de no volver a entrar en contacto con Ferse, le parecia solamente digno de piedad. Se lo figuro vagando como un automata, sin un lugar donde posar la cabeza, sin una persona que le tendiese una mano, en el umbral de la locura, ?quizas mas alla! Las peores tragedias, los crimenes, la lepra,.r demencia, siempre van unidas al miedo: sus victimas estan desesperadamente solas en un mundo aterrorizado.

Despues de los sucesos de la noche anterior, Dinny comprendia mucho mejor la explosion de Ferse a proposito del circulo vicioso en el que se debate un loco. Ahora sabia que no tenia los nervios lo bastante fuertes, la piel lo suficientemente dura para soportar a un alienado. Se explicaba los tratos terribles a que los locos estaban sometidos en otros tiempos; los comparaba al modo en que los perros se echan encima de otro perro histerico cuando sus nervios estan crispados. La crueldad y el desprecio para con los dementes eran una especie de venganza de la sociedad herida en los nervios.

Por lo tanto era aun mas triste, mas atroz, pensar en ello. Mientras el tren la iba llevando hacia su pacifica morada, luchaba continuamente entre el deseo de alejar de si el pensamiento de aquel infeliz proscrito y los sentimientos de piedad que este le inspiraba.

Miro a Diana, hundida en el angulo opuesto, con los ojos cerrados. ?Que debia sentir ella, que estaba atada a Ferse por los recuerdos, por la ley y por los hijos de los cuales era el padre? El rostro, debajo del sombrero en forma de casco, llevaba esculpidas las marcas de un largo esfuerzo doloroso: facciones hermosas, pero endurecidas. Por el ligero movimiento de los labios notabase que no estaba dormida. «?Que la sostiene? – penso Dinny -. No es religiosa; no cree mucho en nada. De ser ella, yo lo abandonaria todo y me iria al lugar mas remoto de la tierra. Pero, -?lo haria realmente? ?Hay algo en el hombre, cierto sentido de lo que se debe a si mismo, que lo conserva firme y fuerte?»

En la estacion no encontraron coche que les aguardara, por lo que dejaron alli los equipajes y se encaminaron hacia la granja por un sendero que atravesaba los campos.

– ?Bastaria una mediocre distraccion para vivir en estos tiempos? – pregunto Dinny, repentinamente -. ?Seria feliz si viviera siempre aqui, como los viejos campesinos? Clara nunca esta contenta. Siempre ha de ir de un lado para otro. En el hombre hay verdaderamente una especie de fantoche sorpresa.

– Jamas lo he visto saltar fuera de ti, Dinny.

– Quisiera haber sido mayor durante la guerra. Cuando termino tenia catorce anos.

– Tuviste suerte.

– No lo se. Tu, Diana, debiste pasar momentos terriblemente emocionantes.

– Cuando la guerra estallo tenia la misma edad que tu tienes ahora.

– ?Estabas casada?

– Desde hacia muy poco.

– Supongo que el la hizo toda.

– Si.

– ?Fue esa la causa?

– Una agravante, quizas.

– Tio Adrian me dijo que era una cosa hereditaria.

– Si.

Dinny indico una casita con el tejado de paja.

– En esa casita ha vivido durante cincuenta anos una vieja pareja a la que quiero mucho. ?Podrias hacer lo mismo, Diana?

– Ahora, si. Deseo paz, Dinny.

Llegaron a la casa, en silencio. Mientras tanto Adrian habia enviado un mensaje: Ferse no habia regresado a la clinica; Hilary y el esperaban estar sobre la buena pista.

Despues de haber visto a los ninos, Diana se fue a descansar a su cuarto y Dinny entro en la salita de su madre. – Oh, mama, tengo necesidad de decirselo a alguien. Estoy rezando para que se muera.

– ?Dinny!

– Por su propio bien, por el de Diana y el de -sus hijos y por el de todos. Tambien por el mio.

