Mi nerviosismo se habia disipado. Ya comenzaba a entusiasmarme. Ya pensaba en la proxima llamada del asesino.

– Un mensaje muy breve -dijo Martinez. Titubeo-. En realidad, no estamos seguros de lo que significa, aunque al parecer no se trataba de nada bueno.

– ?Que es? -Apenas lograba contener la excitacion.

– Estaba escrito en una pequena hoja de papel -continuo Martinez-, de las que se pueden comprar en cualquier papeleria. Estaba plegada varias veces, formando un cuadrado pequeno. En el centro habia dos palabras escritas con lapiz, con letra de imprenta, repasadas varias veces. Eso hace imposible cualquier analisis grafologico.

– Demonios, Martinez, ?que decia?

Vacilo de nuevo. Supe que estaba pensando como todo policia: con precision y con todo detalle, tal vez evocando la imagen de la nota, el momento en que palparon por primera vez el bulto en el bolsillo trasero de la chica, la cuidadosa extraccion con pinzas y la suavidad con que desplegaron el papel, todo bajo las potentes luces fluorescentes de la sala de autopsias.

– Decia «Numero uno». Es todo.

– Escucha… -dijo Martinez.

Podia imaginar su alta figura inclinada sobre el escritorio, con el auricular pegado al oido; brillantes luces de la oficina de homicidios, que iluminaban las monotonas hileras de escritorios y archivadores, proyectaban sombras sobre los rostros de las fotografias clavadas a la pared. Martinez, al igual que su socio y tantos otros detectives, era un hombre pulcro. Me pregunte si el tambien estaria sudando.

– Mira -prosiguio-, en un caso como este, ese mensaje podria significar casi cualquier cosa, si es que realmente se trata de un mensaje. El papel aun esta en el laboratorio y lo estan analizando. Eso no significa necesariamente que vaya a haber un numero dos o algo asi. Me refiero a que el asesino podria haberlo metido alli tanto para distraemos como para advertimos. ?Entiendes?

– ?Se lo habeis mostrado a la familia? Quiero decir…

– ?Crees que somos estupidos? -salto Wilson-. Claro que se lo mostramos. Y, por supuesto, no lo reconocieron ni sabian de donde pudo sacarlo la chica. Tampoco sus amigos. De modo que todo apunta a que fue el asesino quien lo escribio. Estamos bastante seguros de no haberselo dicho a nadie mas, asi que ?como diablos te has enterado tu?

Pense en mentirles, a pesar de que sabia que los detectives no tardarian en adivinar la verdad. Ademas, una mentira podia costarme la relacion de colaboracion con Martinez y Wilson. Resolvi la ecuacion en mi mente con rapidez, consciente de que debia mantener a los detectives de mi lado sin proporcionarles demasiada informacion. Si la historia que tenia entre manos era tan importante como creia, necesitaria su ayuda.

– He recibido una llamada -dije.

– ?Que clase de llamada? -pregunto Wilson.

– Por telefono. Una voz. La de un desconocido.

– ?Que te ha dicho exactamente?

– Bueno, no he tomado notas -menti.

Mire las hojas de papel en las que habia garabateado mis frases.

– ?Que te ha dicho? -insistio Wilson, con impaciencia.

– Me ha dicho: «Yo la mate.» Luego me ha indicado que os pregunte que llevaba la chica en el bolsillo trasero derecho. Me ha dicho que ha estado leyendo mis articulos en el periodico. Despues de divagar un poco, ha colgado. No sabia como interpretar eso, y por eso os he llamado.

– ?Volvera a llamar? -inquirio Wilson, de nuevo con un deje de furia en la voz.

– No lo se -menti.

Una mentirijilla sin importancia, pense. En realidad no estaba seguro, a pesar de que el asesino lo habia prometido.

– Demonios -mascullo Wilson-. ?Alguna idea…?

