de emocion abrumadora.
En el ultimo coche de la fila habia una sola cabeza, la del conductor. Mantenia la vista fija al frente. Martinez noto que los musculos de la mano se le tensaban casi hasta acalambrarse en torno a la culata de su revolver. Por un momento, penso en la pequena automatica suplementaria que llevaba sujeta a la pantorrilla, bajo los pantalones. Se pregunto si le habria quitado el seguro. No podia recordado.
El y Wilson continuaron avanzando lentamente, con paso vacilante, como si caminaran sobre hielo. A poca distancia de la puerta, Martinez se detuvo.
– ?Usted! -grito-. ?El del coche! ?Policia! ?Salga con las manos en alto!
Entonces hubo un momento en que Martinez contuvo el aliento. Vio que la figura comenzaba a moverse despacio. El detective advirtio que el arma de su companero apuntaba a la cabeza del conductor. Observo, con el revolver levantado, que la puerta se abria y salia primero una pierna y luego un torso. Se esforzo por distinguir algo contra la luz de la luna y las de la ciudad, que resplandecian al otro lado de la bahia. El sudor comenzo a caerle sobre los ojos y parpadeo para aclarar la vista. Tenia una linterna en la mano izquierda. Cuando la figura se volvio hacia el, el detective grito: «?No se mueva!» y la encendio. El potente haz de luz atraveso la oscuridad y dio de lleno en la cara del conductor, que se llevo la mano a los ojos. Entonces Martinez oyo la voz de Wilson, atronadora y furiosa:
– Joder, joder, joder. ?Maldita sea!
El conductor era una mujer; la luz de la linterna brillaba en su cabellera rubia. Martinez dio media vuelta, mientras Wilson comenzaba a dar una explicacion, y se acerco al borde del puente. Mas tarde me conto que habia contemplado las aguas, mareado, afectado aun por la tension, escuchando el sonido de las olas al romper contra los pilares. Dijo que el sonido se le antojo una risa, las carcajadas del asesino que habia escapado y vagaba libre por la ciudad.
13
Nolan escucho con atencion la ultima grabacion. Tenia el tronco ligeramente inclinado y los dedos apoyados sobre la mesa. Seguia con la mirada los ejes giratorios de la grabadora. En dos ocasiones tomo notas en un papel. Cuando la cinta llego al final, el se enderezo y me miro por un momento antes de hablar:
– Bueno, lo intentaste -dijo.
– Creo que si. -Me encogi de hombros-. Supongo.
– Me preocupa ese tono -dijo Nolan-. Los cambios respecto a conversaciones anteriores. Es como si ahora tuviese mas prisa. No se tomo su tiempo. No mezclo sus sentimientos con las descripciones, como hacia antes. ?Por que estaba tan tenso por este asesinato? Me gustaria saberlo.
Rebobino la cinta y, por segunda vez, la voz del asesino lleno la pequena habitacion.
– Escucha -dijo Nolan-. Parece nervioso. ?Donde esta su confianza habitual?
«Tuve que observarla durante varios dias…»
– La espio -observo Nolan-. Eso no fue espontaneo.
«Me parecio que el sol era un reflector que me buscaba…»
– Entonces, tenia miedo. Miedo de que lo vieran.
«En el centro de la foto aparece un bebe…»
– En ese punto -senalo Nolan-. Lo relaciona con un recuerdo.
«… se produjo un incidente, y ella desempeno un papel importante en el.»
– ?Lo ves? Habla de la foto y luego de su propio recuerdo.
«No sea ridiculo.»
Luego, el chasquido al cortarse la comunicacion.
Nolan comenzo a caminar de un lado a otro del despacho con nerviosismo, pasandose la mano por la cabeza. De cuando en cuando, se detenia y echaba un vistazo a los recortes de los articulos que yo habia escrito sobre el asesino, que estaban clavados a la pared.
– Creo que esta experimentando un cambio -dijo Nolan-. No estoy seguro, es solo un presentimiento. Tal vez se ha hartado de matar. Supon que estamos frente a un caso de trastorno de personalidad multiple. Quizas otra de las personalidades este a punto de aflorar. ?Se lo preguntaste a tu amigo psiquiatra?
