reflejaban escepticismo, una actitud retadora. Era como si la gente quisiera obligar al asesino a cumplir con su palabra o a callar: una especie de desafio macabro. Intercale las opiniones del psiquiatra con las impresiones de las demas personas.

«Ese chalado no me asusta…» Un adolescente, junto a un campo de juegos.

«Yo creo que solo es un tipo que quiere llamar la atencion. Dudo mucho que cumpla su amenaza…» Un hombre de negocios, en la calle.

«Confio en que la policia lo pillara pronto…» Una ama de casa de los suburbios.

«Todos los agentes han recibido instrucciones de estar atentos a comportamientos extranos. Se han anulado todos los permisos innecesarios. Se enviaran coches patrulla de refuerzo a zonas de alto riesgo…» Un jefe de policia local.

Intente imaginar los semblantes que acompanaban a las palabras, las expresiones de furia o de miedo. Me sentia oprimido entre las palabras del asesino y las de la comunidad. Continue escribiendo con rapidez, deteniendome solo de vez en cuando para transcribir una cita de las paginas de notas. No levante la vista hasta que oi gritos procedentes del fondo de la redaccion. Al girar en la silla, vi a un muchacho de veintitantos anos que intentaba soltarse de las manos de uno de los guardias de seguridad del Journal.

Los ojos de todos los presentes se volvieron hacia el alboroto y, de pronto, percibi los gritos con la claridad de una imagen bien enfocada. El joven gritaba: «?Quiero hablar con el tipo que escribio esto. ?Dejame en paz, maldita sea!» El guardia de seguridad lo tenia agarrado por el brazo, intentando arrastrado hacia la puerta. Yo sabia que era conmigo con quien queria hablar. De reojo, vi que Andrew Porter se habia asomado desde el laboratorio fotografico, atraido por el ruido. Logre llamar su atencion con las manos e hice un gesto con ellas como si tomase una fotografia. El asintio y reaparecio un momento despues con su camara. Hizo girar la lente y comenzo a tomar fotos de la manera mas discreta posible. Para entonces, el joven ya se habia calmado un poco y discutia con el guardia, que aun lo sujetaba por el brazo. Yo atravese la oficina; ambos hombres me miraron.

– Creo que quieres hablar conmigo -dije, con la mayor suavidad posible.

El muchacho tenia los ojos enrojecidos. Su cabello rubio le caia sobre las orejas, desgrenado. Me contemplo por un momento y parecio derrumbarse, como si una cuerda se hubiese roto bruscamente. Dejo caer los brazos a los costados y ceso de forcejear. El guardia, un cubano fornido de espeso bigote, me dirigio una mirada inquisitiva. Yo asenti y el solto al chico. Sin embargo, se quedo cerca de nosotros, con los musculos tensos.

– ?Es usted Anderson? -pregunto el muchacho. Movi la cabeza afirmativamente.

– Yo soy el hermano de ella -dijo.

– Lo suponia -conteste.

– ?Por que?

Me encogi de hombros.

– Sentemonos.

El joven inclino la cabeza y le senale un escritorio desocupado. Se dejo caer sobre la silla como si estuviese exhausto.

– No lo entiendo -se lamento-. He leido esto una y otra vez, y aun no lo entiendo. ?Que mal hizo ella? ?Por que tuvo que pagar por algun… oh, no se… por algo que ocurrio en otro lugar? Quiero decir, ?que culpa tenia?

– Debes de haberla querido mucho -observe.

El me miro fijamente.

– Ella era muy… -Entonces vacilo. Adverti que buscaba las palabras adecuadas-. No lo se. Era… tenia algo especial. Todos la queriamos. Era la pequena de la familia.

Los ojos se le llenaron de lagrimas otra vez.

– ?En que puedo ayudarte? -pregunte.

– No se por que he venido -dijo-. Supongo que por un momento pense que usted y el eran la misma persona, ?sabe? Usted es su contacto; el lo llamo, asi que se me ocurrio venir a hablar con usted como si fuera el. -Hizo una pausa-. Eso no tiene mucho sentido, ?verdad? Quiero decir, ahora veo… -Paseo la vista por la sala, por los reporteros y redactores-. ?Volvera a llamar?