– No -respondi, interrumpiendolo-. No tengo la menor idea de quien es ni de donde llamaba. Hablaba con voz suave, serena. Es probable que la haya falseado para que yo no pudiera reconocerlo. Lo siento, se que eso no os sirve de mucho.

– ?Que mas? -pregunto Martinez.

Oi a Wilson murmurando obscenidades.

– Ya os lo he dicho, se ha puesto a divagar. Sigo sin encontrar sentido a sus palabras. Eso es todo.

– Esfuerzate mas -me apremio Martinez-. Cualquier cosa podria servimos, lo que sea.

– Lo se -dije-. Intentare reconstruirlo en mi mente y volvere a llamaros.

– Mierda -solto Wilson.

Colgue el auricular y mire el reloj de pared. Solo faltaban unos minutos para que se cumpliera el plazo de media hora y el asesino volviera a llamarme. Salte de la silla y corri al escritorio de Nolan. El levanto la vista de los papeles que estaba leyendo y la poso en mi. Por un momento clave los ojos en el cumulo de palabras impresas que habia frente a el, como si no supiera leer.

– Nolan, el asesino me ha llamado.

Lo dije tan exaltado y tan atropelladamente que otros periodistas y redactores alzaron la mirada hacia mi. Yo sonreia, balanceando los brazos adelante y atras, como si el movimiento me ayudase a hablar mas deprisa.

– Volvera a llamar en unos minutos. Tengo que conseguir una grabadora, una de esas que se pueden conectar al telefono. Tengo que grabar lo que diga ese tipo sin que el se entere.

Observe que la expresion de Nolan pasaba de la sorpresa al entusiasmo. Luego sonrio.

– ?Estas seguro de que es el asesino?

– Si -respondi.

Le dije que se lo explicaria mas tarde; el plazo estaba a punto de vencer. Nolan asintio y segundos despues nos hallabamos en la biblioteca, abriendo un armario para sacar una grabadora. Regresamos rapidamente a la redaccion mientras yo preparaba el aparato. Lo conecte al telefono mientras intentaba responder a las preguntas de Nolan. Queria asegurarse de que quien me habia llamado era realmente el asesino. Le hable de la primera conversacion y le mostre las notas que habia garrapateado. Las estudio con atencion y luego arqueo las cejas y manifesto su curiosidad por saber que tenia la chica en el bolsillo trasero derecho. Le conte lo que habia dicho el asesino y luego le referi la conversacion que habia mantenido con los dos detectives. Yo consultaba continuamente el reloj, nervioso, esperando que el minutero llegase a la marca de los treinta minutos. Oi que Nolan murmuraba mas para si mismo que para mi «Numero uno», sacudiendo la cabeza.

El minutero llego a la marca.

El segundero paso por ella. Diez segundos. Veinte segundos.

El telefono sono.

Mire a Nolan, que asintio. Pulse la tecla del grabador y levante el auricular.

– Anderson -conteste con suavidad.

– Hola -dijo el asesino-. Supongo que temia que no volviese a llamar.

– No las tenia todas conmigo -admiti.

Se rio.

– He aprendido que la certeza es algo que poca gente tiene en el mundo.

Se produjo un instante de vacilacion.

– ?Ha hablado usted con la policia? -pregunto.

– Si. El bolsillo trasero derecho.

– ?Y bien?

– ?Por que no me dice usted lo que me han respondido?

– ?Ah! Cautela -dijo. Volvi a oir aquella risita impersonal. Me parecio horrible-. Esta bien -prosiguio-. No lo culpo por querer estar seguro. Lo que la policia encontro en el bolsillo trasero derecho de los pantalones de la senorita fue una hoja de papel blanco plegada. Papel de notas, comun y corriente. En ella habia dos palabras escritas. Las palabras eran «Numero uno», ?correcto?

– Eso es lo que me han dicho -confirme.

– ?Esta convencido ahora?

– Si.

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