobre hombre! Ahora no experimentaba mas que una terrible, una dolorosa piedad, una especie de resentimiento contra la inexorabilidad de la Naturaleza que infligia semejantes penalidades a las criaturas humanas. ?Aceptar los misteriosos decretos de la Providencia? ?Quien podia hacerlo? ?Insensata y cruel! Dinny yacia temblorosa cerca de la agotada durmiente. ?Que habian hecho que no hubiesen debido hacer? ?Podian ayudarle mas de cuanto intentaron? ?Que harian a la manana siguiente? Diana se movio. ?Se despertaria? Pero se volvio de costado y recayo en un sueno profundo. Lentamente, una pesada somnolencia apoderose tambien de Dinny y se quedo dormida.
La desperto ni. Golpe dado contra la puerta. Era de dia. Diana todavia dormia. Miro su reloj de pulsera. Eran las ocho. Habian venido a despertarlas.
– Muy bien, Mary- – contesto en voz baja -. La senor Ferse esta aqui.
Diana se incorporo, fijando los ojos en Dinny medio vestida.
– ?Que sucede?
– Nada, Diana. Son las ocho. Seria mejor que nos levantasemos y volvieramos a poner la cama en su sitio. Has dormido muchas horas. Las doncellas ya estan en pie.
Se pusieron unas batas y empujaron la cama hasta su sitio. Dinny extrajo la llave de su curioso escondrijo y abrio la puerta.
– Es inutil quedarse cavilando. Bajemos.
Se detuvieron un momento para escuchar; luego descendieron. La habitacion de Diana no habia sido tocada. Evidentemente la doncella habia entrado y descorrido las cortinas. Se pararon cerca de la puerta del cuarto de Ferse. No se oia ruido alguno. Se acercaron a la puerta de al lado. ?Ningun rumor!
– Sera mejor que bajemos – dijo Dinny en voz queda – ?Que le diras a Mar y?
– Nada. Ya lo comprendera.
La puerta del comedor y la del despacho estaban abiertas. El auricular del telefono aun yacia en tierra. No habia otra senal del_ drama de la noche pasada.
Diana entro en el comedor y toco el timbre. La anciana camarera acudio desde el piso bajo, reflejando en su rostro una expresion ansiosa y asustada.
– Mary, ?ha visto usted esta manana el sombrero y el abrigo del senor?
– No, senora.
– ?A que hora ha bajado usted? – A las siete.
– ?No ha entrado en su habitacion? – Todavia no, senora.
– Esta noche pasada no me he encontrado bien. He dormido arriba, con la senorita Dinny.
Las tres subieron.
– Llame a la puerta.
La doncella llamo. Dinny y Diana permanecian muy juntas. No recibieron respuesta.
– Llame de nuevo, Mary. Esta vez mas fuerte.
La doncella llamo repetidamente. Ninguna respuesta. Diana la aparto a un lado y dio vuelta al pomo. La puerta se abrio. Ferse no se hallaba alli. La habitacion estaba en desorden, como si alguien hubiese caminado furiosamente y sostenido una lucha. La botella. del agua estaba vacia y la ceniza de tabaco esparcida por doquier. Alguien habiase tumbado sobre el lecho, pero no dormido. No habia signo. alguno que indicase preparativos de partida o cosas sacadas de los cajones. Las tres mujeres se miraron. Luego, Diana dijo
– Prepare rapidamente el desayuno, Mary. Tenemos que salir.
– Si, senora. He visto el telefono.
– Escondalo y hagalo arreglar; no comente nada con las otras. Diga solo que el capitan estara fuera dos o tres dias. Haga que las cosas den esta impresion. Vistamonos de prisa, Dinny.
La doncella volvio a bajar. Dinny pregunto
– ?Lleva dinero consigo?
– No se. Puedo mirar si el talonario de cheques ha desaparecido.
Corrio abajo y Dinny aguardo. Diana volvio en seguida.
– No; esta en el secretaire del comedor. Pronto, Dinny, vistete.
Eso significaba… ?que significaba? Un extrano conflicto de esperanzas y temores se debatia en Dinny. Volo escaleras arriba.
CAPITULO XXVI
Mientras tomaban rapidamente el desayuno, se consultaron. ?A quien debian ir a ver?
– A la policia, no – dijo Dinny. – No, desde luego.
– Yo creo que ante todo tendriamos que ir a ver a tio Adrian.
Enviaron a la doncella a buscar un taxi y se dirigieron hacia la casa de Adrian. Aun no eran las nueve. Lo encontraron tomando te y comiendo uno de esos pescados que ocupas mas espacio con sus restos que cuando estan enteros, lo cual explica el milagro de las siete cestas llenas.
Parecia que, en estos pocos dias, Adrian hubiese encanecido mas. Las escucho mientras llenaba la pipa y luego dijo – Debeis dejarme hacer a mi. Dinny, ?puedes llevar a Diana a Condaford?
– Naturalmente que si.
– Antes de partir, ?podrias mandar a Alan Tasburgh a la clinica mental, para informarse si Ferse esta alli, sin darles a entender que ha desaparecido? Aqui tienes las senas. Dinny asintio.
Adrian se llevo la mano de Diana a los labios.
– Pareces estar agotada. No te preocupes y procura des cansar con los ninos. Nos mantendremos en contacto contigo. – Haran publicidad, Adrian.
– No la haran, si podemos impedirlo. Consultare con Hilary. Lo intentaremos todo. ?Sabes cuanto dinero llevaba encima?
– El ultimo cheque cobrado hace dos dias era de dos libras, pero ayer estuvo fuera todo el dia.
– ?Como iba vestido?
– Abrigo azul, traje azul y bombin. – ?Y no sabes donde fue ayer?
– No. Hasta ayer jamas habia salido. – ?Es aun miembro de algun club? – No.
– ?Algun antiguo amigo se ha enterado de su regreso? – No.
– ?Y no ha cogido el talonario de cheques? ?Cuando podras encontrar a Alan, Dinny?
– Ahora mismo, si me es posible telefonear. Duerme en su club.
– Entonces, intentalo.
Dinny fue al telefono. Volvio seguidamente diciendo que Alan iria a la clinica al instante y que le haria saber algo a Adrian. Se informaria, como si fuera un viejo amigo que ignorara que Ferse se hubiera marchado. Diria que le comunicaran si regresaba para poderle ir a ver.
– Bien -dijo Adrian -. Tienes sentido comun, pequena. Ahora ve y cuida de Diana. Dame el numero de Condaford.
Despues de haberselo anotado, las acompano hasta el taxi. – Tio Adrian es el mejor hombre del mundo – comento Dinny.
– Nadie lo sabe mejor que yo, Dinny.
Regresaron a Oakley Street y subieron a preparar las maletas. Dinny temia que, en el ultimo momento, Diana se negara a partir. Pero se lo habia prometido a Adrian y pronto estuvieron en la estacion. Permanecieron en profundo silencio la hora y media del viaje, hundidas en los angulos del departamento y completamente rendidas de fatiga. Efectivamente, solo entonces se daba cuenta Dinny del esfuerzo que hiciera. Sin embargo, todo sumado, ?que habia sido? Ninguna violencia, ningun ataque, ni siquiera una gran escena. ?Cuan misteriosa e intranquilizadora era la demencia! ? Que terror inspiraba! ?Que enervantes emociones! Ahora, que estaba segura
