»Bien. Esta vez no viene por un articulo, ?verdad? No busca declaraciones, supongo. ?Que le interesa? ?Que le parece una Magnum 357? Creo que la ultima vez le mostre una de esas, ?no es asi? ?No? Bueno, eso debe de ser lo que usted necesita.

Negue con la cabeza.

– ?Y una de estas? -dijo, agarrando una automatica de un estante-. Automatica, nueve milimetros. Lleva un cargador de trece tiros, expulsa los cartuchos. Es un modelo con un funcionamiento particularmente suave. Nunca se traba; al menos, eso me han dicho.

Volvi a sacudir la cabeza.

– Quiero lo que tiene el -dije al fin.

El hombre sonrio.

– Debi adivinarlo. Quiere combatir el fuego con fuego. Para igualar las cosas, ?eh? Ha decidido que con un poco de cerebro y un poco de suerte puede sacarle ventaja. Bien pensado. -Se inclino y extrajo una 45 de metal gris de la vitrina-. Aqui esta. El modelo basico. Ideal para dejar a ese tipo en la puerta. Nada de adornos, solo el arma, con sus piezas esenciales. ?Para que llevarse algo que no necesita, eh? Me refiero a que esta arma tiene un proposito limitado y especifico, ?correcto?

– Correcto -respondi.

– Tengo muy buen ojo para la gente, si senor. Eso se aprende cuando uno vende armas. Hay que poder intuir las necesidades del cliente. Adivinar lo que tiene en mente. Una pistola es eso, ?sabe? Una extension.

– Me la llevo.

– Un momento -dijo-. Usted sabe lo de las setenta y dos horas. El tiempo necesario para serenarse.

– ?Como dice?

– Usted es periodista, deberia saberlo. Nadie puede comprar una pistola y llevarsela en el mismo momento. Es una norma del condado. El comprador debe mostrar su identificacion, pagar y volver setenta y dos horas despues de buscar la pistola. Es para evitar que alguien se enzarce en una discusion con su vecino, su esposa o su cunado, venga aqui y compre algo para liquidados. La asamblea legislativa supone que tres dias bastan para hallar otra solucion.

– Eso es un problema -repuse.

Me miro fijamente.

– Es lo que estoy pensando. -Se inclino y acerco su rostro al mio-. Le dire que haremos. Si usted me da su palabra de que no me delatara, pondre una fecha atrasada en el recibo de compra y podra llevarse el arma. Jamas lo he hecho antes, pero supongo que por una vez no me descubriran. Y me sentiria muy culpable si ese tipo fuera y lo liquidara durante el periodo de espera. Considerelo un acto de solidaridad, ?de acuerdo?

– Tiene mi palabra.

No reconoci mi propia voz.

Mientras el hombre se encargaba de los papeles, sopese la automatica. La culata parecia llenar mi mano y cubrir cada poro de mi piel. Tenia un tacto agradable, fresco. Mire la pistola y senti que el entusiasmo recorria mi brazo hasta invadir mi cuerpo. El asesino tambien debio de sentir lo mismo alguna vez.

– Somos gente responsable -dijo Nolan.

Sus ojos se paseaban por las paginas y los titulares, y se detenian en las fotografias. Estaba sentado a un escritorio, mirando todos los articulos que habiamos publicado sobre los asesinatos, clavados en la pared de un pequeno despacho.

– Simplemente no lo entiendo -murmuro. Se recosto en la silla y se froto los ojos-. Hemos obrado de una manera absolutamente etica. Mira los articulos: ningun editorial sensacionalista en primera plana pidiendo venganza, nada de odio, no sembramos el panico. Intento averiguar en que nos equivocamos. ?Que clase de mensaje le hemos enviado a ese tipo? ?De que manera lo hemos alentado? Diablos, el Journal ha sido cuidadoso. Agresivo, si, pero cuidadoso, en todos y cada uno de los articulos. ?Acaso el Times o el Washington Post lo habrian manejado de otra manera? No lo creo. Bueno, tal vez habrian decidido explotarlo a fondo y poner a media docena de periodistas a trabajar en la historia, pero aun asi yo defenderia la decision de que te encargaras tu solo de cubrir el caso. Gracias a eso hemos mantenido cierta coherencia, un mismo enfoque. Ademas, diablos, el te llamaba a ti, no a todo el personal. -Hizo una pausa para reflexionar-. Supongo que las cosas habrian sido distintas si el periodico fuera de Hearst… o uno de los tabloides britanicos, del tipo de los de Fleet Street. Podriamos haber llamado a videntes y escrito cartas abiertas al asesino. Podriamos haber publicado titulares sensacionalistas todos los dias, habernos entregado a un frenesi periodistico, promovido una especie de guerra santa. Podriamos haber publicado las fotos mas truculentas a todo color.