– Creo que si -respondi-. Es dificil saberlo.

– Ojala pudiera pasar al menos cinco minutos a solas con ese tipo. No me importa cuanto entrenamiento haya recibido el, en el ejercito o donde fuese. Me da igual que lo hayan convertido en una especie de maquina de matar. ?Le juro que podria con el! Solo quiero una oportunidad. Oiga. -Su voz empezaba a reflejar entusiasmo-. Voy a dejarle mi direccion. Desela al asesino, ?de acuerdo? Si realmente quiere iniciar una cadena de asesinatos, bueno, ?por que no trata de empezar por mi? Entonces veremos quien sera el primero en caer.

El joven tomo un trozo de papel del escritorio y un lapiz y se puso a escribir con furia.

– Dele esto -me indico, entregandome el papel.

Lei la direccion. Era la casa familiar en la zona sur de la ciudad.

– De acuerdo -accedi. Mentia.

El muchacho se sento de nuevo, mas sereno.

– Solo cinco minutos -dijo. Clavo los ojos en mi-. Digame por que. Usted hablo con ese tipo. Digame por que.

Sacudi la cabeza.

– Esta loco. Los locos cometen locuras. ?Que puedo decirte? Me encogi de hombros de manera exagerada, consciente de que mentia otra vez.

– Me da igual que sea un enfermo -asevero el joven-. Quiero verlo muerto. Del mismo modo que el mato a mi hermana.

– No me extrana…

Se seco los ojos y, durante largo rato, se los froto con las manos.

– No me parece justo. ?Como pudo Dios hacer esto? Ella nunca hizo dano a nadie en su vida. Incluso participo en una manifestacion por la paz cuando tenia diez anos. ?Puede creer eso? Desfilaba, corriendo para no quedarse atras, gritando: «?Queremos paz! ?No a la guerra!», con su vocecita de nina. Volvio a casa con lagrimas en los ojos porque los policias eran tan malvados. ?Puede creer eso? Malvados, esa es la palabra que empleo. Y lo eran; eso es exactamente lo que eran. Ella no tenia miedo de nada. Apuesto a que ni siquiera tuvo miedo cuando llego su hora.

– Seguramente tienes razon.

El joven echo un vistazo alrededor.

– Estoy haciendole perder el tiempo -dijo-. Supongo que esta trabajando en otro articulo, ?verdad?

– Si -respondi-, sobre la reaccion de la gente. Saldra en el periodico de manana.

– Bien -murmuro poniendose de pie-, cuando ese cabron llame, digale que Jerry Hookes quiere verselas con el. Planteeselo como un desafio de verdad: digale que lo espero. -Cerro el puno y lo agito en el aire-. Lo matare con mis propias manos.

– Se lo dire -asegure.

«Quiza si -pense-, quiza no.»

– Esta bien -dijo y, dirigiendose al guardia de seguridad, anadio-: Disculpeme.

El guardia asintio, impasible.

– Perdoneme -se disculpo el joven, volviendose hacia mi-. Por haberlo molestado asi. Creo que todo esto me ha trastocado un poco. -Me tendio la mano Y se la estreche-. No lo culpo -agrego.

Luego se marcho, acompanado por el guardia. Nolan se acerco.

– Un momento intenso -comento.

Me mostre de acuerdo con el.

– Escribelo. Palabra por palabra. Que sea el nucleo del articulo sobre las reacciones.

Asenti.

– Muy bien.

– Es un material estupendo -prosiguio Nolan-. Diablos, ese pobre chico debe de estar realmente alterado con todo esto. Pobre diablo. -Me miro con fijeza-. Describelo todo: su expresion, el ansia con que escribio esa direccion. No te dejes un detalle. Fenomenal.

Regrese a mi escritorio, pero antes de comenzar a escribir repase en mi mente una y otra vez las palabras finales del joven. Resonaban en mis oidos, acusadoras. Sacudi la cabeza con fuerza, como para desecharlas, y

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