liberar al espiritu de todo lo que le pesa. Tal vez tomo demasiado seriamente las expresiones en los suenos. La doctrina «todo es bueno» puede poseer un cierto valor terapeutico, pero no mayor que la doctrina «nada es bueno». Todos los actos de descarga son equivalentes, incluso los suenos mismos.
Mas tarde, aquella manana, comprendi que habia subestimado la rebelion que aparecia en mi sueno. Cierto que yo habia cedido ante la superiora, pero despues la mate, los mate a todos. Si alguien cree que «todo es bueno», esto debe entenderse tambien como bueno.
Debo anadir que aquella superiora tenia cierto parecido, en tamano y color, con Frau Anders, aunque la figura de mi sueno carecia de las tristes desfiguraciones de mi vieja amiga. Pero, como correspondia a su estado, y como habia visto el dia anterior en Frau Anders, estaba totalmente cubierta de ropas. Y, ?acaso Herr Anders no habia creido que su esposa se encontraba asimismo en un convento? Llegue a la conclusion de que se trataba de un sueno sobre Frau Anders, y sobre el destino que debia proporcionarle.
Pero deben comprender que durante los sucesos de las veinticuatro horas siguientes, aunque haya actuado segun mi sueno, no me encontraba bajo el mismo estado de animo. No experimentaba resentimiento ni me sentia oprimido. Fue una decision ratificada por el pensamiento, aunque impulsada por lo que el sueno me habia ensenado. Me lo plantee en estos terminos: Frau Anders queria una nueva vida -igual que yo, en mi reciente union con Monica, buscaba una nueva vida. Por alguna razon perversa, habia venido a mi como a su arbitro. Yo era en los hechos, como Herr Anders habia dicho, aunque en aquel momento no lo entendi, su tutor en el mundo y ejecutor de sus deseos terrenales. Bien, que asi sea. Yo no eludiria mi responsabilidad, aunque hubiera deseado que simplemente me dejara solo. Actue, tenia que hacerlo por haber actuado antes -habiendola vendido en esclavitud- y estaba siendo presa de las desconocidas consecuencias de ese acto. La demanda de Frau Anders era la imprevisible consecuencia que ahora debia afrontar. Sabia que iba a tener que ser audaz. ?Una nueva vida? ?Que vida puede llegar a vivir Frau Anders con su maltrecho cuerpo? Parecia haber una unica solucion: acabar una vida que ya habia acabado y que deseaba inutilmente prolongar.
Aquella tarde estuve muy ocupado con preparativos minuciosos. Compre varios litros de queroseno y algunos trapos viejos. A medianoche, exactamente cuarenta y ocho horas despues de haber visto a Frau Anders, llegue otra vez a su casa. ?Suponia que estaria aguardando mi llegada, porque conocia mi puntualidad y sabia que yo la exigia a mi vez. A lo largo del zocalo de la pequena vivienda, dispuse una gruesa masa de trapos, que mas tarde empape con queroseno y encendi en un punto; las llamas se extendieron y rodearon de fuego la casa. Desde cierta distancia, yo vi correr a los vecinos por la calle y vi como llegaban los bomberos. El edificio fue asaltado varias veces por los bomberos, despues de haber preguntado a los vecinos y curiosos, y tambien a mi, si quedaba alguien dentro de la casa. Una extrana mujer que dijo ser la duena de aquella propiedad informo que una mujer extranjera se habia instalado en la casa, pocas semanas antes, y que la nueva inquilina raramente salia, y habia recibido, dos dias antes, su unica visita. Que ella habia reparado en aquella visita, sin observar, no obstante, nada. No hubo ni caras angustiadas ni llantos, ni panico ni emociones por el estilo. Los bomberos no pudieron hallar ningun superviviente antes de que el edificio se derrumbara. Volvi a casa con la seguridad de que Frau Anders habia muerto entre las llamas.
CAPITULO X
Imagina tu mismo, lector, que eres un asesino. ?Que es lo que te hace sentir asesino? ?Es el arma, manchada de sangre, los aranazos con que la victima ha senalado tu rostro, el corazon culpable, el inexorable inspector de policia, las pesadillas? No, no es necesariamente algo de esto. Todas estas condiciones pueden estar ausentes. El asesinato puede ser incoloro, incruento, inconsciente e impune. Todo lo que se necesita es que uno haya cometido el asesinato. No hay nada en el presente, solo algo en el pasado que lo hace a uno asesino.
