– Calmese, por favor.

– ?Como quiere que me calme? -Levanto la voz, alterada por el miedo-. ?Como puede alguien calmarse despues de lo que ha sucedido? Anoche, despues de enterarme, apenas pegue ojo. Y los periodicos, esta manana… Estoy convencida de que hay un loco suelto, un demente. No quiero que regrese por aqui. -Entonces se volvio hacia su casa y grito-: ?Joey! ?Te he dicho que te quedaras dentro!

Yo seguia ocupado garabateando en mi libreta.

– Lo siento -dijo de pronto la mujer, un poco mas serena-. Todos por aqui estamos muy preocupados por lo de la chica Hooks. Algunos padres han llamado por telefono esta manana, tratando de organizar grupos para patrullar las calles. Todo ha quedado en nada, pero la gente sigue inquieta. Yo tambien lo estoy.

Entonces, la mujer hizo una pausa. Nuestras miradas se encontraron. Parecia estar buscando palabras para expresar lo que sentia.

– Es probable que este sea un caso en un millon -dije-, ?no le parece?

– Bueno -murmuro-, supongo que tal vez tiene razon. Mi esposo opina lo mismo. Pero no puedo evitar la sensacion de que todos estamos… no lo se, expuestos al peligro; que somos vulnerables. Por eso tengo miedo. Es como una invasion de enemigos invisibles. Uno sabe que estan alli fuera, pero no puede combatirlos porque no los ve, y es eso lo que me asusta tanto. Se que no deberia gritarle a Joey, porque el ya tiene bastante miedo y no le hace ningun bien vernos a mi y a su padre tan nerviosos, pero ?como se puede luchar contra los sentimientos? Ademas, ?por que habria de hacerlo? Prefiero mantenerlo a salvo dentro de la casa, al menos hasta que pase toda esta locura. Quiero decir: estamos en los suburbios. Aqui no estamos acostumbrados a ese tipo de crimenes urbanos. Se cometen robos y atracos, pero nada como esto… -Se interrumpio. Luego, se le ocurrio una pregunta-: Digame usted que es profesional. Apuesto a que ha seguido casos parecidos. ?Que ocurrira? ?Cuando atrapara la policia a ese tipo?

Reflexione por un instante, dudando entre tranquilizar a la mujer o alarmada aun mas. Debia calibrar cual de las dos respuestas posibles daria mas juego para el articulo que iba a escribir.

– Creo que hacen bien en preocuparse -respondi al fin-. Pero nadie puede predecir lo que hara un criminal de esta clase. De nada sirve hacer conjeturas.

A la mujer se le demudo el rostro.

– Cree que puede regresar…

Era una pregunta a medias. Se le habia entrecortado la voz a causa del miedo, una emocion que yo no alcanzaba a comprender, que tenia algo de resignacion. Me encogi de hombros.

– Supongo que ya nadie esta a salvo.

– Oh, Dios mio -exclamo-, es terrible, terrible.

Asenti. El viento calido me soplaba en la espalda, haciendo que la camisa se me adhiriera a la piel.

– Oh, Dios -musito la mujer-. ?Que nos espera?

Mas tarde, en el coche, Porter comento:

– La mujer ha estado perfecta, ?no crees? La mezcla exacta de patetismo y miedo, de sensatez e irracionalidad. No sabia que era mas razonable: si dejarse llevar por el panico o conservar la calma.

– Cierto -dije.

Durante el viaje, hablamos de ella; eramos dos hombres jovenes que se distanciaban facilmente de lo que veian. El interior del vehiculo estaba bien aislado; el acondicionador de aire y el sonido de la radio encendida nos resguardaban del calor y el ruido de la calle.

De regreso en la oficina, me sente ante mi escritorio y marque el numero de Homicidios. Un momento despues, Martinez contesto: Oi que se conectaba otra extension y supuse que Wilson se habia unido a la conversacion.

– Bien -dije-, cuentame. ?Que hay de la autopsia?

– He llamado al forense -respondio el detective-. Es extrano. Pero algo puedo decirte: la mataron de un solo disparo de una automatica calibre 45 y no hay senales de abuso sexual, tal como esperabamos.

– Entonces, ?que tiene de raro?

Martinez titubeo.

