de color caoba que le enmarcaba el rostro y caia sobre sus hombros. La luz que banaba la habitacion hacia resaltar su tono rojizo, de tal manera que ella parecia envuelta en un halo de color.
– ?Y bien? -dijo.
– Es solo un articulo -conteste-. Es a lo que me dedico. Mira, el periodico es sobre todo una cronica de la tragedia, ?verdad? Ayer me toco a mi ahondar en una tragedia en particular y luego darle forma escrita para que todos los lectores avidos de noticias tragicas del mundo, o al menos de nuestra zona de distribucion, se compadezcan de la chica. Es probable que tu reaccion haya sido la de todos los que han leido la noticia mientras desayunaban en el area del Gran Miami. Pero todos los que la lean diran: «Menos mal que no me paso a mi», y esa es en parte la razon por la que esta escrita. Oye, tal vez ocurra lo mismo en tu trabajo. Cuando asistes a una operacion, ?no lo miras todo desde cierta distancia? ?No te alegras en cierto modo de no ser la persona afectada?
– No -respondio ella-. No exactamente.
Bebi un poco de zumo de naranja y tome la seccion deportiva. Los Yankees habian consolidado su liderato en el Este al derrotar a Baltimore y a los Red Sox. En la Liga Nacional solo parecia estar Cincinnati. Tom Seaver habia jugado como lanzador para los Mets. Me gustaba ver lanzar a Seaver; era como si utilizase todo su cuerpo con absoluta precision para arrojar la pelota. Se inclinaba hacia atras muy ligeramente y luego impulsaba el brazo y el cuerpo hacia delante. Bajaba la rodilla hasta rozar el monticulo, y su brazo, como una bala, pasaba zumbando junto a su oreja a toda velocidad y soltaba la bola en el momento justo. Daba la impresion de que la pelota aparecia instantaneamente en la base del bateador, como si Seaver tuviese el don devolverla invisible durante una fraccion de segundo. Me gustaba verlo lanzarla a noventa o noventa y cinco kilometros por hora, de modo que cuando la pelota se materializaba sobre la base comenzaba a descender y a desviarse, como si ya no fuese un objeto inanimado sino dotado de vida propia.
Al entrar en la redaccion adverti que la mayoria de los periodistas ya estaba por alli, bebiendo cafe y hojeando el periodico. Siempre habia una pila de los periodicos del dia junto a la entrada. Recogi uno y eche un vistazo a los titulares, sin prestarles mucha atencion. Queria sentarme a mi escritorio para saborear la cronica con calma. Tambien tome la primera edicion vespertina del
La cronica habia sido publicada en la parte superior, encima del articulo principal de la seccion nacional. El titular rezaba:
HALLAN UNA ADOLESCENTE ASESINADA;
LA POLICIA BUSCA AL ASESINO.
El texto estaba distribuido en las seis columnas. Observe la fotografia de la muchacha: incluso en la reproduccion en blanco y negro del periodico tenia un aspecto hermoso, casi angelical. El articulo complementario tambien comenzaba en la primera pagina, insertado en el texto del reportaje, con un titulo en cuerpo mas pequeno: UNA LLAMADA TELEFONICA… Y LA TRAGEDIA. Me parecio un poco exagerado pero, por otro lado, habia que recordar que los periodicos no se caracterizaban por su sutileza. Examine ambos escritos con una satisfaccion interior. Me producian una sensacion de familiaridad. Era como si los recuerdos del dia anterior se hubiesen desvanecido y hubiesen sido reemplazados por las palabras impresas, como si las descripciones del reportaje hubiesen reemplazado a las personas.
Mientras leia, sono el telefono en mi escritorio. Era Christine.
– No era mi intencion provocar una discusion -dijo.
– ?Acaso hemos discutido? -pregunte, riendo.
– No. Pero no pretendia acusarte de ser un cinico.
– Lo soy. Deformacion profesional, como se dice.
– Bueno… en realidad no eres asi.
– Si lo soy -repuse, un tanto exasperado-. ?Donde estas?
– En el hospital. Solo tengo unos minutos. Los cirujanos bajaran a lavarse en un momento y tengo que verificar los instrumentos. Solo queria llamarte porque… No se, pareces tan indiferente…
– Es verdad. Me volveria loco si permitiera que todo me afectara. Cualquiera se volveria loco. Es mi mecanismo de defensa contra tanta locura.
– Bueno -replico-, creo que no deberias actuar asi.
– Oye -solte-, di me una cosa: ?a quien abriran hoy?
– A un hombre de negocios. O un abogado, no lo recuerdo. De mediana edad.
– ?Tiene familia?
– Claro.
– ?Probabilidades de salir con vida?
– No lo se. Es una exploracion del estomago. En realidad no creo que sepan que encontraran, pero lo que si se es que no sera nada bueno.
– ?Has hablado con el? ?Lo has visto con su familia?
– Un poco. Lo vi ayer, con una mujer y un hijo adolescente. Todos parecian muy enfermos, especialmente los dos que no lo estaban.
– Y dime, ?que sentiste en ese momento?
– No lo se. Tristeza. Una especie de desesperanza. Queria acercarme a ellos y asegurarles que no tenian por que preocuparse, que los cirujanos eran muy competentes y que el empezaba a recuperarse. Queria decirles que podian estar tranquilos y disfrutar de su tiempo juntos porque tenian un futuro por delante.
– Entonces, ?por que no lo hiciste?
– Porque habria sido una mentira. -Hizo una pausa. Oi voces al fondo-. He de irme.
– Bien -dije-, ese es mi punto de vista. No soporto la idea de mentir.
– ?Te resulta asi de simple?
– Si. Me limito a observar y a dejar constancia de lo que veo. A veces pienso en mi mismo como en una camara fotografica. Mis ojos son el objetivo, las palabras son los positivos. ?Eso tiene sentido para ti?
– Tengo que irme.
– Te vere esta noche -me despedi.
– Hasta entonces.
Al colgar el auricular, imagine a Christine vestida con la holgada ropa de quirofano, el cabello recogido en una severa cola oculta bajo el gorro sanitario y la mascarilla colgando de su cuello igual que un adorno. Era una mujer delgada; se le notaba incluso cuando llevaba la camisa y los pantalones embolsados del quirofano. Con la mascarilla puesta, lo unico visible serian sus ojos.
A mi no me parecia demasiado bonita, pero tenia unos ojos extraordinarios: eran vivaces, brillantes y expresivos. A veces, me daba la impresion de que hablaban antes de que las palabras salieran de su boca. A menudo yo los observaba con atencion, para anticipar sus cambios de humor. Hacia ya algun tiempo que viviamos juntos, aunque ella tenia un apartamento de una habitacion cerca del hospital. Se alojaba alli cuando yo me ausentaba de la ciudad por cuestiones de trabajo o bien por asuntos familiares, como el funeral de mi tio.
Cuando nos vimos, Christine me interrogo al respecto. Yo preferia hablar del articulo, pero ella insistio en que describiera la reaccion de mi familia.
– La de mi padre fue la unica interesante -dije.
– ?Por que?
– Porque era el que mas sufria y el que menos lo demostraba.
– ?Como es eso? ?Queria mucho a su hermano?
– Todos los hermanos se quieren -respondi-, a pesar de las diferencias que puedan haber tenido. Aunque se odien, se profesan una especie de odio carinoso. Los vinculos entre hermanos nunca se rompen del todo.
Christine asintio y no formulo mas preguntas.
