la boca, el prosiguio.
– Imagine por un momento lo que sintio la primera victima: la intensidad de los sentimientos y las emociones que experimento en sus ultimas horas. Ella y yo hablamos durante un buen rato. Incluso llegamos a llorar juntos. En algunos momentos desee que la noche no terminase jamas.
»Al principio, supongo que ella solo estaba asustada, pero conservo la calma de manera notable. Me pregunto adonde la llevaba y se sobresalto cuando le respondi que iriamos a un lugar donde pudiesemos estar solos. Creo que se temio que la violaria, de modo que le dije que no pensaba tocarla, que lo unico que queria era hablar un poco con ella. Eso parecio tranquilizarla, asi que callo. Queria que le desatara las munecas, pero le dije que no podia, que era una cuestion de confianza; mas tarde, tal vez. Ella quiso saber si se trataba de un secuestro y le respondi que si, en parte porque en cierta forma era verdad, en parte porque supuse que estaria mas tranquila al tener una idea concreta a la que aferrarse. Recuerdo el viaje en coche a traves de la noche. Yo habia cerrado las ventanillas, pero el automovil no tenia aire acondicionado, y yo notaba que el calor de la noche, una especie de calor oscuro, se filtraba desde el exterior. Las luces de la calle arrojaban sombras grotescas sobre el camino; tenia que luchar contra el impulso de esquivadas.
»Cuando nos detuvimos, en un lugar solitario, no lejos del agua para que percibir el olor del mar le sirviese de consuelo, me pregunto por que estaba haciendo eso, y le conteste que solo era el primer acto de un espectaculo mas prolongado. Le costaba entenderme: supongo que yo siempre hablaba en terminos abstractos y el panico no le facilitaba precisamente su comprension. Con todo, insistia, hacia preguntas y me pedia que definiese mis condiciones. ?Dios mio, que hermosa estaba, recostada contra el costado del coche, con el rostro inclinado hacia el sonido de mi voz, tratando de oir, tratando de sentir el mar!
»Entonces me invadio una profunda sensacion de paz y, con ella, vinieron las lagrimas. Me pregunte si todas las victimas serian tan serenas, tan tranquilas. Rompi a llorar, y ella tambien; creo que intentaba consolarme un poco. Le hable de la guerra y entonces me conto el caso de su hermano, que estuvo alli mas o menos al mismo tiempo que yo. Charlamos sobre los problemas de la adolescencia y nos reimos mucho al respecto, porque ella comento que, por buenos que sean tus padres, siempre te sermonean, y yo estuve de acuerdo. Era una jovencita estupenda. Por un momento, contemple la posibilidad de abandonar.
Otra vez quedo callado, como si estuviese evocando de nuevo los recuerdos de aquella noche. Mientras el hablaba, yo me habia puesto a pensar en todos los sitios del condado, sitios oscuros cerca del mar, adonde el podria haber llevado a la chica. Habia miles.
– ?Sabes? -continuo-. Los mismos sentimientos que me empujaban a suspender el plan fueron los que me revelaron que ella era la victima perfecta. Tuve que desechar la idea de dejarla con vida. Recuerdo que camine hasta la orilla y meti la mano en el agua. Estaba tibia, como un bano de medianoche. Oia las olas que chapaleaban en la bahia y rompian suavemente en la costa. Las luces de la ciudad y las del cielo, las estrellas y la luna, se reflejaban en la superficie. Regrese, me sente frente a ella y la observe en la penumbra. Creo que ella no me veia. Forcejeaba un poco, intentando desatarse.
»Espere casi hasta el amanecer. En Vietnam esa era siempre la hora en que todos estaban mas asustados. Eramos gente diurna. La luz nos infundia cierta seguridad, del todo injustificada, supongo, pero siempre estabamos ansiosos por que llegase la manana. Los australianos (tenian tropas alli, ?lo sabia?) siempre se ponian en movimiento antes del amanecer. Todo el mundo se levantaba, preparaba las armas y registraba el perimetro. Y nunca los pillaron desprevenidos.
Titubeo mientras hacia memoria.
– En los ultimos momentos de oscuridad nos desplazamos hasta el campo de golf. Creo que esto la confundio un poco, porque no paraba de preguntar que haciamos alli. Me parecio que otra vez tenia miedo de que la violara, asi que la tranquilice. Cuando llegamos a los arbustos, donde hallaron el cadaver, le indique que se arrodillara de cara al este. Entonces le dije que queria que observara la salida del sol, que seria como una explosion de luz. Una vez que se puso en posicion, le apunte con la 45 con el canon ligeramente inclinado hacia arriba para preservar la expresion de su rostro. Le dije: «Mira, esta saliendo el sol», y cuando ella se inclino hacia delante para ver mejor, dispare.
