finalmente, recurria al argumento mas persuasivo de todos: corria a arrojarse en brazos de mi padre. En cuanto a mi, la furia invadia mi cerebro, impidiendome dar con las palabras que buscaba, bloqueando todas las razones, los argumentos. Titubeaba y balbucia… y perdia. Mi padre, sentado ante su escritorio, golpeteando distraidamente con un lapiz un bloc de papel, tomaba sus decisiones, emitia sus opiniones. No era un hombre severo ni injusto. Era un hombre de codigos y reglas. Yo tenia la impresion de que sus decisiones venian de arriba, de que eran inviolables y precisas…, tan explosivas como las bombas que lanzaba desde su puesto en el bombardero, sobrevolando el horror en una reducida cabina de plexiglas.
Como mi voz me llevaba al fracaso, me dedique a escribir las voces de otras personas…
Entonces sono el telefono.
El ruido de la redaccion parecio intensificarse, como si alguien subiese el volumen de una radio, y luego volvio al murmullo constante y familiar. Extendi la mano y accione el mecanismo de grabacion: mi mano se movia independientemente, como si perteneciera a otra persona. Puse la mano sobre el auricular, que estaba fresco, y, muy despacio, me lo acerque al oido. Espere a oir la voz.
El hablo friamente, sin prisa. No empleo un tono de familiaridad y se salto los preambulos. A veces se quedaba callado, y al momento siguiente se oia su voz inexpresiva.
– He estado pensando en usted -dijo.
– ?Y?
No respondio; en cambio, dejo que el silencio llenara la linea.
– Recuerdo algo que sucedio cuando estaba en Vietnam. Yo me ofreci como voluntario para lo que el ejercito llamaba LURPS, las siglas en ingles de Patrullas de Reconocimiento de Largo Alcance. Junto a mi iban un operador de radio y otro fusilero, solos, avanzando entre la maleza con la lentitud irritante que impone la selva. Habia tanta humedad en el ambiente que casi notaba la friccion del aire contra la piel de mis brazos al abrirme paso con el machete entre las enredaderas y las matas que crecian por todas partes. Era como si pudiese sentir el vapor que flotaba alrededor de mi: estabamos empapados en sudor, casi como si hubiese llovido.
»Me fascinaba la sensacion de estar solo… o practicamente solo. En realidad, la radio era nuestro unico vinculo con la seguridad y, claro esta, no podiamos confiar demasiado en ella. Creo que no hay nada tan estimulante, tan sensual, como caminar por tierras extranas y peligrosas. Sentia el miedo y la excitacion en todo el cuerpo. Pensaba: 'Morire aqui y nadie me encontrara jamas. Sera como si hubiese desaparecido, como si me hubiera desvanecido del mundo.' Pero eso nunca ocurrio, aunque mas de una vez vi la muerte de cerca.
»Un dia estabamos abriendonos camino tan despacio por la espesura que pense que la selva tendria tiempo de crecer a nuestra espalda. Una patrulla del Vietcong debia de estar acercandose en la direccion opuesta, con la misma idea que nosotros, concentrados en los matorrales y las enredaderas, tratando de avanzar otro paso.
»Yo iba en cabeza y, de pronto, oi el sonido de machetazos y el crujir de ramas, unos metros mas adelante. Me detuve en el mismo instante en que el primer hombre del Vietcong debio de vacilar. Transcurrio un largo segundo: luego levante mi fusil y dispare en su direccion. El operador y el otro fusilero hicieron lo mismo. En ese preciso momento, la vegetacion que nos rodeaba comenzo a desgarrarse bajo el fuego de las automaticas de los otros: AK-47, recuerdo, por su sonido caracteristico, como el de una hoja de papel al rasgarse. Todos debimos de ser presas del panico simultaneamente: en un instante reinaba el silencio y al siguiente los disparos estaban despedazando la selva.
»Entonces sobrevino ese momento notable. Todo se detuvo. Se impuso una quietud subita y total.
»Todos habiamos estado disparando ininterrumpidamente, y se nos acabaron las municiones al mismo tiempo. Entonces, del silencio surgieron esos chasquidos perversos. Baje la vista y adverti que provenian tanto de mi como de los otros. Todos estabamos cambiando los cargadores a la mayor velocidad posible. Clic, clic, salia un cargador. Clic, clic, entraba un nuevo cargador. Comence a reirme de todo eso: tanto temor agotado en un segundo fugaz, tanto instinto asesino. Mis carcajadas se elevaron sobre la espesura. Los otros dos me miraron y les hice una senal con la mano. Volvimos sobre nuestros pasos por el sendero que habiamos abierto, alejandonos, retirandonos. Supongo que los Vietcong hicieron lo mismo al advertir lo socialmente inapropiado que habia sido nuestro encuentro. No podia contener la risa.
»Lo que siento ahora es muy similar. Seria un topico decirle que, para mi, no hay diferencias entre la ciudad y la selva, pero es verdad. Tiendo a pensar que voy abriendome paso por la ciudad como lo hacia en la selva: que salgo de patrulla, para buscar y aniquilar en una tierra extrana y peligrosa. Camino por las calles como usted, observando a la gente, mirandolos a los ojos, viendo como apartan la mirada.