Sin embargo, yo buscaba las consecuencias, pues, ?de que otra manera podemos asegurarnos de la realidad del pasado? Al despertar, examine si durante aquella noche habia tenido algun sueno. Hojee el diario de la manana y encontre un parrafo, en la pagina once, que hablaba del incendio, pero no se mencionaba a Frau Anders y, por supuesto, no aparecia ninguna esquela. Pense si alguien vendria a arrestarme. Nadie aparecio.
No deben imaginar que me sentia culpable, ni que esperaba el castigo, pero me hubiera gustado alguna conmocion que registrara este acto en mi vida. Considere la posibilidad de una confesion, pero me parecio que dificilmente podrian creerme. ?Que podia decir? ?Que habia matado a una mujer a la que habia abandonado en la esclavitud dos anos antes y que habia regresado clandestinamente a la ciudad sin haber sido reconocida por nadie? ?Como podia convencer a alguien de que Frau Anders habia regresado? La unica persona que tenia alguna prueba de su presencia era Monica. Le diria: He incendiado la casa y, por consiguiente, a la mujer que te envio aquella carta. ?Visitariamos acaso las ruinas, para reirnos sobre las cenizas, para atizarlas nuevamente? ?Monica me pediria que me entregara a la policia? Quizas solo me amonestara, diciendo que no habia sido justo.
Cuando regrese a los brazos de Monica, la noche siguiente, adverti que mi cara y mi mirada reflejaban preocupacion. No sabia si estaba abrazando a mi confesor, a mi juez o a mi proxima victima.
– ?Acudiste a la cita? -pregunto friamente.
– Si.
– ?Es muy importante para ti esa mujer? No me respondas, si no quieres.
– Ella es mi sombra, o mejor, yo soy la suya, no importa. En cualquier caso, uno de nosotros no existe realmente.
– ?No crees que deberias enterarte de cual de los dos es el que existe?
– Es exactamente lo que acabo de hacer -replique-. En este momento estas abrazando al vencedor.
– ?Alabado sea Dios! -dijo sarcasticamente-. ?Estas seguro?
– Me he asegurado bien.
Puse mis brazos alrededor de ella y la abrace con mas fuerza. El deseo, mezclado con un oscuro resentimiento, me impulsaba. Monica suspiro y permanecio inmovil con la cabeza sobre mi pecho.
– ?No quieres volver a verla? -murmuro.
– No.
– Entonces, podemos ser felices. Lo presiento; ?tu no?
Asenti con la cabeza. De repente se irguio y me miro fijamente, tapandose luego la cara con las manos.
Di unas ligeras palmadas en su espalda y hable lo mas amablemente que pude.
– No sufras, querida. Todavia no puedo reunirme con la felicidad. Una fiera ironia me tiene apresado por el cuello. Invade mis suenos. Me conduce a actos terribles e inutiles. Hace que me tome demasiado seriamente a mi mismo y que termine previniendome para no tomar en serio a los demas, excepto los complices y mentores de mis suenos.
– Aquella mujer -dijo entrecortadamente- ?es una de tus… complices?
– Si.
– Entonces yo soy aun menos real que ella, para ti -dijo llorando.
Sus ojos se dilataron, ciegos por las lagrimas. Vi como la triste mirada de la fantasia se aduenaba de sus facciones.
– ?Y si busco un amante? ?Y si te pongo celoso? -Ahora se habia puesto de pie, y caminaba cerca de los pies de la cama-. Te odio -dijo finalmente, secando sus lagrimas-. Quiero que me dejes.
Obedientemente me levante y me vesti. Nunca me habia sentido tan carinoso con mi joven amiga de enrojecidos ojos, mas ansioso de complacerla; sin embargo, era incapaz de hacerlo. Cuando trate de abrazarla, me rechazo.
– Tal vez estes haciendo lo mejor -dije burlonamente-. ?Te consolaria saber que el amante a quien rechazas es un asesino?
– No te creo, vete.
– ?Como sabes que no lo soy? Se que no puedo demostrartelo, pero te aseguro…
– ?Como puedo saberlo? -Su mirada se endurecio-. Si lo que quieres decir es que has matado mi amor hacia ti, estas en lo cierto…
– No, no es eso lo que quiero decir. Me refiero a un asesinato real. Lo opuesto a la procreacion. La confluencia de dos personas que da como resultado que solo quede una, y no tres.
– Marchate -dijo apesadumbrada. No tenia mas alternativa que irme y regresar a mi apartamento. La noche