– Naturalmente, si no hay esperanza…

– Que haya esperanza o no, no me importa. Es demasiado atroz. La palabra Providencia ha perdido para mi todo significado, mama.

– ?Querida!

– Es demasiado remota. Supongo que existe un plan inmutable, pero nosotros somos otros tantos mosquitos considerados como meros individuos.

– Necesitas un buen descanso, hijita. – Si, pero eso no cambiara nada.

– No cultives esos sentimientos. Afectan demasiado al caracter.

– No veo la relacion entre las opiniones y el caracter. Yo no me portare peor porque deje de creer…

– Pero, seguramente…

– No; yo no me portare peor. Si yo soy como es debido, es porque la dignidad es cosa buena y no por lograr una ventaja cualquiera.

– Pero, ?por que habria de ser buena la dignidad, Dinny, si no hubiera Dios?

– ?Oh. mi sutil y querida mama! Yo no he dicho que no haya Dios.

– Dinny, ?eres terrible!

– No, mama. Si soy como es debido, es porque la dignidad la aprecian las criaturas humanas en beneficio de las criaturas humanas. ?Tengo tan mala cara, mama? Me hace el efecto de que los ojos me han desaparecido. Creo que ire a tumbarme un rato. No se por que me han excitado tanto estas cosas, mama. Creo que es debido a que le mire a la cara.

Y, con una rapidez sospechosa, se volvio y se marcho.

CAPITULO XXVII

La desaparicion de Ferse fue una alegria para el corazon de aquel que tanto sufriera despues de su regreso. El hecho de que Adrian se hubiera comprometido a buscarle y, por lo tanto, a poner fin a esa alegria, no era suficiente para destruirla totalmente. Cogio un taxi y fue a buscar a Hilary casi gustosamente, dedicando toda su inteligencia a la solucion del problema. El temor a la publicidad impediale hacer uso de los recursos normales y directos, como son la Policia, la Radio y la Prensa. Su actuacion echaria una luz demasiado cruda sobre Ferse. Mientras estudiaba que otros medios le quedaban, le parecio estar delante de un juego de palabras cruzadas, de los que habia resuelto muchos, a su debido tiempo, como todos los hombres de notable intelecto. Era imposible saber, de acuerdo con el relato de Dinny, a que hora salio Ferse de su casa, dado que paso mucho tiempo entre los sucesos de la noche y la hora en que las dos mujeres se levantaron. Cuanto mas tardara en iniciar sus pesquisas por los alrededores de la casa, menos posibilidades tenia de encontrar al interesado. ?Tenia que hacer parar el taxi y regresar a Chelsea? Siguiendo hacia St. Agustine's-in-the-Meads cedia mas a su instinto que a su razon. Dirigirse a Hilary era para el como una segunda naturaleza y, en esta tarea, seguramente dos cabezas serian mejor que una sola. Llego a la Vicaria sin haber forjado ningun plan, salvo informarse vagamente a lo largo del rio y en King's Road. No eran aun las nueve y media; Hilary estaba ocupado aun despachando su correspondencia. En cuanto supo la noticia, llamo a su mujer al despacho.

– Pensemos los tres durante unos minutos – propuso -. Luego cada cual dira su idea.

Los tres permanecieron en triangulo ante el fuego, los dos hombres con la pipa entre los labios y la mujer oliendo una rosa de octubre.

– Bien – dijo Hilary, finalmente – ?Ninguna idea May?

– Yo creo que si el pobre hombre es como Dinny lo describe, no debeis dejar de buscar en los hospitales – contesto la esposa de Hilary, arrugando la frente -. Yo podria telefonear a los tres o cuatro donde es mas posible que le hayan llevado en caso de una desgracia. Pero quiza todavia es demasiado temprano.

– Muy amable por tu parte, querida mia. Estoy seguro de que podemos confiar en tu inteligencia para esta tarea. May salio.

– ?Adrian?

– Tengo una idea, pero antes quisiera oir lo que piensas tu.

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