»Una noche fui a una reunion de vecinos. Usted sabe como son: ha asistido a algunas, lo he leido en sus articulos. De hecho, he leido cada palabra que usted ha escrito. Como le decia, fui una noche, temprano, al auditorio de un colegio, el tipico lugar donde se organizan esas reuniones. Hay algo en las luces fluorescentes, en los colores brillantes de las escuelas, en las banderas y las insignias, que me resulta familiar y tranquilizador. Una multitud se dirigia al interior, en grupos de dos o cuatro. Simplemente los segui y me sente en medio del gentio: otro rostro preocupado y temeroso.
»Habia un hombre sentado junto a mi. Estaba con su esposa, una mujer regordeta con el rostro enrojecido por el esfuerzo de encajonarse en un asiento disenado para un nino. El hombre estaba furioso; tenia el ceno fruncido y la mirada fija en el estrado. Observe que apretaba los punos, luego relajaba las manos por un instante antes de volver a cerrarlas. En cierto momento, se volvio hacia mi. 'Maldicion', dijo, 'esto ya ha durado demasiado. ?Que diablos pasa con la policia?' Yo asenti con aire sensato y respondi: 'Creo que no estan haciendo todo cuanto deberian.' La cabeza del tipo subio y bajo en senal de asentimiento. 'Tiene mucha razon', dijo. 'Tiene toda la razon', y murmuro la misma frase varias veces mas.
»Para entonces, el auditorio estaba casi lleno. Entonces un hombre subio al escenario. Parpadeo ante las luces por un momento y luego se presento. Era un politico. Agradecio a todos su asistencia e hizo algunos comentarios acerca de la policia. Aseguro que confiaba en ellos. Estaba convencido de que hacian cuanto podian. Luego presento a un oficial de uniforme, la clase de oficial de alto rango que conoci en el ejercito, que tiene acceso a informacion clasificada y sin embargo no entiende una palabra de ella.
»Subio al estrado y permanecio alli, balanceandose ligeramente adelante y atras, observando a la multitud. Pronuncio un breve discurso sobre todas las horas hombre y los detectives que se estan destinando al caso; lo mismo que usted ha dicho en sus articulos. Mi vecino repetia todo el tiempo: 'Tonterias. Tonterias. Ve al grano.' Pero el policia no fue al grano. Solo dijo: 'Se que es dificil conservar la calma, pero la policia esta siguiendo cada pista, por pequena que sea. Se estan analizando todas las pruebas. Tenemos equipos investigando los registros del Pentagono.'
»Se ofrecio a responder preguntas del publico, aunque advirtio que no podia entrar en detalles. Observe que la gente se rebullia en sus asientos por unos instantes, indecisa. Luego, uno tras otro, comenzaron a ponerse en pie y a formular preguntas. ?Esperaban detener al culpable? ?Cuanto habian avanzado los que investigaban los registros? ?Por que la policia parecia incapaz de actuar hasta que aparecia una nueva victima? Creo que a usted le habria gustado estar alli: eran preguntas pertinentes, dificiles. El policia estaba notoriamente incomodo bajo las luces y se cubria los ojos para poder ver a quienes hacian las preguntas.
»Daba pocas respuestas y, cuantas mas dudas dejaba sin aclarar, mas furiosa se ponia la gente. Era contagiosa la indignacion que mostraban todos aquellos padres y madres, maridos y esposas de clase media. A medida que el policia eludia sus dardos verbales, mas se rebelaban ellos. La gente comenzo a gritar desde sus asientos; ya no se ponian de pie para hablar por turnos. Se oyeron algunas obscenidades que explotaron entre la multitud como granadas, aumentando la indignacion.
»Vi que el rostro de mi vecino tambien se crispaba. '?Por que no hay patrullas de refuerzo por las noches?', grito. Cuando el policia comenzo a hablar de la escasez de efectivos, lo hicieron callar a gritos. Finalmente, ya no puede reprimirme mas; tuve que unirme a ellos. Fue como si oyese mi propia voz desde algun otro lugar, quiza como una grabacion. 'Lo que queremos saber -grite, por encima del bullicio-, es una cosa. ?Como es posible que un solo hombre sea capaz de tomar a toda una ciudad como rehen? ?Es que la policia, con todos los cientos de miles de dolares que pagamos de impuestos, no puede hacer nada?'
»Todos callaron. Mi vecino me dio una palmadita en la rodilla y dijo: 'Muy cierto. Tiene toda la razon.' Me sonrio y yo le devolvi la sonrisa. Sobre el escenario, el policia se volvio hacia mi. 'Lo unico que puedo decir - declaro- es que estamos haciendo cuanto esta en nuestra mano.» El resto de su respuesta se ahogo bajo los gritos de furia de la muchedumbre.
»Entonces la reunion se disolvio: todos nos pusimos de pie y salimos. Perdi de vista a mi vecino. Recuerdo que distinto era todo en el exterior: hacia tanto calor como en el auditorio, pero se respiraba un aire menos