Negue con la cabeza.
– No creo que haya visto indicios de personalidad multiple en las grabaciones que le puse. Por otro lado, ?como iba a notarlo? Quiero decir, si la personalidad que oia era coherente… Psicopata, dijo. Un asesino nato.
Nolan me miro con expresion de redactor jefe.
– Esta bien -dije-. Lo llamare y se lo preguntare.
Esa tarde, hice escuchar la cinta al psiquiatra por telefono. Como siempre, hizo una pausa para pensar.
– Interesante -dijo-. Imagine el conflicto que debe de haber en la mente del asesino: mato a la mujer, dejo con vida al bebe. Me pregunto si, simbolicamente, no estaria matando a su propia madre.
– Nolan cree que el asesino padece un trastorno de personalidad multiple y que una de ellas comienza a dominar a la que asesina gente. ?Que opina usted?
Nuevamente, el psiquiatra vacilo. Imagine el humo de su pipa formando volutas sobre su cabeza.
– No es imposible -respondio-. No sabemos mucho acerca de esa enfermedad.
– ?Es probable? -pregunte.
– No. Pero tampoco es improbable. En realidad, no es una idea en absoluto descabellada. Pero no habria manera de estar seguro de ello a menos que el asesino comenzara a manifestar distintas personalidades en una situacion clinicamente controlada. Supongo que es concebible. En este momento no recuerdo ningun caso en que una personalidad fuese homicida y la otra no, pero podria suceder. Una personalidad psicopatica, otra suicida, otra homicida y otra mas, digamos… propia de un bibliotecario. Todas enfrentadas entre si. Uno pensaria que provocarian una explosion…, pero estas cosas son sumamente complejas. Digale a su redactor jefe que es una buena teoria pero, por el momento, resulta imposible de comprobar.
– ?Y la conversacion? -pregunte-. ?No le parece que el muestra una actitud diferente?
– No, de ningun modo. Tal vez parece un poco desilusionado. Este asesinato no le salio tan bien como los demas. Su eleccion parece haber sido menos acertada; aparentemente, hubo menos interaccion entre el y la victima. Esto debe de haberlo decepcionado.
– ?Alguna prediccion? Se rio.
– ?Con que? ?Con mi bola de cristal? -Adopto un tono mas serio-. Bueno, sabemos una cosa: que este incidente de la guerra, el que dice estar recreando, tuvo que ver con una madre y su bebe. Las experiencias de esa clase son potentes bombas psicologicas… Yo me guardaria mucho de proponerle un encuentro.
– ?Cree que podria hacerme dano?
– ?Por que no?
Pero no le crei.
Un dia fui al hospital para subir a la sala de pediatria y ver a la nina. Tuve la tentacion de pasar a saludar a Christine antes, pero pense que tal vez estaria en el quirofano. Nunca la habia visitado en el hospital y me parecia mejor no hacerlo. Preferia que ella me contara sus impresiones en lugar de formarme las mias propias.
Al principio, la enfermera se mostro reacia a permitirme pasar, pero reconocio mi nombre al ver mi tarjeta de periodista y decidio que no perderia nada con dejarme mirar por la ventana. La segui por un pasillo blanco, oyendo el taconeo de sus zapatos sobre el suelo encerado. El interior del hospital era un mundo blanco y brillante como el momento en que el sol se refleja en el agua y nos encandila.
La enfermera me condujo hasta una ventana y senalo una cuna.
– Alli, en la segunda.
A traves del cristal, vi una habitacion llena de cunas.
– Ya ha salido del estado critico. Le daran el alta dentro de uno o dos dias.
Observe a la nina por unos instantes. Dormia de costado, con un chupete en la boca. Yo no sabia bien que me habia llevado hasta ahi, que buscaba ni que esperaba ver. Tal vez una expresion de temor, algun recuerdo del sol, el pantano y el calor de la tarde. Me volvi y le di las gracias a la enfermera.