– Bueno, demonios, no veo por que no has de saberlo. El medico dice que la mataron en la madrugada, alrededor de las cuatro y media o las cinco de la manana. Al parecer eso indica la perdida de temperatura del cuerpo. Interesante.

– ?Por que es importante eso? -pregunte.

– Porque la raptaron hacia las diez de la noche -tercio Wilson con impaciencia-. ?Donde estuvo durante todo ese tiempo? ?Por que no hubo agresion sexual? ?O acaso fue un secuestro frustrado? En algun sitio tiene que haber pasado todas esas horas, y sera muy dificil averiguarlo.

– ?Donde la mataron?

– Ya lo sabes -dijo Martinez-. Exactamente donde la encontraron. Ese dato figuraba en tu articulo.

– Demonios -farfullo Wilson-, deberias leer lo que escribes.

Lo habia olvidado. A veces formulaba preguntas cuya respuesta ya conocia a fin de ganar tiempo para pensar otras preguntas. Esta no era una de esas ocasiones.

– ?Y que me decis del arma? Yo creia que, a esa distancia, una 45 le volaria la cabeza.

– La bala entro oblicuamente -contesto Martinez.

– Te dire algo -volvio a intervenir Wilson-. Ese cabron realmente sabe de armas. Eso se nota.

– ?Es probable que sea un profesional? ?Que se trate de un secuestro? -inquiri.

– Digamos que de momento no hemos descartado ninguna posibilidad. -Hubo un momento de silencio-. Oye -prosiguio Martinez-, intentamos colaborar con vosotros y esperamos un poco de cooperacion a cambio. Dejo a tu criterio lo que conviene o no divulgar de todo esto. Pero te aseguro que no dejaremos piedra sin mover. Tenemos buzos buscando la pistola en el estanque del campo de golf y en todas las vias fluviales cercanas. El problema es que aun no estamos seguros del tipo de crimen al que nos enfrentamos. Pero lo descubriremos, te lo prometo. Siempre sucede. Es probable que eso no nos lleve a ninguna parte, pero algo sucedera.

– Si -convino Wilson-, algo.

No pude comunicarme con el forense, de modo que le deje un mensaje pidiendole que me llamara. Hable brevemente con Nolan acerca de la continuacion de la historia. El queria que relacionara en el articulo la escena de la calle con el estado de la investigacion policial. Me quede sentado ante el escritorio por un momento, con la mirada fija en el papel colocado en el rodillo de la maquina de escribir, aun cuando el plazo de entrega estaba a punto de cumplirse, a fin de ordenar las imagenes en mi mente. En rapida sucesion, recorde la casa cerrada al mundo, los ninos en la calle, las voces y los gestos con que respondian a mis preguntas. Luego, visualice a la madre que habia salido y contribuido a la sensacion de panico con aquel dejo de temor y confusion en su voz. Escribi:

La casa de la calle 62 Suroeste, con las cortinas echadas para evitar las miradas de los curiosos, es un mudo testigo de la tragedia que se ha abatido sobre sus ocupantes.

Sin embargo, en las soleadas calles de esta exclusiva zona residencial impera una nueva sensacion, un nuevo estado de animo. En estas calles, habitualmente invadidas por los ninos con su alboroto y sus juegos, reina ahora el silencio.

La gente tiene miedo.

Es un clima generado por el asesinato de una vecina de dieciseis anos, Amy Hooks, cometido la madrugada del martes. Mientras la policia continua buscando pistas para esclarecer las causas de ese crimen, el temor ha unido al vecindario…

Nolan se acerco por detras para echar un vistazo sobre mi hombro a las palabras que aparecian en la pagina. Me detuve por un momento y el continuo leyendo en silencio. Luego hizo un gesto de asentimiento.

– Bien, muy bien. Ahora cita algunas declaraciones y luego lo de la policia y la autopsia. Da un poco de informacion nueva a la gente y luego vuelve a la escena de la calle.

Se alejo para hablar con algunos de los demas periodistas que trabajaban en algun articulo, pero lo llame.

– ?Eh, Nolan! ?Tu no vives por ahi?

– No -respondio-. Vivo mas hacia el sur, en Kendall. El miedo no ha llegado a mi calle -anadio, riendo-. Al

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