Me vino a la mente la imagen de mi padre, alto, robusto, trabajando en su estudio los domingos, ante tacos de papeles amarillos llenos de notas garabateadas, libros abiertos dispersos en torno a el como cadaveres en un campo de batalla. Podia imaginado asi, inalterable a lo largo de los anos, ante mis ojos de nino, de adolescente y, finalmente, de adulto.

– ?Por que no estudiaste derecho? -pregunto Christine.

– Se daba por sentado que eso era para el mayor. Le ha ido muy bien.

– ?Que queria tu padre que estudiaras?

– Nada.

– No te entiendo.

– Para el solo existen las leyes -conteste-. Aparte de eso, no hay nada. No fui yo quien estudio derecho, sino mi hermano, de modo que no me quedaban carreras importantes que elegir. Bueno, no quiero decir que el no respete mucho la profesion de periodista. Solo que no es lo mismo que la abogacia.

– Debe de ser triste para ti.

Christine me daba masaje en los hombros. Me volvi hacia ella.

– Es algo que ya no me afecta -menti.

Entonces me atrajo hacia si, acariciandome la espalda, aranandome ligeramente. Solte un quejido y ella dijo:

– ?Ves cuanto sabemos las enfermeras acerca del cuerpo?

Christine se fue por la manana. Habia recibido una llamada muy temprano, segun escribio en el espejo del bano con carmin. Yo me lo tome con calma: prepare cafe, tostadas y tocino, y lei el periodico. La noche anterior, los Red Sox habian derrotado a los Yankees. Luis Tiant habia jugado como lanzador durante todo el juego, torciendose, girando y levantando la pierna con su estilo inimitable, para lanzar finalmente hacia la base del bateador pelotas rapidas con efecto.

Pense en lo mucho que me gustaba observar a los lanzadores, porque eran ellos quienes marcaban el ritmo del partido.

En la oficina, sobre mi maquina de escribir, me habian dejado el mensaje de que el forense habia intentado comunicarse conmigo y que mi padre habia telefoneado. Me olvide de ambos por el momento y descolgue el auricular para llamar al psiquiatra. Era una eminencia, procedente de Nueva York, que trabajaba durante buena parte de su tiempo en los tribunales penales. Habia colaborado conmigo en otros articulos como experto, asi que pense que le gustaria que le pidiese su opinion sobre este crimen. Sin embargo, estaba con un paciente, de modo que le deje un mensaje. Luego me dispuse a leer el Post antes de entregarme a la rutina diaria de hacer llamadas y recabar informacion.

Adverti que ya habian trasladado la historia a una a pagina interior y que aportaban poca informacion nueva. Despues de su derrota inicial, daba la impresion de que habian arrojado la toalla. Mejor asi, pense.

Mientras leia, sono el telefono en mi escritorio. Recuerdo que no conteste de inmediato, como lo hacia siempre. Supongo que pense que seria mi padre. En cambio, consulte el reloj y vi que eran las diez de la manana. Luego, mis ojos se fijaron en el mapa del huracan, al fondo de la habitacion. Repare en que la tormenta habia desviado su curso -ahora se dirigia a America Central y contemple por unos segundos la fotografia del arbol doblado por el viento. Al fin, levante el auricular.

– Anderson, del Journal.

– Hola -dijo una voz-. Solo queria que supiera que he estado leyendo sus articulos sobre el asesinato. Me gustan mucho.

– Gracias -respondi.

Mi interlocutor tenia una voz juvenil y hablaba pausadamente. Me forme la imagen mental de alguien de menos de treinta anos, que rondaba mi propia edad.

– Quiero decir -prosiguio- que me parecen muy precisos. Y descriptivos.

– Bueno, gracias otra vez -dije. Ya era tiempo de cortar-. Oiga, le agradezco su llamada, pero en este momento estoy un poco ocupado…

El hombre me interrumpio sin abandonar su tono tranquilo, sereno, directo.

– Vera usted -dijo-, tengo un interes especial en sus notas.

Hablaba con un deje amistoso, despreocupado. En general, a quienes llaman para felicitar se les nota el entusiasmo o la verguenza. Este hombre parecia tenaz y, al mismo tiempo, tranquilo.

– ?Como? -pregunte-. ?Por que es tan especial para usted este asunto?

Titubeo apenas un segundo.

– Porque -respondio el hombre- yo la mate.

4

De pronto senti calor, como si el bochorno exterior hubiese atravesado abruptamente las paredes del edificio. Mi mano derecha se lanzo en un acto reflejo en busca de papel y lapiz para tomar notas.

El silencio se habia impuesto a ambos lados de la linea.

Aproveche esos momentos para recobrarme de la confusion y garabatear en una hoja de papel gris las palabras: «Tengo un interes especial en sus notas porque yo la mate.»

Mire las palabras que habia escrito, sin despegar la oreja del auricular, del que no salia sonido alguno. Por un momento tuve la impresion de que mi interlocutor ya no estaba alli, casi como si nunca hubiese estado. Me esforce por pensar alguna pregunta. A posteriori, me resulta extrano que, en esos instantes en que mil posibilidades se arremolinaban en mi mente, se me olvidasen por completo los fundamentos de mi profesion. Tarde segundos en recurrir a las preguntas mas simples, mas obvias, y un rato mas en recobrar el escepticismo. Durante la prolongada pausa, el aguardo pacientemente.

– ?Con quien hablo? -pregunte, al fin.

El hombre solto una risita.

– No esperara que conteste a esa pregunta, ?verdad?

– No -respondi-, pero puede darme alguna idea de quien es usted.

– Esta bien -accedio-. Me parece justo. -Entonces titubeo por un instante, como si meditase su respuesta-. Soy un hombre comun y corriente. Provengo de una familia americana tipica. Se desenvolverme en cualquier ambiente, en cualquier lugar; me siento comodo en todas partes. Me adapto a mi entorno como un camaleon. Soy el estadounidense medio.

– Los estadounidenses medios -replique- no asesinan a jovencitas.

– ?Ah, no? -pregunto.

Entonces volvimos a quedamos callados por un momento.

– Digame por que lo hizo -le pedi.

– Es una pregunta dificil de responder.

Hizo otra pausa, como si pusiese en orden sus pensamientos antes de hablar.

Se trataba de un hombre cauteloso. Su voz era profunda pero clara. Lo imagine encerrado en una habitacion, con la mirada fija en las paredes desnudas, las ventanas cerradas y el acondicionador de aire funcionando a todo trapo para mantener fresco el ambiente. Era una voz que parecia indiferente a la tension, a las emociones, como si ni la llamada ni lo que habia detras se saliesen de la normalidad. Por primera vez tuve la sensacion de estar tratando con una malevolencia excepcional.

– Ya antes de llamarle habia previsto que me haria esta pregunta -prosiguio-. He pasado algun tiempo pensando que le responderia. Podria decirle que cometi el asesinato por diversion, solo por la descarga de adrenalina, y no le estaria mintiendo del todo. Podria decirle que fue el primer acto de un experimento de terror, como el que llevaron a cabo Leopold y Loeb en los anos veinte, y eso tambien seria cierto en parte. Podria decirle que la escogi y la ejecute arbitrariamente y de nuevo estaria diciendo la verdad, pero aun le faltaria una explicacion completa, una vision de conjunto. Podria anadir que la chica fue una victima de la venganza, de una vendetta personal, y entonces se aclararian algunos puntos mas del cuadro.

»Tampoco le mentiria, aunque seguramente le confundiria, si le dijera que no la conocia antes de esa noche, que no conozco a su familia y que no tengo nada contra ellos.

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