»Por cierto, me conmovio la descripcion que hizo usted de su dolor, y los acompano en el sentimiento. No siento mas que compasion por todas las victimas. De modo que usted podria pensar que ella fue asesinada como un simbolo; yo podria confirmarlo y, una vez mas, habriamos descubierto un dato concreto.
»Mirelo de esta manera: yo podria decir cualquiera de esas cosas y todas serian hitos en el camino que conduce a la verdad. Pero usted no lo comprendera hasta que llegue al final de ese camino. Ademas, si yo le dijera ahora, de entrada, todo lo que tengo en mente, le privaria de la emocion del descubrimiento. Por otra parte, usted podria dudar de mi sinceridad; despues de todo, apenas nos conocemos. De hecho, el proposito de esta llamada es averiguar algo sobre usted ademas de hacerle saber que existo, que estoy aqui y que todo esto apenas ha comenzado.
Anote fragmentos de lo que decia. Parecia un hombre distanciado de la realidad de lo que habia hecho. Era como si hablara de un libro o de politica, no de un asesinato. Entonces adopte una actitud esceptica.
– ?Por que habria de creerle? -pregunte-. ?Acaso puede demostrar que en verdad es usted el asesino?
– ?Quiere pruebas?
– Si -respondi-. Y no comprendo por que me ha llamado. Ni por que la mato, si es que realmente lo hizo.
– Ah. -De nuevo oi aquella risa breve y repentina, un sonido frio, falto de jovialidad-. El periodista esceptico. Esperaba eso.
– Bien -dije-. Pruebas. ?Como se que no es usted algun chiflado? No seria tan raro. Todos los dias hay gente que confiesa crimenes que no ha cometido. Llamelo un complejo de culpa mal canalizado, o llamelo locura.
– No estoy loco -me corto-. Quiero que eso quede claro desde el principio. -Por primera vez percibi en su voz un autentico matiz de furia. Recalcaba cada palabra con aspereza-. ?Entiende?
Decidi provocarlo.
– Digamos que mantengo la mente abierta durante algun tiempo.
Nuevamente se produjo un silencio.
– Esta bien -dijo. Su tono habia cambiado abruptamente; la ira habia cedido el paso a la resignacion-. Tambien habia previsto esta respuesta. Digamos, por el momento, que le he proporcionado una prueba de que soy quien digo ser. Llegaremos a eso en un momento. En cuanto a mis motivos para llamarle y para llevar a cabo la ejecucion, se haran patentes en breve. Ya le he dado algunas de las razones, pero en forma abstracta. Solo tendra que comenzar a resolver el puzzle. Despues de todo, para eso le paga el
– ?Como se que esta diciendo la verdad? -inquiri.
Estaba impaciente. No queria perder tiempo con un tipo excentrico, por muy bien que se expresara. Si realmente era quien decia ser, yo estaba ante una noticia sensacional, extraordinaria. Si no lo era, bueno, ya habia perdido tiempo antes; no seria nada nuevo.
– Esta bien -dijo-. Supongo que tiene usted contactos en la policia. Esta pista es muy simple: pregunteles que llevaba ella en su bolsillo trasero derecho. ?Lo ha entendido?
– En el bolsillo trasero derecho. ?Que es? ?Una nota o algo parecido?
– Usted pregunteles. Volvere a llamarlo dentro de treinta minutos y entonces podremos hablar un poco mas. No se aparte de su telefono. Si me contesta otra persona, colgare.
– El bolsillo trasero derecho -repeti.
– Quedese junto al telefono. Treinta minutos.
– De acuerdo.
– Bien -respondio-, ahora si nos entendemos.
Entonces la linea quedo muda. Oi un ligero chasquido cuando colgo el auricular y, por un momento, mantuve el mio pegado al oido, atento a la ausencia de sonido. Colgue lentamente, pensando en el bolsillo trasero derecho de la muchacha. Me asalto un recuerdo fugaz y vi en mi mente el sol y el verde de la maleza. Vi a todos los hombres que rodeaban el cadaver que yacia entre los arbustos. Vi a la muchacha tendida y me concentre, como la lente de una camara, en sus piernas y su espalda. Recorde sus pantalones vaqueros, tan destenidos que eran de color azul celeste, e intente visualizar los bolsillos traseros.