»Pero no hicimos nada de eso. Permanecimos calmos; agresivos, como ya dije, pero circunspectos. Actuamos con toda la respetabilidad y la… responsabilidad que cabe esperar del principal periodico de esta ciudad. Nadie puede acusamos de manipular a ese tipo.

Nolan volvio a frotarse los ojos. Parecia estar hablandoles a los recortes de la pared y no a mi.

– ?Sabes? Incluso pedi a los de la biblioteca que separaran todos los editoriales sobre la guerra de Vietnam. Solo para repasarlos, para recordar la linea que teniamos entonces. Moderada desde el principio. Un apoyo inicial que, a finales de los anos sesenta se transformo en la exigencia de que trajeran a todas las tropas de regreso en 1971 y de que dejaran de apoyar a los regimenes titeres. Creo que no fuimos los primeros, pero estoy seguro de que tampoco fuimos los ultimos. -Exhalo un largo suspira-. Estoy envejeciendo -dijo-. Creo que todo esto empieza a afectarme. -Me miro-. ?Sabes? Envie a mi esposa y mis hijos a casa de mi hermano y mi cunada, en California. Hace dos semanas.

– ?Por que? Fruncio el ceno.

– ?Bromeas? Porque tenia miedo. Mi numero telefonico figura en la guia. El podria ir a por mi, o por Christine o por cualquiera. -Hizo una pausa momentanea-. Supongo que todos somos vulnerables.

Entonces comence a esperar.

En casa y en la oficina miraba el telefono, ansioso porque sonara, por que el asesino se pusiera a mi alcance. Creo que no estaba asustado, a diferencia de Wilson o Nolan, que habian enviado lejos a sus familias, y a diferencia de Martinez, que necesitaba distraerse con la bebida o con chicas para apartar su mente del asesino. Yo, por el contrario, intentaba concentrar mis pensamientos en el. Fantaseaba con un encuentro a solas, en algun sitio solitario. Veia las dos armas identicas en nuestras manos y oia las detonaciones iguales. En mi imaginacion, el era siempre el segundo, el mas lento. Lo veia retorcerse y caer, destrozado por el impacto. A veces me sentia como una carnada, rebotando en la superficie del agua, con el mortifero anzuelo oculto en mi interior. Yo mismo ya estaba muerto.

A medida que la espera se prolongaba, me dedique a escuchar las grabaciones de las llamadas del asesino. El sonido frio de su voz llenaba el aire. Estabamos el y yo, solos.

No habia articulos que escribir. Solo la espera.

Entonces recibi la llamada de O'Shaughnessy.

Los timbrazos del telefono, como siempre, sonaron como el repentino repique de la campana de una iglesia y, como siempre, pense primero en el asesino. Puse en marcha la grabadora y levante el auricular diciendome: «Ha llegado el momento, el principio del fin.» Era como si solo tuviera que eliminarlo para restituirme al mundo. Permaneci callado hasta que oi la voz en el otro extremo de la linea.

– ?Hola? ?Hola? -dijo.

Deje de apretar el auricular con tanta fuerza.

– Si -respondi-. Al habla Anderson.

– Senor Anderson -dijo la voz-. Me llamo Meter O'Shaughnessy. Fui teniente en el ejercito de Estados Unidos.

Por un instante no pude articular palabra. Despues de hablar con el Pentagono, habia dado por sentado que los nombres eran falsos.

– Dios mio -dije-, usted existe.

Se echo a reir.

– Eso espero. Al menos, existia esta manana al despertarme, y creo que aun existo.

– Pero no comprendo. Los del Pentagono me aseguraron que no habia ningun O'Shaughnessy.

Me interrumpio.

– Bueno -me interrumpio-, no estoy seguro de ser el hombre que usted busca. Pero dada la similitud de los

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