Guerra Mundial. Bueno, basta decir que era una epoca dificil.

»La desorientacion y la consiguiente proyeccion de emociones que veo en el asesinato me recuerda a uno de los pacientes que trate entonces. Era un hombre joven, rubio, de pomulos altos, con un semblante que denotaba una buena educacion. Por cierto, procedia de buena familia; la madre pertenecia a la alta sociedad de Nueva York, y el padre era lo que podriamos llamar un magnate de la industria. El hijo se habia criado en un ambiente de colegios privados, choferes, profesores de piano y opera. A los diecisiete anos ingreso en Harvard, donde se licencio en historia y ciencias politicas. Estaba destinado al servicio diplomatico, al menos al principio; tal vez a la facultad de derecho, o quizas a emprender una carrera politica. Un muchacho muy valioso, ?verdad?, con un potencial tremendo. Me hablaba mucho de una conversacion que habia mantenido con su padre acerca del futuro, y de que ambos convenian en que servir en el ejercito durante un tiempo seria una experiencia muy valiosa, incluso imprescindible. Otro paso en el camino al exito.

»Poco despues de su graduacion, el joven obtuvo un cargo de oficial en el ejercito. Se ofrecio voluntario para la guerra de Corea despues de largas discusiones con su familia; pensaba entrar en combate un par de veces y quiza conseguir una o dos medallas. El padre habia prestado servicio militar en tiempos de paz, entre las dos guerras mundiales. Ninguno de ellos era consciente de lo peligrosa que era la situacion en que se estaba poniendo el muchacho. No tiene usted idea del grado al que llegaba su ingenuidad; se manifestaba constantemente en nuestras conversaciones. Por tanto, cuando los chinos cruzaron el Yalu, este joven estaba al mando de una compania de fusileros, cerca de la linea del frente.

»Fueron aislados, rodeados por una fuerza superior y masacrados. El joven estaba con un peloton que acabo acribillado por las armas automaticas. Cuando el fuego ceso, el era el unico que quedaba con vida. Entonces advirtio que los chinos recorrian el escenario de la carniceria, revisando sistematicamente los cuerpos. En una fraccion de segundo decidio que, para evitar que lo capturasen o lo matasen, tendria que hacerse el muerto. Mojo los dedos en la sangre de sus hombres y se mancho la ropa con ella. Segun me conto, obro con rapidez, mecanicamente, sin pensar realmente en lo que hacia. Al final, cuando sus heridas parecian autenticas, coloco dos cadaveres de modo que el quedaba medio oculto debajo de ellos. Su ultimo acto fue tomar un punado de sangre y materia cerebral de un cadaver y embadurnarse la frente y la cabeza. Luego cerro los ojos y espero, temeroso de que el aire frio delatara su respiracion, sintiendo el peso muerto de los hombres que tenia encima.

»Entonces sufrio una alteracion de la percepcion; sus sentidos quedaron reducidos al oido y el olfato. Era como un ciego; cada sonido se le figuraba una nota de terror extrana, aterradora. Me dijo que oyo voces que se acercaban y pies que se arrastraban. En un momento, alguien hablo en ingles, a lo que siguieron respuestas guturales en chino. Luego sonaron disparos, cada vez mas cercanos. El joven sintio que el frio del suelo penetraba como la muerte misma en su cuerpo, ya sepultado bajo los cadaveres de sus soldados, los hombres que el habia tenido a su cargo y a quienes habia conocido apenas unas horas antes. Tenia las extremidades paralizadas de terror, pues creia que de un momento a otro lo sumirian en una oscuridad mas profunda que la que encerraban sus parpados apretados. Finalmente, oyo pasos cerca de el y noto que los cuerpos bajo los que yacia se movian, como si alguien los empujase con la punta de un arma. Luego las pisadas se alejaron y el permanecio inmovil durante horas, en espera de otro sonido. Me aseguro que tuvo que reunir todo su valor para abrir los ojos y mirar en torno a si. Estaba solo, salvo por los muertos.

»Paso dos dias aislado tras las lineas enemigas. Vago por alli, escondiendose entre arbustos y arboles. Por las noches, se resguardaba de la nieve con ramas lo mejor que podia. No comia: no encontraba nada. Al tercer dia se topo con un grupo de hombres que tambien habian quedado aislados pero que habian logrado establecer contacto por medio de la radio. En pocas horas, estuvo a salvo tras nuestras lineas. Presento un informe a sus superiores describiendo el ataque y la perdida de sus hombres con todo detalle. Segun creo, los nombro a casi todos de memoria. Lo examino un medico, que dictamino que se encontraba en buen estado de salud a pesar del duro trance por el que habia pasado, y poco despues lo enviaron de regreso a Estados Unidos. El ejercito le otorgo la Medalla al Servicio Distinguido.