»Ella no sintio el menor dolor, de eso estoy seguro y en sus ultimos momentos no estaba asustada.
»Tal vez incluso me habria perdonado, si lo hubiera sabido. -Hubo otro instante de silencio-. Cuando lei su articulo, acerca de la familia y de quien era ella, comprendi que habia tenido una suerte extraordinaria: habia hecho una eleccion perfecta al escoger a mi primera victima.
– ?Como fue…? -comence a preguntarle.
– Muy facil -dijo-. Ella estaba caminando y yo detuve el coche con el pretexto de pedirle indicaciones para llegar a cierto lugar. Fue facil obligarla a subir al automovil y atarla.
Mi mente quedo en blanco. Las palabras y las imagenes que se habian agolpado en ella mientras el asesino hablaba se borraron de golpe cuando el silencio se apodero de la linea telefonica. Finalmente, despues de algunos segundos, dije:
– Aun no entiendo…
– A cualquiera le costaria. -Volvio a reflexionar por unos instantes-. Cuando yo estaba en el extranjero hubo una ocasion… una ocasion en que sufri suspension subita de la razon. Una ocasion en que participe en un acto de salvajismo. Aun no puedo describirlo. Pero durante anos ese episodio ha estado alli, pudriendose en mi mente, como un cancer. Ninguna de las emociones comunes, la culpa, la ansiedad, el dolor y demas, me ayudaron a conjurar esas imagenes. Me atormentaron como mis pesadillas de nino, incluso mas, porque estas eran reales y dominaban mis horas de vigilia.
»Y luego, esta primavera, esa estacion tan sensual, vi en la television que todo se venia abajo alli. Las imagenes no mostraban mas que a hombres y mujeres aterrorizados que pataleaban y se aferraban a los patines metalicos de los helicopteros con la esperanza de que los transportasen a algun lugar seguro. Vi que abandonaban el pais. Entonces pense en todos los horrores. Vi en las pantallas los rostros desencajados por el miedo.
»Nadie lo sabe, pense. Nadie comprende lo que ocurre, en realidad. Para ellos es solo una noticia del telediario, un titular de un periodico, una fotografia gris y granulosa.
»Entonces decidi compartir mi horror con todas aquellas personas complacientes, con aquellos que me enviaron ahi en vano.
»Ese es el proposito de todo esto. -Se rio-. Suficiente. Me pondre en contacto con usted despues del Numero Dos.
– Espere… -dije. Pero habia colgado.
Deje el auricular en su sitio y apague la grabadora. La mayoria de los presentes me observaban fijamente. Me recoste en la silla: en mi cabeza se arremolinaban confusamente las palabras del asesino.
Nolan miro la cinta y senalo una sala de conferencias que habia al fondo de la redaccion. Nadie abrio la boca mientras nos dirigiamos a la sala vacia. Por un instante, divise el paisaje que se dominaba desde las ventanas de la redaccion. El sol banaba la ciudad en un calor tropical; la luz se reflejaba en los edificios centricos pintados de blanco, cegadora, como un cumulo de explosiones pequenas. A mi espalda oi que se reanudaba la actividad de la oficina: voces, telefonos sonando, maquinas de escribir.
Me esforzaba por controlar mis emociones. Mientras Nolan escuchaba la grabacion, yo me paseaba por la pequena oficina, redactando mentalmente la cronica del dia siguiente. Nolan, con la barbilla apoyada en el pecho, absorto, se sumergia en las palabras, dejando que la voz del asesino se fijara en su memoria. Ocasionalmente, tomaba un lapiz y hacia una anotacion en una libreta que tenia frente a si. Yo apenas oia las palabras, debido a mi creciente entusiasmo. Comenzaba a impacientarme, esperando a que Nolan respondiera. Poco antes de que la cinta llegase al final, sono el chasquido que indicaba el fin de la llamada, seguido del tono continuo de la linea.
– Esto -murmuro Nolan, irguiendose en su silla- es algo extraordinario.
Se desperezo, enlazo las manos detras de la cabeza y se reclino hacia atras, haciendo equilibrios sobre las patas traseras de la silla. Espiro lentamente, y el sonido de su exhalacion lleno la pequena oficina. Encendio un cigarrillo y solto una bocanada de humo, siguiendo con la mirada las volutas que se formaban.
– No es una decision facil -dijo.
Yo estalle.
– ?Decision! ?Que decision? ?Diablos! Tenemos que publicar esta historia. ?No has oido todo lo que ha dicho ese tipo? ?Joder, que historia! La ciudad entera se conmovera cuando lea sus declaraciones.
