quedaramos en el mundo ellos y yo.
»Les acerque la pistola a la cara por un instante. El viejo estaba aterrado. Se interpuso entre su esposa y yo y dijo: '?Llevese lo que quiera, jovencito, pero deje de asustarnos!' Y luego reunio el poco coraje que le quedaba y me solto: 'Los he visto mas rudos que usted.' Yo le sonrei y les indique por senas que se sentaran en el sofa de la sala. Me deje caer en un sillon y, sin dejar de apuntar con la pistola, dije: 'Ah, ?si? ?Donde?' y el viejo se estremecio. 'En Auschwitz', respondio. Levanto el brazo; la manga se deslizo hacia abajo, dejandole al descubierto la muneca huesuda, en la que tenia un numero tatuado.
»Yo me quede perplejo, por decirlo suavemente. No podia creer en mi suerte. 'Hableme de eso', le pedi, y el viejo tomo la mano de su esposa. Ella no habia abierto la boca hasta ese momento; miraba al frente con los ojos vidriosos. '?Que quiere que le diga?', pregunto el. '?Ha visto las fotografias?' Yo asenti. 'Todos entramos. Algunos salimos. No muchos. ?Que mas se puede decir? ?A quien le gusta recordar esas cosas? Pero usted no me asusta, ni siquiera con esa pistola.' Eso me enternecio. ?A quien no lo hubiera enternecido? Al cabo de un minuto, dijo: '?Ha venido a robarnos, o que? ?Cree que somos ricos? Si lo fueramos, no viviriamos aqui.' Negue con la cabeza. 'Asi que no se trata de un robo', dijo, '?Que otra cosa puede ser? ?Un asesinato? ?Con que objeto? ?Una violacion? Somos demasiado viejos. ?Que otra posibilidad queda?'
»Pero yo no respondi. Era un viejo orgulloso; estaba sentado con la espalda muy recta y no me quitaba la vista de encima. Con un brazo rodeaba los hombros de su esposa, como un ave cubriendo a sus crias con un ala. La habia tomado de la mano. Vi que sus ojos se posaban en la pistola. Entonces sonrio. 'Una 45, tal vez?', pregunto, y asenti. 'Esto empieza a tener sentido', dijo.
»Entonces se volvio hacia su esposa y le hablo en voz tan baja que apenas pude oido. 'Ruth', le dijo, 'sabes que te he amado todos estos anos. Ahora todo terminara. Este es el hombre de los periodicos, el que mato a esa joven tan bonita. Piensa matarnos a nosotros, tambien.' Al oir esto, ella se puso rigida y abrio muchos los ojos. Me recordo un poco a un animal, ya sabe, a un perro o a un conejo. Pero el la calmo enseguida. 'Somos viejos. ?Que nos importa? ?Por que habriamos de tener miedo?' Su voz era maravillosa: suave, tranquila, casi hipnotica. Observe el efecto que producia en su esposa. Ella se relajo perceptiblemente y se arrimo mas a el. Cerro los ojos y asintio, y el anciano se volvio hacia mi. 'Bien', dijo. 'Haga lo que tenga que hacer.'
»'Hableme de su vida', le pedi. Pero el se encogio de hombros y dijo: '?Que quiere que le diga? Nacimos. Nos
»?Sabia que despues del fin de la Segunda Guerra Mundial, a los supervivientes de los campos alemanes los encerraron en otros campos de concentracion dirigidos por los britanicos y los estadounidenses? Campos de internamiento, los llamaban. ?Sabia que Estados Unidos (si, nosotros, usted, yo, nuestros padres) fijo un cuerpo de refugiados y no permitio que muchas de las personas desplazadas por la guerra entraran en el pais? El viejo me lo conto todo. Me hablo de cuando vinieron aqui; fueron de los pocos a quienes permitieron entrar. Eso fue porque el tenia un primo que ya vivia aqui, un hombre a quien no veia desde la infancia y que se responsabilizo de el ante las autoridades. El viejo llego al puerto de Nueva York un dia muy frio; habia carambanos que colgaban de los muelles. Aun asi, segun dijo, se quito la chaqueta y aspiro el aire. Me aseguro que podia saboreado, que le hacia sentir vertigo.
»Creo que llevaron una buena vida. Nada excepcional. A sus hijos les fue mejor que a el, y el se enorgullecia de ello. Habia visto crecer a sus nietos, si no hasta la edad adulta, al menos hasta la adolescencia. Dijo que habia trabajado duro y que habia disfrutado cada momento de ello. Confeccionaba y vendia ropa: una profesion honorable. 'Vestir a la gente', lo llamaba el. Era ropa de calidad, me dijo; disenos resistentes y practicos de buena calidad. Cuando la gente le compraba un traje, sabia que las prendas le durarian muchos anos. Luego se volvio hacia su esposa y dijo: 'Como nosotros. Hemos durado mucho.' Ella simplemente apoyo la cabeza sobre su hombro y sonrio, con los ojos cerrados.
