llenaron el espacio que nos separaba. Luego Christine se enderezo, levanto la maleta y la deposito con firmeza en el suelo.
– Pesa -comento, mirandome al fin.
Logro torcer las comisuras de la boca hacia arriba en un amago de sonrisa. Sacudio la cabeza, como para borrar esa expresion.
– Tengo que irme -dijo-. No puedo quedarme aqui mas tiempo. Incluso los detectives me han aconsejado que me vaya.
Asenti en silencio.
Christine consulto su reloj.
– ?Me llevaras al aeropuerto?
– Claro -respondi, con voz inexpresiva.
En mi memoria, el tiempo se emborrona. La llamada del asesino fue como un disparo de salida, habia desencadenado una larga carrera, primero al hospital, luego al apartamento, luego a traves de la noche hacia el amanecer, directamente hasta el momento en que Christine entro en la puerta de embarque para tomar su avion.
La confusion se adueno del apartamento cuando se lleno de policias y detectives. La calma aparente de Christine se habia hecho anicos y en cuestion de minutos, incluso antes de que ella supiera lo que habia ocurrido, habia comenzado a sollozar y a repetir, para si misma y para mi: «Sabia que algo sucederia. Lo sabia.» No pude explicarselo sino hasta varios minutos despues. Me sente junto a ella y la abrace, para ayudarla a controlar sus emociones. Por un instante estuvo al borde de la histeria; se volvio hacia mi, furiosa, y espeto: «?Te lo dije! ?Te lo dije!» Me eche atras ante su arrebato de ira, pero al cabo de un momento, volvio a apoyar la cabeza en mi hombro. Me pregunte por que no era capaz de consolarla mejor. No obstante, a cada minuto ella recuperaba un poco de serenidad, de su dominio de si. Finalmente, se tranquilizo y dijo:
– Explicamelo bien. Quiero saber que ha ocurrido, para comprender a que me enfrento.
– A que nos enfrentamos -corregi.
Pero ella nego con la cabeza.
Le hable de la llamada del asesino y del plan de secuestro que me habia descrito; luego le referi la carrera por la ciudad hasta el apartamento. Me pidio que le repitiese varios puntos del relato, en particular la descripcion que el habia hecho de si mismo como un hombre disfrazado de medico junto al coche inutilizado.
– Pero… ?si el estaba alli! -salto de pronto.
Martinez y Wilson, que se encontraban en otra parte de la habitacion, se volvieron al oirla. Al mismo tiempo, Christine clavo la vista en ellos.
– Lo vi. Tal como el lo ha descrito.
Martinez se sento a su lado y saco la libreta.
– Piense con cuidado -le indico- y trate de recordar lo que vio.
Christine respiro a fondo y asintio. Me sonrio por un instante y luego se estremecio.
– Mi automovil estaba en el aparcamiento, aparentemente averiado. Sali del trabajo un poco temprano, mas o menos a las cuatro menos cuarto. Cuando me sente al volante, el motor no arrancaba. Estaba muerto.
– Tal como el advirtio -la interrumpi.
El detective me lanzo una mirada de enfado y Christine prosiguio.
– Estaba sentada al volante, maldiciendo, tratando de poner en marcha el motor, rogando, hablandole al coche como siempre que no arranca a la primera. Entonces, de repente, vi una silueta junto a la ventanilla y una cara que miraba hacia dentro.
– ?Recuerda que aspecto tenia? -pregunto Martinez.
Wilson tambien estaba cerca.
Christine titubeo.
– No exactamente.
– Describa todo lo que recuerde, con el mayor detalle posible.
– Parecia alto; tal vez media un poco mas de un metro ochenta. Cabello castano, un poco largo; le llegaba al cuello de la camisa, mas o menos. Llevaba esas gafas de espejo, con lentes muy grandes. Ademas, estaba de espaldas al sol. Recuerdo que tuve que tapar la luz con la mano para verlo bien. El sol le caia sobre los hombros. Y cuando mis ojos se adaptaron, solo pude verme a mi misma reflejada en las gafas.
– ?Que le dijo?
– Solo me pregunto cual era el problema. Iba vestido exactamente como les dijo a ustedes, con chaqueta blanca, pantalones oscuros, un estetoscopio. Pense que era alguien del personal del hospital.
– Continue.
Por un momento, Christine guardo silencio, poniendo en orden sus ideas. De pronto, me senti excluido. Tuve ganas de intervenir, de hacer un comentario o algo asi.
– Quite el seguro del capo y me dispuse a salir del coche, pero el me indico que permaneciera al volante. Despues dijo: «Ya he localizado el problema.» Vi que manipulaba algo y luego grito: «Pruebelo ahora.» Hice girar la llave en el contacto y el motor se puso en marcha. Recuerdo que el cerro el capo y al mismo tiempo se hizo a un lado.
– ?Que dijo? -pregunte.
El detective miro a Christine y la animo a contestar con un gesto de la cabeza.
– Dijo: «Todo arreglado. Ha sido un placer.» Y eso fue todo. -Hizo una pausa-. No, anadio algo mas. Dijo: «La vida esta llena de misterio, ?no cree?» Y despues se marcho.
– ?Subio a algun automovil, o vio usted hacia donde se dirigia?
– No -respondio-. Simplemente desaparecio en la luz del exterior.
Martinez tomo algunas notas mas. Oi el roce de su lapiz contra la hoja, un sonido irritante, como el chirrido de un trozo de tiza contra una pizarra.
– ?Que habia hecho el? -pregunto Christine.
– Tal vez habia cortado el cable de la bateria, tal como dijo -aventuro el detective.
Christine volvio a estremecerse, con un espasmo a la altura de los omoplatos. Extendio la mano y aferro la mia. Me pregunte por que el asesino la habia dejado marchar. Y aquella llamada telefonica… Cuando mire el reloj, mientras oia su voz, eran las cuatro menos cinco. Ya esta hecho, habia dicho. Tenia razon.
– Pero ?por que estaba el capo levantado cuando llegamos aqui? -pregunto el detective.
Christine lo miro.
– El motor se calento a causa de los atascos. Ultimamente ocurre a menudo. -Se volvio hacia mi-. ?Recuerdas que el otro dia te pedi que lo repararas?
Lo habia olvidado.
Llame a Nolan desde la jefatura de policia para informar de lo sucedido. El ya estaba dando los ultimos toques al articulo, incorporando citas de la ultima grabacion y las amenazas a Christine.
– Vaya lio -dijo-. Y nos estamos atrasando.
Le conte lo que habia pasado en realidad.
– Dios mio -dijo-, estuvo cerca.
– No lo se -replique.
– No te entiendo.
– ?Estuvo cerca? ?Quien sabe? Quiero decir: ?que intentaba hacer? ?Acaso tenia la intencion de llevarsela y cambio de idea? ?O solo pretendia asustarme? Pues lo ha conseguido.
– Lo se -dijo Nolan-. ?Como esta Christine?
– Se marcha a casa de sus padres.
– ?Donde viven?
– En Madison, Wisconsin. Creo que eso queda bastante lejos.
– Eso espero -dijo Nolan.
Oi el tecleo del ordenador mientras Nolan escribia las notas que yo le dictaba. Me invadio la extrana sensacion de que estaba violando la intimidad de Christine al citarla sabiendo que sus palabras figurarian en el articulo. Nolan queria que le proporcionara descripciones. Yo me mostraba reacio a hacerlo, y tuvo que insistir hasta que accedi y le conte con pelos y senales lo que habia visto.