»En su primera noche en casa, desperto gritando que no podia respirar, como si algun peso le aplastara los pulmones. Se echo a temblar descontroladamente a pesar del calor que hacia en la habitacion y de las mantas sobre la cama. Lo aterrorizaba cerrar los ojos, porque temia no poder volver a abrirlos. Pocos dias despues, mientras disfrutaba una comida con su madre, su padre y algunos invitados, cerro los parpados con fuerza durante un minuto, tal vez dos, y cuando los abrio habia perdido la vista. Estaba ciego. Poco despues, me lo enviaron a Vacaville.

»El diagnostico oficial fue reaccion histerica. Una sencilla conversion de la experiencia que habia vivido: la ceguera equivale a la muerte. Asi pues, la atrajo sobre si para compensar el haber sido el unico superviviente de su compania.

»Hablamos. Trabajamos. El no ocultaba los hechos, incluso logre convencerlo del origen psiquiatrico de su perdida de vision, pero no la recupero. Entonces me pregunte que castigo mas severo estaria infligiendose.

»Le concedieron la licencia. Llego a su apartamento en Nueva York, beso a su madre, estrecho la mano de su padre, anuncio que queria cambiarse (palabras profeticas, ?verdad?) y se dirigio a su dormitorio. Dejo el baston, saco un revolver que guardaba desde hacia anos y se pego un tiro. Exactamente en el mismo punto donde se habia aplicado la sangre de sus companeros.

El psiquiatra me miro. Fuera, el sol se reflejaba en la superficie de la bahia y una bandada de gaviotas volaba sobre las aguas.

– Por eso -prosiguio el doctor-, no subestime la fuerza de un trauma inducido por la batalla combinado con una enfermedad mental mas primaria.

– ?Pronostico?

– Muy malo. Malo para las victimas, malo para el asesino. Y otra cosa…

– ?Que?

– No podran atraparlo.

– ?De que habla?

– Los asesinos de esa clase son los mas dificiles de capturar. La policia siempre tiene muchos problemas para echar el guante a los asesinos psicopatas. Recuerda a Jack el Destripador: jamas lo atraparon. Vera, ellos eluden los metodos habituales de deteccion debido a la irracionalidad esencial de sus actos. Sus motivos se hallan dentro de su mente, no en la codicia ni la furia, ni en ninguna de las emociones habituales con las que los policias estan familiarizados y que suelen ser motivo de homicidio.

Fije la mirada en el psiquiatra. El se volvio hacia la bahia.

– A menos que el asesino cometa un error como los que cometeria un criminal comun, sera casi imposible capturarlo. Existe la posibilidad de que alguien lo reconozca, o que la policia identifique y localice su arma. Eso podria conducir a su detencion. Pero no cuente con ello.

»Vera, una de las paradojas esenciales que envuelven a este tipo de asesino es que, si bien experimenta satisfaccion al burlar a la policia y desafiar a la comunidad a que lo encuentre (ese es el impulso subyacente a la llamada telefonica), inconscientemente desea ser detenido. Sin embargo, su mente consciente no pasa por alto el menor detalle. Pensara detenidamente en todas las precauciones que debe adoptar para evitar la captura. Digame, ?como puede la policia manejar un caso asi?

– No lo se -conteste-. ?Cree que cometera algun desliz por telefono?

– Tal vez. Tal vez no.

Sono un timbre bajo el escritorio del psiquiatra. Se inclino, acciono un interruptor y me miro de nuevo.

– Un paciente -me informo.

Recogi la grabadora. El me acompano hasta la puerta.

– ?Sabe? -dijo-, espero equivocarme. Y no de por sentado que todo lo que le he dicho sea la verdad absoluta. Estamos hablando de un individuo gravemente desequilibrado: es capaz de casi cualquier cosa. Quizas esto le parezca terrible, pero no hay que descartar la posibilidad del suicidio. Una persona que dice lo que hemos oido siente un odio profundo hacia si mismo. De sus palabras se desprende que se considera lo peor del mundo. Tendremos que esperar.

– Gracias por su ayuda.

– Ha sido un placer -respondio.

Mientras cerraba la puerta, eche una ultima ojeada por la ventana al azul de la bahia.

Mas tarde, comence a redactar el articulo sobre la reaccion del publico. Otros periodistas dejaban notas sobre mi escritorio: en general, declaraciones mecanografiadas de funcionarios o gente de la calle. Muchas de ellas

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