?Sabe? Era obvio que aun estaban enamorados, seguramente tanto como en cualquier momento de todas las decadas que llevaban juntos. '?Como se conocieron?', le pregunte, y la mujer levanto la cabeza. 'A la antigua usanza', respondio, 'por medio de una casamentera.» Me hablo un poco de su noviazgo y de su boda. Estuvieron en campos separados, pero despues se reencontraron. Tardaron seis meses, pero ella dio con el. Segun me conto, en ningun momento dudo que el habia sobrevivido, pues los dos estaban demasiado llenos de vitalidad. Mientras referia su historia, sonreia; de cuando en cuando se inclinaba y tocaba a su marido. Entonces me miro y dijo: 'Usted debe de ser un joven muy triste para hacer estas cosas tan terribles.' ?Sabe una cosa? Le di la razon. Hice un gesto de afirmacion con la cabeza y note que se me saltaban las lagrimas. 'Es doloroso', les dije, y ambos asintieron sabiamente. Me preguntaron por mis padres, y les hable de mi ninez. Solo un poco, para mantenerlos interesados. Les hable de la granja, de la ciudad y de las diferencias entre ambos lugares.
»?No le parece notable? Cada segundo, cada minuto que pasaba los acercaba a la muerte y, al mismo tiempo, nos acercaba como personas, a medida que nuestra relacion evolucionaba de un trato superficial a la amistad. Sucedio lo mismo con la muchacha. Siento que solo puedo conocer a la gente, conocerla de verdad, a las puertas de la muerte. Entonces caen las mascaras, se deja de lado toda la hipocresia, y solo queda algo puro, pristino. Perfecto.
»Entonces los tres lloramos un poco. Finalmente, me enjugue los ojos y les agradeci que compartieran sus recuerdos conmigo. Adverti que el temor asoma a al rostro de la anciana. Tenia el cabello blanco peinado hacia atras, y se le habia soltado un mechon que le caia sobre la frente. Sacudio la cabeza para apartarselo de los ojos. '?Aun piensa…?', pregunto, y la hice callar. 'Nada cambia', le respondi. 'No tema.' Vi que se estremecia ligeramente y se acercaba mas a su esposo. El me miro. '?Va a atarnos, o que?' Entonces yo saque la cuerda de mi bolsillo.
– ?Como es que estaban desnudos? -lo corte.
– Muy sencillo -contesto-. Simplemente les dije que seria como dormirse, y les indique que se prepararan para irse a la cama.
»Ella tuvo que ayudar al viejo a quitarse la camisa. 'La artritis', me explico con una mueca. El dejo caer sus pantalones al suelo, luego su ropa interior, y quedo desnudo.
»No intento cubrirse. Tengo que admitir que el viejo se movio con elegancia todo el tiempo. Ayudo a la anciana a despojarse de la blusa y luego la falda. Ella vacilo por un instante antes de quitarse la enagua y luego se la paso por encima de la cabeza. Las medias, la ropa interior de encaje; todo quedo amontonado en el suelo. Ella miro la pila de ropa por un instante; luego se inclino, recogio las prendas y las dispuso pulcramente sobre el sofa. Supongo que es dificil desprenderse de los viejos habitos. El viejo la observaba con una media sonrisa. Yo jamas habia visto dos ancianos desnudos. Los estudie con atencion. El pene del viejo se habia encogido, marchitado. Vi que el vello se le habia puesto gris. A ella tambien; tenia los pechos casi planos y los pezones de color marron oscuro. Ambos tenian el pecho hundido. Sin embargo, el henchia el suyo de aire y me miraba fijamente. '?Quiere darse prisa ahora?», me apremio. Les indique que se dirigieran al centro de la habitacion y en un segundo estuvieron arrodillados el uno junto al otro.
»Les ate las manos rapidamente; dudo que fuese necesario, pero me preocupaba que uno de ellos fuera presa del panico entre un disparo y otro. En ningun momento perdieron la dignidad, aunque percibi un leve temblor en los hombros de la anciana. 'Acabe conmigo primero', dijo el viejo, 'pero envienos al otro mundo juntos'. Me senti como en un sueno; ellos cooperaban, sin alzar la voz. Era como si yo no fuese mas que el instrumento de un suicidio. 'Muy bien, diganse lo que quieran', les dije. Juntaron las cabezas, se dieron un ligero beso en los labios y sonrieron. 'Ya no tenemos palabras', dijo el viejo.
»Los dos cerraron los ojos. Tome un almohadon de un sillon. Era como si yo me mirase desde fuera mientras preparaba la ejecucion. Coloque el cojin contra la cabeza del viejo y contemple la 45 por un momento. Vi mi dedo apretar el gatillo. Cada micrometro del movimiento tardaba segundos, minutos. Entonces sono una detonacion y senti la sacudida familiar que me recorria el brazo. Los dedos me hormigueaban, insensibles. El viejo se desplomo hacia delante. Vi que la mujer apretaba los dientes. Supuse que estaria rezando una oracion; se le movian los labios. Me situe tras ella casi antes de que cesaran las convulsiones del viejo en el suelo. Esta vez mis movimientos me parecieron acelerados, como una pelicula proyectada a camara rapida. Le apoye el almohadon contra la nuca y la encanone; luego senti el retroceso del disparo y ella tambien cayo de bruces.