Entonces levante la vista y la pase por la redaccion. Habia periodistas trabajando en todas partes y tome conciencia del ruido de las maquinas de escribir y los telefonos, de las voces que resonaban en la oficina. Mire a Nolan, que estaba sentado a su escritorio, trabajando entre papeles y con el rostro banado en el brillo grisaceo de la pantalla de video. Por un momento pense en referirle la conversacion, pero descarte la idea con la misma rapidez. Sabia que hallaria la respuesta a la pregunta mas importante si llamaba a Martinez y a Wilson.
Volvi a levantar el auricular, pensando que, de alguna manera, yo estaba conectado al telefono, como si este fuese un cordon umbilical que me unia al mundo. Marque rapidamente y de memoria el numero de homicidios y espere a que contestasen los detectives. Primero oi la voz de Martinez y note que Wilson tambien escuchaba.
– No hay novedades -asevero Martinez, anticipandose a mi primera pregunta-. Ojala tuviera algo que decirte, como que hemos atrapado al tipo y le hemos arrancado una declaracion firmada. Pero no tenemos tanta suerte. Creo que nos llevara un tiempo. Tal vez deberias empezar a ocuparte de otra noticia.
Rio. Decidi saltarme los preliminares.
– Habeis estado ocultandome algo -afirme.
– ?Que diablos quieres decir con eso? -pregunto.
Wilson, levantando la voz.
– ?Que te hemos estado ocultando? -inquirio Martinez. Ya no reia.
– El bolsillo trasero derecho -dije.
Se quedaron callados. Los imaginaba mirandose por encima del escritorio. Martinez fue el primero en hablar, haciendo un evidente esfuerzo por controlarse y revestirse de aquella calma premeditada que formaba parte de su armadura y de su arsenal.
– ?Que hay con el bolsillo trasero derecho?
– Dimelo tu -respondi, subiendo el tono a mi vez.
– ?Quien te ha hablado de eso? -intervino Wilson, tambien pugnando por no perder la serenidad. Se notaba la tension, el ansia en su voz.
– Respondere a vuestras preguntas despues de que vosotros contesteis a las mias. Ahora contadme lo del bolsillo.
– Maldicion -exclamo Martinez.
– ?Quien te lo ha dicho? -me acucio Wilson-. Escucha, maldita sea, nos encontramos ante un asesinato, un homicidio en primer grado, y tu quieres jugar con nosotros. ?Habla! ?Quien te lo ha dicho?
– ?Que habia en el bolsillo? -insisti, intentando mantener la voz tranquila y firme.
– Maldicion -farfullo de nuevo Martinez-. Escucha, Anderson, esto no es un juego; aqui no estamos holgazaneando. Si tu nos ayudas, nosotros te ayudamos. Siempre ha sido asi, ya lo sabes…
Wilson lo interrumpio, gritando.
– ?Quien te lo ha dicho? ?Como lo sabes?
– Primero contadme que habia en el bolsillo -me plante-. Ese es el trato.
– Espera un segundo -dijo Martinez.
La linea quedo en silencio. Supuse que Martinez habia cubierto el microfono con la mano mientras hablaba con Wilson. Al cabo de un momento, volvi a oir sus voces.
– Esta bien -dijo Martinez-, intercambiaremos informacion. Pero no debes publicado, ?de acuerdo?
– No puedo asegurartelo hasta saber de que se trata.
– Mierda -solto Wilson-. ?Que te pasa? ?Quieres sembrar el panico? ?Es eso lo que quieres? ?Demonios!
No respondi. Sentia correr el sudor desde mis axilas por debajo de la camisa. Aprete los brazos contra los costados mientras volvia a hacerse el silencio al otro lado de la linea y los detectives hablaban entre si. Cuando Martinez se puso de nuevo al aparato se oia al fondo la respiracion agitada de Wilson.
– Esta bien -dijo el primero-. Como ya sabes, forma parte del procedimiento registrar el cadaver. Eso incluye la ropa y cualquier orificio corporal, por lo general, eso se lleva a cabo durante la autopsia, en condiciones controladas y en presencia de un fotografo para obtener pruebas graficas que mas tarde pueden presentarse en el juicio. El otro dia, cuando trajimos el cadaver de la muchacha, procedimos al registro. Mientras el forense la abria, nosotros revisamos la ropa. En su bolsillo trasero derecho encontramos lo que sospechamos que es un mensaje, aunque no queda del todo claro.
– ?Que tipo de mensaje?
