– Hace calor -proteste-. Si mi madre hubiese querido que fuese vendedor ambulante, me habria dado una enciclopedia.
Nolan rio.
– Esta manana me he tomado unas pildoras de crueldad, junto con mi dosis habitual de sadismo y una inyeccion de mal humor. Sugiereme una alternativa mejor, antes de que haga algo desconsiderado como enviarte alli afuera.
– Bueno -dije-, Martinez cree que el asesino puede ser una especie de chiflado. Un maniaco sexual, supongo. Podria entrevistar a algunos de los psiquiatras forenses de los tribunales para ver que opinan ellos.
– Buena idea, pero creo que aun no tenemos suficiente informacion para proporcionarles. Podrias llamar a algunos y concertar una cita para manana o mas adelante. Entonces sabremos un poco mas y las aguas estaran un poco mas tranquilas. Luego dirigete al barrio de la chica y llama a algunas puertas. Observa la reaccion de la gente. Fijate en si estan comprando perros de defensa, detalles por el estilo.
– El miedo cunde -dije.
Nolan solto una risotada.
– Asi es. El miedo cunde en un barrio tranquilo a raiz del asesinato de la muchacha. Admito que es un topico periodistico, pero sigue siendo buen material para un articulo, por mas que se escriba al respecto. Ademas, asi mantendremos la historia en primera plana un dia mas. Llevate a un fotografo.
Espere fuera a que Porter trajese el automovil. El edificio del
– Aqui estamos, de nuevo en la brecha -dijo. Con un grunido, me acomode en el asiento, con la frente ya empapada en sudor.
Pasamos delante de la casa de la muchacha asesinada. Las cortinas de las ventanas estaban corridas, y la puerta cerrada. No percibi la menor senal de actividad, pero me percate de que habia varios vehiculos en el camino particular. «Amigos -pense-, tal vez los hermanos de la chica, todos reunidos por la muerte.»
Aparcamos en esa calle. Aviste a dos muchachitas que caminaban por la acera y me acerque a ellas, seguido por Porter.
– ?Es usted un periodista de verdad? -pregunto una de ellas.
Yo sonrei y le ensene mi identificacion. La muchacha clavo la mirada en ella y luego en mi.
– No es una buena foto -senalo.
Su amiga se inclino y observo la fotografia sin decir palabra.
– ?Conociais a la victima? -pregunte.
– Oh, claro que si -respondio la primera muchacha, mientras su amiga asentia con la cabeza-. Todo el vecindario la conocia. Era muy popular.
– ?Erais companeras de clase?
– No, ella iba un curso por delante -intervino finalmente la segunda joven-. Pero siempre la veiamos.
– Y vosotras ?no teneis miedo? Es decir, estais paseando por aqui como si nada hubiese ocurrido. ?Que pensais?
Las dos se miraron. Parecian mellizas con sus tejanos recortados y sus camisetas. Ambas lucian melenas que les llegaban hasta los hombros y parecian incapaces de hablar sin mover las manos, fruncir los labios o sonreir para recalcar sus palabras.
– Mi padre me ha prohibido que salga de noche hasta que atrapen al asesino -dijo la primera.
– ?Y tu? -pregunte a la segunda.
– Mi madre me ha largado un sermon -contesto-. No me deja ir a ninguna parte, ni siquiera al club de natacion a menos que me acompane alguna amiga. Ademas, tengo que decirles adonde ire por la noche. De todos modos, no creo que me dejen salir.
– ?Cuando han hablado con vosotras?
– Esta manana, en cuanto han leido la noticia en los periodicos. Pero nos enteramos anoche. Todo el mundo hablaba de ello, en todas partes. Aun no puedo creerlo -comento la primera muchacha.
Su amiga prosiguio.
– Jamas habia pensado que pudiera pasar algo asi. Me pregunto quien la reemplazara como
«Estupendo -pense-. La mente adolescente en accion.»
– ?Creeis que todos estan asustados? -inquiri.
– Oh, si -respondieron ambas al unisono.
– Todos los adultos -anadio la segunda.
– ?Y vosotros no?
– Bueno -titubeo-, tal vez un poco, aunque asi, de dia, es mas dificil tener miedo. Quizas esta noche este mas asustada.
Mientras hablaban, yo anotaba sus palabras y algunos detalles de su expresion. Adverti que algunos ninos, en su mayoria de entre nueve y catorce anos, se habian acercado, movidos por la curiosidad. Era la camara lo que les llamaba la atencion; es un elemento de nuestro trabajo que siempre ejerce cierta fascinacion sobre la gente.
Les indique con senas a algunos de ellos que se acercaran, y al cabo de un momento estaba rodeado por unos diez ninos del vecindario. Comence a formular mis preguntas mientras Porter se movia alrededor tomandoles fotografias.
– Yo tengo miedo -dijo un nino-. No quiero que a mi me pase lo mismo.
– Pues yo le daria una patada al asesino donde mas duele -asevero una adolescente que debia de aproximarse a la mayoria de edad. Su respuesta provoco un murmullo de risas nerviosas en el grupo.
– No creo que el asesino vuelva -dijo un pequeno de unos nueve anos, visiblemente preocupado por la situacion-. Nunca vuelven a la escena del crimen. Lo he leido en un libro.
Entretanto, yo apuntaba lo que decian, junto con sus nombres y direcciones. Mi libreta se estaba llenando de garabatos, jeroglificos que solo yo podia interpretar. Manifestaban sus opiniones con presteza y entusiasmo; quiza fuese la primera vez que alguien se las pedia. Pense en lo incongruente del tiempo y el lugar: en pleno dia, con el reportero y el fotografo, la experiencia constituia una novedad para ellos. Sin embargo, esa noche, solos en su habitacion, la mayoria de ellos permaneceria insomne por el temor. «La imaginacion de un nino -me dije-. Notable.»
De pronto, se quedaron callados. Al levantar la vista vi a una mujer a unos metros de alli, en medio de su patio delantero. Todos los ojos se volvieron hacia ella.
– ?Quien es usted? -pregunto.
– Anderson, del
– Joey -llamo la mujer-, ven aqui.
El nino de nueve anos, el que aseguraba tener miedo, se aparto del grupo.
– Ve a jugar dentro.
El nino atraveso el jardin hacia la casa.
– Espero que sepa usted lo que hace -me dijo la mujer.
– ?Como dice?
– Tal vez este asustando mucho a estos ninos.
Fue entonces cuando percibi por primera vez la ansiedad en su voz.
– Creo que no la comprendo, senora -le dije, acercandome.
– Es por este asesinato -explico-; al venir aqui, les metera mas miedo a todos. Oh, Dios mio, ?piensa publicar sus nombres?
– Tal vez solo su nombre de pila, senora -menti-. Nadie podra identificarlos a partir de eso.
La mujer sacudia la cabeza, como intentando desechar algun pensamiento terrible.
– No puedo creer lo que ha ocurrido. Para su informacion, no somos fenomenos de feria. ?Con que derecho viene usted a fisgonear por aqui?
